
Por Cordula Dieckmann (dpa)
Pero algunas personas tienen precisamente un problema con esto: no pueden parar de comer. Esto le ocurría a Annika. Comía muchísimo y luego vomitaba. Sufría de una enfermedad llamada bulimia. Es un trastorno alimentario.
Todo comenzó cuando Annika tenía unos 20 años. Pasaba por una situación de angustia. Se sentía muy mal, sobre todo después de comer. Entonces apenas probaba algún bocado y practicaba mucho deporte. Varias horas al día. «Me despertaba temprano y salía a hacer deporte antes de desayunar, para justificar el desayuno», cuenta.
El cuerpo de Annika se debilitaba cada vez más. La intensidad del entrenamiento era demasiado para ella. Y comía cada vez menos. Pero cada tanto tenía una fuerte necesidad de comer sin parar. Ingería entonces un paquete de fideos con varias salsas, tres o cuatro pizzas, varios pancitos con salchicha y queso. Y de postre pasteles, chocolates y golosinas.
Una vez que sentía que estaba totalmente llena, iba al baño y se provocaba el vómito. Y luego volvía a comer.
Annika sufría de una fuerte bulimia. Los expertos sostienen que son miles de adolescentes los que sufren este problema, sobre todo mujeres.
Puede surgir cuando se pasa por momentos de fuerte preocupación, angustia o tristeza, nos explica una experta que asesora a pacientes con trastornos alimentarios. «La comida puede significar para algunas personas un cierto consuelo en determinado momento y desviar la mente de las preocupaciones.» Pero luego se sienten tan mal que se inducen el vómito.
«Ni comer ni vomitar ayudan a resolver los problemas existentes. Al contrario, le generan a la persona afectada un nuevo problema y ésta se siente cada vez peor», advierte la experta. También sufre el cuerpo. Es por eso que los enfermos de bulimia requieren de ayuda urgente.
Annika sintió en algún momento la necesidad de salir de esta situación. Por ello acudió a un hospital y siguió varios tratamientos.
Una asociación de ayuda para superar trastornos alimentarios le dio luego una habitación en un centro de rehabilitación. Los jóvenes afectados de bulimia o anorexia aprenden allí a volver a alimentarse correctamente, asesorados por adultos especializados en ello.
También aprenden a quererse a sí mismos y a su cuerpo. Annika finalmente logró derrotar a la bulimia. Hoy, con 29 años, vive en su propia casa y es feliz.