Las encuestas publicadas en los últimos dos días han sacudido hasta a los más escépticos… pero también demostraron que nuestros análisis son serios y veraces.
A pesar del estado de negación en el que todavía se encuentran algunos “opinólogos” y guerrilleros de redes, la realidad está a la vista: la candidata del oficialismo, #LauraFernandez, cuenta con un apoyo masivo en todos los estratos sociales y geográficos de nuestro país, especialmente en las regiones rurales y entre la población de más edad. En el #CIEP y en #IDESPO deben haber abundado las lágrimas al confesar que Laura Fernández alcanza o supera el 40% de intención de voto (lo que da la razón a OPOL y a CID-Gallup, que lo anunciaron antes). Y a pesar del narcisismo moral de los sectores mal llamados “progresistas” (que creen que ser #woke es indicio de inteligencia), Fernández triplica en intención de voto a sus perseguidores entre las personas de educación universitaria o mayor. Ante la aplastante evidencia, la reacción de los oponentes ha variado entre la resignación, la histeria y el lenguaje desbocado y casi bélico, o bien la reunión de “compas” entre los aspirantes del PLN, PUSC, PAC y Frente Amplio para hablar de helados y fútbol, y a revivir su “complejo de superhéroes” aunque no pasan de ser la “Legión del Bostezo”.
Ahora bien, no sólo ha quedado descubierta la realidad, sino también, accidentalmente, la agenda de las encuestadoras universitarias.
Hace varios días publicamos un comentario desnudando la estrategia de manipulación que usarían algunos grupos poderosos para engañar a la población en beneficio de cierta candidata conyugal a la que “los profesores le regalan la nota“. Dijimos textualmente: “… esta semana o la próxima, la encuesta del CIEP o del IDESPO… (mediante el conveniente borrado de otras candidaturas) la ponga en tercer lugar y en empate estadístico con el anémico PLN“. El pronóstico resultó exacto. El CIEP, publicado ayer, le hizo el favorcito de regalarle un punto para poder decir que “va tercera” con un 5% (aunque eso significa un empate técnico con tres candidatos más que tienen 4%), mientras que el IDESPO la colocó también de “tercera” y ya en el anunciado “equilibrio” con el PLN, borrando de un plumazo candidaturas en crecimiento como las de José Aguilar y Fabricio Alvarado. ¡Ahí está la prueba!
Ni la realidad ni las estadísticas (por mucho que las manipulen) respaldan las mentiras proferidas por esa candidata. No está creciendo; el 1% que le quita a Ariel Robles en la encuesta del CIEP está dentro del margen de error. Tampoco es la candidata de los “preparados” (Laura la triplica en este segmento, y de todas formas ser “pensante” incluye tener buena memoria, no simularse tonto). Mucho menos es la favorita del segmento joven (José Aguilar la volvió obsoleta al instante, y los datos de OPOL lo colocan en segundo lugar en este grupo, detrás de la propia Laura). Y por supuesto, eso demuestra que no puede ganar (algo que suena más a amenaza que a esperanza). ¡Lástima los millones que gasta para nada esta contradicción viviente!
No es mejor la situación para otras candidaturas. Álvaro Ramos bien podría ser conocido como “El Chavo del 8”, dado que de 8% no pasa. Juan Carlos Hidalgo corre el riesgo de dejar al PUSC sin representación legislativa por primera vez en su historia. Y alguien le debería avisar a Ariel Robles que su campaña se acabó en 2025. En general, todas estas agrupaciones están muriendo electoralmente de la misma enfermedad: una patética incapacidad de “leer” a la ciudadanía, una obsesión con insistir en una estrategia confrontativa que nunca les funcionó, y sobre todo una soberana inutilidad para la autocrítica, especialmente en la izquierda.
Siempre afirmamos que, más que los números mismos, lo que debe leerse en las encuestas es la tendencia, es decir, cuáles candidaturas presentan “movimiento” y en qué dirección (subir o bajar). El éxito de una campaña es, por supuesto, “subir”. Y aquí es donde se pone interesante. Las encuestadoras (salvo IDESPO, que se tomó demasiado en serio la misión de inflar a la ex primera dama) concuerdan en que, a una semana de las elecciones, sólo tres candidaturas muestran una tendencia al alza.
Laura Fernández sumó entre 7 y 10 puntos porcentuales en el último mes, lo que equivale a 2 o 3 puntos por semana. Si se mantiene igual, puede terminar con 43% de los votos. Fabricio Alvarado revirtió su retroceso y recuperó 3 puntos en el mismo lapso, lo que le daría la posibilidad de alcanzar un 8% de los sufragios (suficiente para tumbar a Ramos del segundo lugar). José Aguilar, de Avanza, ganó cuatro puntos en las últimas dos semanas, lo que le abriría la posibilidad de duplicar su apoyo en la recta final y llegar también a 8%. Política y estadísticamente, esto es mucho más viable que esperar que el campanazo lo den candidaturas estáticas, con niveles altos de rechazo y sin la menor perspectiva de crecimiento (Ramos ha ganado 0 puntos en siete meses, el PAC sólo uno en el mismo lapso, y Robles más bien viene cayendo).
Así las cosas, a diez días de las elecciones, y salvo que ocurra un evento tan inesperado como brutal, las tendencias difícilmente se reviertan. El segmento “tradicional” se aferró a una estrategia estúpida, y ahora se les hizo tarde para cambiarla, aunque todavía hoy insistan en que son “los más preparados“, nos vuelvan a decir que “borrón y cuenta nueva“, y hasta una Expresidenta de lamentable memoria se deje decir que nuestro pueblo no está capacitado para tomar la decisión el domingo entrante. ¡Habráse visto semejante muestra de soberbia!