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TABÚ: #CróniasDelKronen

» Por Heidi Venegas - Doctorado en comunicación, nuevos medios, Tics.

Imagen generada por IA.

Exactamente a la hora de estar redactando la presente salió a la luz pública que la mujer que habíamos visto en las noticas macheteando a una adulta mayor en la vía pública había resultado ser una nica —y su hija— en la ciudad de Cartago. Una escena harto perturbadora. En un país de reconocida vocación pacifista / civilista —y que se jacta de cuidar a sus ciudadanos de oro. Dantesco. Doloroso. Grotesco —en extremis. (Al mismo tiempo en las RRSS circuló un video argumentando que las bandas que azotan la seguridad: “los geri… el indio, etc“ son también extranjeros nicas, y los “H” agregaría además los que han enseñado a disparar a nuestros jóvenes).

Lo políticamente correcto está cediendo los hechos, las pruebas son inobjetable (se le conoce también como al “buenismo” o igualitarismo o la consabida “inclusión”). Sus incongruencias son tales que ya no se pueden soslayar. No aguantan un tamiz. Una criba. Y aparejado, en un binomio casi indisoluble, las ideologías que enturbian nuestra capacidad innata natural, hasta, para defendernos y reconocer el peligro. Y por tal para ejercer la legítima defensa. Imagínense lo dañino. Lo temerario.  Ahí radica su amenaza primordial, obviamente —ademas de que nos polarizan.

Es una “mente colmena”, donde nadie puede pensar, por sí mismo, impelidos, el pensamiento, la mente se colectiviza, es colectiva / de colmena y nada mas (alguien mas piensa por usted y en consecuencia: le ordena que hacer).

Una pregunta que podríamos hacernos sería: ¿para qué sirve la empatía entonces? Para hacerme daño a mi mismo, no, ni para permitir que le hagan daño a los míos, a mi familia. Ni a los suyos, tampoco, naturalmente.

En lo personal, lo que me ha tocado observar y vivir, no sin antes consultar a la Divinidad, en mis soliloquios, la razón: hay que comunicarlo es perentorio informar.

Un día no hace mucho al subir al bus del barrio no supe donde estaba. En qué país estoy me pregunté. Me ha tocado viajar mucho gracias a mis estudios y trabajo. De repente, pensé: ¿dónde estoy en Chinandega o en San José? Y no es nada interesante ni curioso. Mucho menos chistoso. No es de recibo moverte en tu propio país cual si fueses una minoría nacional. En al menos 5 ocasiones me he topado con grupos de jovencitos nicas drogándose en las calles y narco-traficando —eso que llaman narcomenudeo. Jovencitas menores inclusive prostituyéndose igual en la pura calle. Y a uno en el parque lo increpé y se enojó —ahora pienso que estaba allí, para vender mas bien. Una chiquita nica con uniforme de escuela (pública, obviamente: el problema es para los barrios, para los humildes) enseñando a dos chiquitos ticos a vapear pero antes les hablaba de sexo. Puras obscenidades. Grupos de jovencitos gritando a altas horas de la noche en las calles. Y así podrían seguir las anécdotas cual mas soez dañina y peligrosa que la siguiente …

Luego de mayo del 2020, algo pasó. Nos quitamos los tapabocas de la pandemia y de repente eran miles y miles de extranjeros / nicas por todas partes. El último número que vi fue en el medio que dirige la periodista cubana Yoani Sánchez —ella misma exclamó sorprendida— 650.000. Cifra … ofensiva, para cualquier país, con mucha mas razón para un país tan pequeño.

La Ventana de Overton (el CAOS que impide ver con claridad ni discriminar la realidad lo sucesos cotidianos) se le llama al mecanismo que busca empujar alguna conducta norma inaceptable … a ser aceptada por la sociedad. El primer policía oficial que fue asesinado fue por un nica en Herradura Jacó en tierras usurpadas luego el segundo igual otro nica en Limón un par de menores asesinan a un niño tico que dormía tranquilo en su casa a tiros (Gabriel como el Arcángel comunicador) el primer nica con una casa de 3 millones de dólares en Escazú el primer vinculado al CJNG un nica en Alajuelita dos adultos mayores una pareja de emprendedores campesinos también asesinados a machetazos por otro nica (es como de salir corriendo del horror). Desasosiego. Huir.

La imagen es de una nación dentro de otra nación. Un país plagado de tugurios, para no pagar ni la tierra, ni los servicios. (Deja muchos réditos ser nica). Si se entiende el sarcasmo … Depredación. Fagocitan. Haciendo tesis de maestría en la Uib los profes se asombraban de que Costa Rica enviara REMESAS y eso fue en el año 2000. Nicaragua es un país gigante. Gentes con doble pasaporte: uno pujante que no les corresponde.

Aquí hay algo mas que esconde la corrección política del pobrecito y el victimismo. La última ha sido con la detención de unos extraditarles y la conexión con los nicas que nos están robando el oro en Crucitas. Son redes de redes de redes: una nacionalidad ahí está su lealtad. Es como estar viviendo secuestrados con todo y el síndrome de Estocolmo.

Narrativa plagada de inconsistencias, incongruencias. No hay ni una sola arista que se sostenga. La epigenética nos dice que son al menos cuatro o cinco generaciones expresándose —ósea que no es tema de inclusión palabreja ni de educación (que no nos corresponde educar a nadie) que hay algo mas. (Es un lumpen) Lo mismo que la etología sobre los principios y valores incarnados en una sociedad o la misma idiosincrasia.

Cuando el gobierno anterior había decretado el cierre de fronteras di gracias infinitas a Dios ahora sí viene la solución a este embrollo. Pero, se interpuso la dichosa sala de cuarta —cuántos muertos TICOS nos habríamos evitado. ¿Lo sabe?

Ya hay estudios de lo que pasa con las personas cuando están adoctrinadas por el miedo y la vergüenza al qué dirán… que si soy racista, que si soy xenófobo … no, nada de eso existe. Ni es real. Lo que si existe y es real es la “legítima defensa” que todos tenemos Dios nos proveyó con ello con ese componente primordial.

Y tolerancia 0 cero es cero. Eso tampoco existe. Lo que se tolera se repite. En tiempos revueltos hay que actuar.

Es contra los pobres los que tenemos cédula de la 1 a la 7. Los que no tenemos opción B como tantos y tantos nicas que se brincan la frontera. Huyen impunemente. Y punto. Nosotros acarreamos el dolor. La frustración. Y la ignominia.

No hay barrio y/o pueblo que no esté tomado —por esta gente gentuza más bien.  Y no hay mayor clasismo.

Somos adultos. Es decir, dejar de asumir que una persona o un grupo o un pueblo o un país o una nacionalidad son menores y tratarles como idiotas, porque no lo son.

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