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Una respuesta crítica al artículo de María Lucía Arias, sobre el voto femenino

» Por Pablo García Monge - Estudiante de Filosofía UCR

El texto de María Lucía Arias, titulado “El voto femenino NO está en peligro: el miedo como herramienta política de la izquierda”, presenta una interpretación sobre el papel del feminismo, el movimiento sufragista y la participación política de las mujeres. La presente respuesta crítica pretende analizar sus argumentos desde la historia, la ciencia política y la filosofía, mostrando que algunas de sus conclusiones reducen fenómenos sociales complejos a explicaciones demasiado simples

Como primer argumento refutatorio, debo decir que, el voto femenino no fue un regalo de ningún partido, fue, más bien un resultado. Uno de décadas de lucha de sufragistas y feministas en países como Reino Unido, Costa Rica y EEUU. Sin embargo, que algunos partidos políticos usen dicha historia políticamente no cambia un hecho histórico.

Por otro lado, separar el sufragismo del feminismo no es correcto. Muchas de las mujeres que lucharon por el voto se identificaban como feministas. En Costa Rica, por ejemplo, la Liga Feminista, fundada cerca del primer cuarto de siglo XX, impulsó dicha lucha hasta que el voto femenino fue reconocido años después. El sufragismo formó parte del movimiento feminista.

Un movimiento no deja de ser el mismo solo porque cambie con el tiempo. Si ese fuera el criterio, habría que decir que el liberalismo, el socialismo o el cristianismo no son movimientos distintos a los de hace cien años. Por lo que, la historia muestra, más bien, lo contrario, evolucionan, pero mantienen una cierta continuidad. Los mismo sucede con el feminismo y su lucha por el sufragio.

Ahora bien, una tendencia no es una regla, respecto al gender gap. Que en algunos países muchas mujeres hayan votado más por la izquierda no significa que exista una inclinación natural hacia esa ideología. La historia, incluso, demuestra lo contrario, millones de mujeres respaldaron a líderes como Thatcher, Merkel. Las estadísticas muestran patrones en determinados contextos, mas no definen cómo piensan ni cómo votan todas las mujeres.

Ahora bien, observar que algo ocurre con frecuencia no significa haber encontrado la causa. La filosofía ha distinguido siempre entre describir un hecho y explicarlo. Un patrón de voto no revela la esencia política de ningún grupo.

Confundir una coincidencia estadística con una explicación es un error metodológico. En la politología no se sostiene que, por ejemplo, el sexo, por sí solo, determina el voto. Factores como la clase social, la religión, la educación, edad y el contexto pesan tanto o más que el género.

Por otro lado, que la política busque convencer a distintos grupos sociales no implica engaño, sino que forma parte del funcionamiento democrático. Todos los movimientos políticos intentan conectar con preocupaciones reales de la sociedad. Cuando se atribuyen malas intenciones sin pruebas, se sustituye el análisis de los argumentos por juicios sobre las intenciones, lo cual, por lo tanto, es una falacia.

Que una mujer decida dedicarse al hogar es una elección que debe ser respetada, sí. Sin embargo, decir que las tradwives son únicamente una decisión personal deja de lado que las ideas sobre el rol femenino siempre han tenido efectos en la sociedad. La historia dicta, que, cuando se imponía que la mujer debía pertenecer solo al espacio doméstico, también existían restricciones legales, no podían votar, controlar sus propios bienes o acceder a ciertos trabajos. Volvamos al ejemplo del voto femenino aquí en el país. Por su parte, la ciencia política explica que las creencias culturales influyen en las leyes, instituciones y relaciones de poder.

Por eso la discusión no consiste en negar la libertad de una mujer para ser madre o ama de casa, sino, en analizar si esa elección existe junto a otras posibilidades o si se presenta como la única forma correcta de vivir. La historia muestra que las ideas sobre el género no solo pertenecen al ámbito privado, también han moldeado la estructura de la sociedad.

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