Síndrome de burnout: cuando la cultura laboral confunde productividad con desgaste

» Por MBA. Luis Faustino Rojas - Universidad Libre de Costa Rica Escuela de Administración de Empresas

Hablar de burnout no es hablar únicamente de cansancio. Es hablar de una cultura laboral que, durante años, ha premiado la disponibilidad permanente, las jornadas extendidas y la idea de que producir más justifica desgastarse más.

El síndrome del trabajador quemado, conocido como Burnout, se ha consolidado como uno de los principales riesgos psicosociales del entorno laboral actual y representa hoy un desafío creciente para las organizaciones, los sistemas de salud y la sociedad en general. Su incremento no es casual: responde a una combinación de factores laborales, sociales y familiares que, en conjunto, erosionan de forma progresiva la salud mental de las personas trabajadoras.

Entre las principales causas se encuentran el aumento de las exigencias laborales, la extensión de las jornadas, la hiperconectividad, y la presión por mantener altos niveles de rendimiento en contextos de incertidumbre económica. A ello se suman factores externos, como el tiempo invertido en los desplazamientos diarios, especialmente en zonas urbanas congestionadas, donde las presas prolongadas reducen el tiempo de descanso, convivencia familiar y recuperación emocional.

El tema del síndrome del quemado, como se conoce el Burnout, hay que atenderlo porque efectivamente el incremento se está presentando por diferentes factores, tanto sociales como familiares. Tenemos aumento de exigencias laborales, incremento de horas de trabajo e incluso en las presas, por el tiempo que se invierte en trasladarse desde la casa al trabajo.

El Burnout es un problema en crecimiento: datos que alertan

Las cifras confirman que el Burnout ya no es un fenómeno aislado, sino una condición de impacto colectivo. Según datos de la Caja Costarricense de Seguro Social, divulgados por Diario Extra, en Costa Rica se diagnostican cerca de nueve personas al día con síndrome de burnout. Además, en apenas dos años, este padecimiento aumentó un 25%.

Entre 2023 y 2025, se registraron 8.868 diagnósticos y 11.451 incapacidades asociadas a esta condición. En 2023, se reportaron 2.574 diagnósticos y 3.331 incapacidades; en 2024, la cifra subió a 3.074 diagnósticos y 4.082 incapacidades; y en 2025, se contabilizaron 3.220 diagnósticos y 4.038 incapacidades.

Estos datos no solo reflejan un deterioro en la salud mental de las personas trabajadoras, sino también un impacto directo en la productividad, la continuidad operativa de las organizaciones y los costos del sistema de seguridad social.

Productividad mal entendida

En muchos modelos organizacionales, todavía persiste la creencia de que la productividad está ligada al sacrificio personal, a la disponibilidad constante y al multitasking. Sin embargo, lejos de mejorar el desempeño, estas prácticas generan efectos adversos: disminución de la creatividad, mayor propensión al error, desgaste emocional, ausentismo y menor compromiso organizacional.

El Burnout no se manifiesta únicamente como cansancio; se traduce en despersonalización, pérdida de sentido del trabajo y reducción del rendimiento, afectando tanto al individuo como al equipo y a la organización en su conjunto. Ignorar estas señales no solo normaliza el malestar, sino que profundiza el problema.

Hacia una cultura laboral más sostenible

Ante este escenario, se vuelve imprescindible repensar la cultura laboral y los esquemas tradicionales de medición del desempeño. Incorporar el bienestar laboral como un eje estratégico no es un gesto accesorio ni un beneficio cosmético, es una condición necesaria para construir organizaciones más resilientes, innovadoras y sostenibles en el tiempo.

Promover jornadas razonables, liderazgo empático, equilibrio entre vida personal y trabajo, y políticas activas de prevención del riesgo psicosocial no solo reduce el Burnout, sino que mejora la productividad real, aquella que se sostiene en el tiempo sin comprometer la salud de las personas.

Fomentar entornos laborales equilibrados no es únicamente un imperativo ético; es una decisión estratégica inteligente en un mundo del trabajo que exige resultados, pero también humanidad.

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