San José, 31 jul (elmundo.cr) – “A veces pienso que si no me conecto, tal vez desaparezca el dolor… pero igual me siguen escribiendo por todos lados”, afirmó Ana, 14 años, estudiante de noveno año en un colegio público de San Ramón, Alajuela a EL MUNDO CR. Como muchos adolescentes de la zona de Occidente y del resto del país, Ana vive atrapada en el ciclo implacable del ciberacoso, una forma de hostigamiento digital que no conoce descanso y que deja heridas invisibles.
¿Qué es el ciberbullying y a quién afecta?
El ciberbullying, también conocido como ciberacoso, es una modalidad de acoso escolar que utiliza las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para hostigar, intimidar o humillar a una persona. A través de recursos digitales como redes sociales, aplicaciones de mensajería instantánea, videos y fotos, se lanzan agresiones que pueden ir desde mensajes y publicaciones ofensivas hasta la difusión sin consentimiento de material privado.
En Costa Rica, esta problemática afecta principalmente a niños, niñas y adolescentes, quienes enfrentan ataques dirigidos mayoritariamente por compañeros de su escuela o personas conocidas y, en menor medida, desconocidas. Durante la preadolescencia y adolescencia, etapas en las que se incrementa el uso de dispositivos digitales, el riesgo de ser víctima aumenta y las consecuencias emocionales pueden ser severas.
Datos alarmantes de una realidad creciente
Según la II Encuesta Nacional Kids Online (2023), que incluyó a estudiantes de la región de Occidente entre otras zonas, el 20% de los adolescentes en Costa Rica han sufrido maltrato por internet alguna vez, de los cuales un 3% vive esta situación de manera recurrente.
Lo más preocupante es que en el 40% de los casos, el agresor es alguien cercano, como un amigo o conocido, mientras que el 34.3% proviene de personas desconocidas, lo que rompe con la idea de que los peligros digitales vienen sólo de extraños.
Por su parte, el Ministerio de Educación Pública (MEP) reportó que entre 2019 y 2023 los casos de violencia escolar —incluyendo agresiones físicas, verbales y digitales— crecieron un 72%. Según el Estudio Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje (TALIS 2022), Costa Rica lidera en porcentaje de estudiantes que declaran haber sufrido bullying, con un 44.6%, donde el ciberacoso juega un papel importante.
Voces desde Occidente: historias que no deben pasar desapercibidas
“Me mandaban mensajes humillantes todo el día. Al principio intentaba responder, pero luego ya no quería ni levantar la cabeza. Pensé en cambiar de colegio, me sentía sin salida”, cuenta una estudiante de 16 años de Palmares.
“Un grupo creó un perfil falso para burlarse de mí y compartieron fotos manipuladas. Sentí que todos en el Liceo se reían, pero nadie hacía nada. Me encerré en mi cuarto por semanas”, relata un joven de 15 años de Naranjo.
“Los padres y profesores a veces no entienden. Me dijeron ‘es solo una broma’, pero para mí era un ataque constante. No pude dormir ni concentrarme, la tristeza me ahogaba”, confiesa otra adolescente.
El silencio que lastima
La encuesta Kids Online también revela que solo un 36% de quienes sufren ciberacoso hablan con un adulto; la mayoría prefiere callar por miedo, vergüenza o desconfianza, lo que agrava el daño emocional.
Para adultos responsables —profesores, padres y otros profesionales—, es vital estar alertas ante cambios de conducta o comportamientos inusuales en niños y jóvenes, e indagar las causas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta que este tipo de acoso es un factor de riesgo para trastornos como la depresión, la ansiedad y la ideación suicida. La psicóloga Marianela Barrantes, que atiende casos en la región, subraya: “No es un juego ni un simple comentario. Cada mensaje dañino provoca un efecto real y duradero en la salud mental del joven”.
¿Qué está haciendo el Estado?
El Patronato Nacional de la Infancia (PANI) lanzó la campaña “Alto al Ciberbullying”, que habilita canales como la línea 1147 y el WhatsApp 8989-1147 para denuncias y orientación. Por su parte, el Colegio de Profesionales en Psicología opera desde hace años el servicio gratuito “Aquí Estoy”, especialmente para atender a menores y sus familias en situación de acoso digital.
Sin embargo, el panorama en las escuelas es aún incierto: muchos docentes no cuentan con formación específica para enfrentar el bullying digital, y en zonas como Occidente donde la investigación se centró, la atención recae sobre orientadores escolares con sobrecarga y pocos recursos.
Prevención: una tarea conjunta
Expertos coinciden en que la prevención debe empezar en casa, con una crianza afectiva y vigilancia activa del entorno digital de los hijos. Las instituciones educativas deben fortalecer la educación socioemocional, implementar protocolos claros y formación constante del personal para intervenir con sensibilidad y rapidez.
Ana sigue en terapia, y su familia ha fortalecido la comunicación para que no se sienta sola: “Antes, el celular era la fuente de mi dolor. Hoy, al menos, sé que no estoy sola. Eso hace toda la diferencia”.
Reflexión final
El ciberbullying no es un problema invisible ni pasajero; es una herida abierta en la sociedad que sangra en el silencio digital. Detrás de cada mensaje cruel, detrás de cada video o foto difundida con intención dañina, hay una persona vulnerable cuya vida puede cambiar para siempre.
No basta con mirar hacia otro lado ni minimizarlo como “juegos de niños” o “bromas sin importancia”. El verdadero desafío está en reconocer que la tecnología puede ser la herramienta que destruye, pero también la que construye comunidades de respeto y apoyo.
La lucha contra el acoso digital es una responsabilidad colectiva: familias, escuelas, autoridades y usuarios deben alzar la voz, promover la empatía y actuar con urgencia. Solo con compromiso y acción consciente podremos apagar esa arma invisible llamada celular, y transformar las redes en espacios seguros donde crezcan la confianza, la inclusión y el respeto.
Porque cada palabra amable y cada gesto de apoyo tienen el poder de salvar vidas y devolver la esperanza a quienes hoy se sienten solos frente a una tormenta que jamás deberían enfrentar.
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**Nombre de los estudiantes cambiados para proteger la identidad de las víctimas al ser menores de edad.
** Esta nota fue desarrollada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para organizar datos y redactar algunos segmentos, bajo la supervisión del autor.