
Redacción, 26 feb (elmundo.cr) – La diputada del Frente Amplio (FA), Ligia Fallas, apunta que la sociedad costarricense es todavía demasiado “conservadora y muy religiosa” como para aceptar las uniones de personas del mismo sexo.
“En Costa Rica lo que tenemos es una ley que genera desigualdad. El código de familia prohíbe los matrimonios entre personas del mismo sexo, eso es legislar para generar desigualdad”, explica la diputada, quien añade que en este momento “hay tres proyectos de ley en la Asamblea Legislativa para darle solución a este problema, el de sociedad y convivencia, el de uniones de hecho y el matrimonio igualitario”.
En este sentido, apunta que este último, el del matrimonio igualitario, fue presentado por su despacho y es el único que apoya, pues “los otros no dan niguna solución y reafirman la desigualdad y estigmatización que se les hace a las personas por ser sexualmente diversas”. Asimismo, indicó que el Frente Amplio está “en contra de leyes que generen desigualdad”.
Preguntada por el porqué del rechazo de Costa Rica a las uniones de personas del mismo sexo, Ligia Fallas lo justifica diciendo que “Costa Rica presenta una sociedad muy conservadora y religiosa, la cual obstaculiza todos estos procesos”. “Con una Asamblea que cuenta con un sector de diputados varones que están haciendo un contrapeso muy fuerte para que la agenda de derechos humanos fundamentales no camine, sobre todo, diputados cristianos”, añade.
Por último, la diputada se refiere a las posibles maneras de romper estas barreras: “La única forma de que esto avance es ponerlo en la mesa de discusión. Tiene que empezar ese proceso de diálogo, de negociación, de sensibilización hacia todas las personas para que podamos avanzar. Me parece vergonzoso que tengamos que estar haciendo leyes para erradicar la desigualdad, pero en estas condiciones está Costa Rica. Mientras otros países avanzan, el nuestro se estanca, o incluso, retrocede.
El Movimiento Diversidad continúa la lucha
Respecto a los proyectos presentados, Marco Castillo, dirigente del Movimiento Diversidad, considera que no se les pronostica mucho éxito.
“Personalmente no soy muy optimista, aunque esto nos da chance para hacer una gran presión. Nuestra población ha sido postergada por muchos años, nuestros derechos han sido dañados y continuaremos luchando”, señala.

El dirigente, que quiso compartir su experiencia personal, indicó que desde el colectivo se estaban implicando en el asunto para poder así luchar contra las barreras que existen en el país respecto al tema de las uniones entre personas del mismo sexo: “Ahora estamos planeando dedicar la pelea por este tema al desfile del Día del Orgullo, que se celebrará en junio.
También se está peleando a nivel de la Sala Constitucional”.
“Pedí que me casaran con mi pareja; presentamos una solicitud de matrimonio en un juzgado de familia y nos dijeron que no. Ante la negativa fuimos a la Sala Constitucional para decir que la prohibición del último inciso del artículo 14 del Código de Familia es inconstitucional. Dicho inciso se incluyó en los años 70 cuando se estaba tramitando el Código de Familia, y estaba redactado sin ninguna prohibición ni especificación”.
Respecto a la Constitución Política asegura que “tampoco dice que el matrimonio debe ser entre hombre y mujer, así que mi pareja y yo decidimos presentar la sentencia Artala Riffo contra Chile. Karen Atala Riffo demandó al Estado chileno ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por discriminación después de que la Corte Suprema de ese país le negara la tutela de sus 3 hijas producto de su convivencia con una pareja homosexual. Una de las consideraciones de la Corte Intermericana fue que una pareja del mismo sexo es familia, Si esto ya está declarado en América y el artículo 53 de la Constitución Política de nuestro país dice que la base esencial de la familia es el matrimonio, entonces no nos pueden negar el matrimonio desde el punto de vista de los derechos internacionales y de la convencionalidad”, relata con contundencia.
“Espero no morirme sin lograr que los proyectos se aprueben; tengo 73 años y ya son 30 luchando por los derechos de la diversidad en Costa Rica. No voy a dejar de pelear”, sentencia Marco Castillo.