Costa Rica inicia una nueva etapa política. Más allá de las diferencias, de las críticas o de las posiciones que cada ciudadano haya defendido durante la campaña y los años anteriores, llega el momento de reconocer que el país necesita unión, madurez y visión de futuro.
Hoy solo queda desearle el mayor de los éxitos a doña Laura en esta nueva responsabilidad. Gobernar nunca es sencillo, y hacerlo en tiempos complejos exige carácter, sensibilidad y, sobre todo, sabiduría. Por eso, más allá de cualquier bandera política, vale la pena pedirle a Dios que la guíe en cada decisión, porque cuando a quien dirige el país le va bien, también le va bien a Costa Rica.
He sido crítico, como debe ser en una democracia sana. La crítica responsable no nace del odio, sino del deseo de ver un país mejor. Señalar errores, exigir transparencia y cuestionar decisiones es parte fundamental de la participación ciudadana. Sin embargo, también es importante entender que cada nuevo gobierno representa una oportunidad para abrir caminos distintos y escribir un nuevo capítulo.
Costa Rica necesita avanzar. Necesita acuerdos en medio de las diferencias, diálogo en medio de la polarización y trabajo conjunto por encima de los intereses individuales. El país enfrenta desafíos enormes: empleo, seguridad, educación, costo de vida y confianza en las instituciones. Ninguno de esos problemas se resolverá desde la confrontación permanente.
Este es un momento para construir. Para dejar atrás la política del resentimiento y apostar por una visión más amplia, donde el bienestar nacional esté por encima de las rivalidades. El éxito de un gobierno no debería alegrar solo a sus simpatizantes; debería convertirse en esperanza para toda la población.
El país no necesita espectadores esperando el fracaso de nadie. Necesita ciudadanos comprometidos, críticos cuando sea necesario, pero también capaces de reconocer los esfuerzos y apoyar aquello que beneficie a Costa Rica.
Hoy comienza una nueva etapa. Y aunque existan dudas, diferencias o reservas, también existe la oportunidad de crecer como nación. Ojalá prevalezca la sensatez, la humildad y el amor por esta tierra que todos compartimos.
Porque al final, más allá de nombres y partidos, el verdadero protagonista debe seguir siendo Costa Rica.