San José, 30 jul (elmundo.cr) – Las aguas del Pacífico Sur costarricense se preparan para recibir uno de los espectáculos naturales más impresionantes del año: la temporada de avistamiento de ballenas y delfines. Cada año, miles de turistas nacionales e internacionales visitan la región para observar a estos gigantes marinos que encuentran en Costa Rica un lugar seguro para reproducirse y criar a sus ballenatos.
El creciente interés por esta actividad coincide con un momento positivo para el turismo nacional. Durante el primer trimestre de 2026, Costa Rica registró el mejor inicio de año en llegadas internacionales de su historia, consolidando el auge del turismo de naturaleza y de experiencias sostenibles.
Costa Rica, un destino único para observar ballenas
Costa Rica es reconocida internacionalmente por contar con una de las temporadas de avistamiento de ballenas jorobadas más extensas del planeta. Gracias a su ubicación geográfica privilegiada, el país recibe dos poblaciones migratorias provenientes de hemisferios opuestos.
Entre julio y noviembre llegan las ballenas jorobadas del hemisferio sur, mientras que entre diciembre y marzo arriban las del hemisferio norte. Este fenómeno convierte al país en uno de los pocos lugares del mundo donde ambas poblaciones coinciden durante el año para reproducirse y criar a sus crías.
Golfo Dulce, un santuario marino de reconocimiento internacional
Uno de los principales escenarios para disfrutar de este fenómeno es el Golfo Dulce, declarado en 2023 como la primera Whale Heritage Area (Área Patrimonio de Ballenas) de América Latina, una distinción internacional otorgada a destinos comprometidos con la conservación de los cetáceos y el turismo responsable.
Además de su relevancia ecológica, el Golfo Dulce posee aproximadamente 750 kilómetros cuadrados de extensión y es considerado uno de los cuatro fiordos tropicales existentes en el mundo, condiciones que favorecen la reproducción y crianza de las ballenas jorobadas.
Un paraíso para la biodiversidad marina
Costa Rica alberga 34 especies de cetáceos registradas en sus aguas. De ellas, siete pueden observarse regularmente en el Golfo Dulce, entre las que destacan:
- Ballena jorobada.
- Delfín nariz de botella.
- Delfín manchado tropical.
- Falsa orca.
- Orcas (ocasionalmente).
- Ballena de Bryde (ocasionalmente).
Asimismo, la zona alberga una de las poblaciones residentes de delfín nariz de botella más importantes del Pacífico Tropical Oriental, convirtiéndola en un laboratorio natural para la investigación científica, la educación ambiental y la conservación marina.
Turismo sostenible y protección de los cetáceos
En los últimos años, el avistamiento de ballenas y delfines ha evolucionado hasta convertirse en uno de los pilares del turismo sostenible del país. Operadores turísticos, cámaras empresariales y comunidades locales han impulsado procesos de capacitación y protocolos para garantizar una experiencia responsable.
Costa Rica cuenta además con una de las normativas más estrictas de la región para la observación de cetáceos. El Reglamento para la Observación de Cetáceos establece que las embarcaciones deben mantener una distancia mínima de 100 metros de las ballenas y 50 metros de los delfines, limitar las observaciones a un máximo de 30 minutos y permitir únicamente dos embarcaciones simultáneamente por grupo de animales.
“Queremos que cada experiencia de observación sea un espacio para aprender, generar conciencia y demostrar que el turismo puede coexistir con la conservación. Esa es la esencia del modelo que promovemos en el Golfo Dulce”, afirmó Ana González, gerente general de Marina Bahía Golfito.
Impulso económico para las comunidades
Más allá de su atractivo ambiental, la temporada de avistamiento representa una importante fuente de ingresos para las comunidades del Pacífico Sur.
Hoteles, restaurantes, operadores turísticos, marinas, transportistas, comercios y guías certificados se benefician de la llegada de visitantes, fortaleciendo las economías de Golfito, Osa y localidades cercanas.
Además, esta actividad contribuye a diversificar la oferta turística nacional y a distribuir mejor la visitación, reduciendo la presión sobre destinos tradicionalmente más concurridos.
Una experiencia que va más allá de las ballenas
Desde Marina Bahía Golfito, los visitantes también pueden complementar su viaje con actividades como recorridos por el Golfo Dulce, pesca deportiva, kayak, observación de aves y visitas al Parque Nacional Piedras Blancas.
La ubicación estratégica del destino permite además conexiones hacia la Península de Osa y el Parque Nacional Corcovado, considerados entre los lugares con mayor biodiversidad del planeta.
Un modelo de conservación y desarrollo
El Golfo Dulce se consolida así como un espacio donde convergen ciencia, turismo y conservación. Su reconocimiento internacional, la riqueza de su biodiversidad y el crecimiento del turismo de naturaleza demuestran que Costa Rica continúa posicionándose como un referente mundial en desarrollo sostenible y protección de los ecosistemas marinos.