Reportaje

La venta propuesta a Disney complica el plan de sucesión de Murdoch

James Estrin/The New York Times

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Por Amy Chozick

California, 18 dic (NYT) – Durante un rato, Rupert Murdoch pareció invencible.

Primero, el magnate surgió relativamente ileso del escándalo de hackeo de teléfonos celulares en 2011 en el que estuvieron involucrados sus tabloides británicos, mismo que amenazó con volcar su imperio. Entonces, instaló a sus hijos, Lachlan y James, en puestos de liderazgo en 21st Century Fox. Además, el año pasado, Murdoch, que se ha divorciado tres veces, se casó con Jerry Hall, una antigua supermodelo que es 25 años más joven que él.

Sin embargo, incluso Murdoch, quien se hizo multimillonario por sí mismo y cuya gama de activos en los medios ejerce una enorme influencia política en tres continentes, no se ajustó a Silicon Valley.

Como el rey Lear cuando se enfrenta a la mortalidad, Murdoch, de 86 años, se está preparando para dividir toda una vida de botines. Y mientras actúa para vender grandes secciones de su negocio de medios y entretenimiento, también está sembrando dudas respecto de su línea de sucesión y poniendo a prueba los lazos que unen el feudo familiar.

The Walt Disney Co. anunció el jueves que había llegado a un acuerdo para adquirir gran parte de 21st Century Fox Inc., la empresa propiedad de Murdoch que incluye el histórico estudio de cine y televisión, televisoras nacionales por cable como FX y National Geographic, 22 canales regionales de cable dedicados a los deportes y el 39 por ciento de las acciones del servicio británico de televisión de paga Sky.

El acuerdo de 52.400 millones de dólares —que no incluiría Fox News, la red de transmisión de Fox ni el canal de deportes por cable FS1, los cuales se escindirán para formar una nueva empresa— ha llegado como parte de la consolidación que ha arrasado en las empresas de medios tradicionales conforme intentan combatir las amenazas impuestas por Amazon, Apple y Netflix. También representa un cambio notable para Murdoch, un empresario visionario que desde hace mucho tiempo había vivido según un solo credo: comprar, comprar, comprar.

Después de todo, Murdoch no transformó un diario en Adelaide, Australia, en un negocio de medios de 100.000 millones de dólares mediante ventas. “Rupert siempre ha sido un coleccionista, un constructor”, dijo Laura Martin, una analista de Needham & Co.

En 2007, cuando los diarios estaban enfrentando un declive, Murdoch desafió a los inversionistas de Wall Street y a sus propios asesores al pagar 5000 millones de dólares por Dow Jones, la empresa que publica The Wall Street Journal. ¿Por qué? Porque se le antojó.

En 2012, bajo presión por el escándalo del hackeo de teléfonos celulares, Murdoch formó una sociedad de cotización oficial, 21st Century Fox, con sus activos de entretenimiento, la cual quedó separada de News Corp., la compañía que incluye The Journal, el New York Post y otros periódicos. Durante un tiempo, los negocios de Murdoch dieron la impresión de una empresa de entretenimiento que tenía problemas con sus diarios, con glamorosos activos en Hollywood y el lucrativo Fox News manteniendo a flote al amor verdadero de Murdoch: los diarios impresos.

No obstante, 21st Century Fox pronto enfrentó los mismos reveses económicos que afectaban a otras empresas de medios tradicionales que se han visto perturbadas por el ascenso de lo digital: los clientes se deshicieron del cable y comenzaron a ver series y películas en internet y en distintos dispositivos. Al mismo tiempo, Fox News, el canal básico de cable con altas audiencias y gran generador de dinero, ha sufrido retrocesos después de una serie de acusaciones de acoso sexual en el canal que provocaron despidos de alto perfil y acuerdos legales costosos.

La adquisición planeada de 21st Century Fox por parte de Disney —los hombres de confianza de Murdoch la llamaron una fusión— tiene sentido económico, dicen los analistas, y podría ser la mejor solución para hacer prosperar el resto del imperio de Murdoch. Sin embargo, también vuelve menos obvia la identidad de su heredero.

El hijo mejor de Murdoch, James, de 44 años, se ha reinventado después de un intenso embrollo legal en el Reino Unido que surgió cuando el tabloide News of the World hackeó el buzón de voz de una víctima de asesinato de 13 años. James Murdoch, quien, según se dice, apoya el acuerdo con Disney, dejó su puesto en Londres, se mudó a Estados Unidos y tomó uno de los puestos de su padre: director ejecutivo de 21st Century Fox.

Lachlan Murdoch, el hermano mayor de 46 años, se ha retratado como el hijo pródigo. Dejó el negocio de la familia en 2005 y estaba viviendo felizmente en Australia, lejos de los problemas, con una esposa supermodelo y un fideicomiso. No obstante, como parte del plan de sucesión de Rupert Murdoch, Lachlan regresó a Estados Unidos en 2015 para trabajar con su hermano menor —y junto a su padre, como copresidente ejecutivo— en 21st Century Fox. Considerado un hijo de papi por algunas personas de sus círculos, se mudó a la antigua oficina de su padre en la propiedad rodeada de palmeras de la empresa, en Beverly Hills.

Aún hay preguntas acerca de qué hijo continuará con el legado de la familia, en caso de que el acuerdo con Disney salga adelante. (Las hijas mayores de Rupert Murdoch, Prudence y Elisabeth, generalmente han estado fuera del negocio, y sus hijas más jóvenes, Grace y Chloe, son adolescentes).

“Rupert se enfrenta a este problema con dos hijos que al parecer son capaces de tener éxito comercial, y lo que quiere es dejarles una buena posición a ambos, a falta de una mejor posición”, dijo Brian Wieser, un analista de Pivotal Research.

Un resultado posible es que James Murdoch tome un puesto ejecutivo en Disney y que Lachlan Murdoch, quien comparte la pasión de su padre por las noticias, se pase a News Corp. o supervise la empresa que absorba a Fox News y el canal de difusión de Fox.

“El acuerdo con Disney le da a Lachlan una oportunidad clara de administrar los remanentes”, dijo Neil Chenoweth, un periodista financiero australiano y autor de “Rupert Murdoch: The Untold Story of the World’s Greatest Media Wizard”.

Un informante de la empresa, que solo pudo hablar de las negociaciones actuales del acuerdo anónimamente, dijo que era demasiado pronto para saber qué puestos tomarían los hijos de Murdoch, y agregó que James Murdoch podría decidir atacar por su cuenta.

Robert A. Iger, el director ejecutivo de Disney, ha acordado quedarse después de su jubilación planeada para 2019. En general, los analistas estuvieron de acuerdo en que, a pesar de la especulación, James Murdoch no competiría de manera seria por el empleo de Iger.

A diferencia de Sumner Redstone, el magnate multimillonario de 94 años que está detrás de Viacom y CBS Corp. y que anhelaba Paramount Studios y el prestigio de alfombra roja de ser propietario de un estudio de cine, Rupert Murdoch siempre ha estado enamorado de las salas de redacción manchadas de tinta.

La propiedad de medios noticiosos de Murdoch le permitirá conservar la influencia política que ha cultivado.

“Creo que está manteniendo los proyectos que le apasionan”, dijo el analista de BTIG Richard Greenfield.

En cuanto a sus hijos, la gente cercana a Murdoch no se imagina un escenario en el que James o Lachlan puedan prosperar a largo plazo al frente de una empresa que no tenga el sello de su padre.

En un memorándum conjunto enviado a los empleados la semana pasada, James y Lachlan intentaron aplacar las preocupaciones acerca de la venta. “La incertidumbre”, escribieron, “siempre genera malestar”.

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