
El próximo 16 de diciembre comenzará la veda electoral hasta el 2 de enero de 2020, por lo que durante estos días podremos descansar de las campañas políticas de cara a las elecciones municipales de febrero.
Sin duda es un buen momento para despistarse de manifestaciones politiqueras y discursos de poca profundidad o contenido para beneficio nacional, pero por otro lado esto no debe apartar nuestra mirada del entorno inmediato delante del cual nos toca convivir diariamente que son las comunidades donde desarrollamos la mayor parte de nuestro tiempo.
No podemos en ninguna circunstancia despistarnos de las necesidades del país y es imperativo tomar un papel activo en la acción política, ya sea como parte de las fuerzas que ejecutan esta labor; tan prostituida y contaminada durante años, o siendo garantes de la funcionalidad a través de una crítica constructiva a los gestores actuales.
Durante años, la apatía ha tomado el puesto de la participación política entre la población, y sumado al clientelismo y amiguismo de algunos, se ha creado un nefasto círculo vicioso de grupos de poder que han transformado la gestión pública en una verdadera “finca” donde ordeñan recursos del Estado, no rinden cuentas de manera clara sobre sus acciones y aprovechándose de ese sentimiento apolítico que toma fuerza se han dedicado solo a cambiar su entorno inmediato y de quienes les rodea.
La participación electoral es solo una porción de lo que por derecho (y obligación) tenemos acceso a ejecutar, pero son todos los cambios a través de la acción en los micropoderes que ejecutamos en este complejo “ecosistema de poder” lo que puede hacer transformaciones desde la profundidad para que cuando se aborde los aspectos macros sea más efectivo y coordinado debidamente.
Los discursos de apatía y los sentimientos de individualismo no deben hacernos perder la visión de que todos estamos llamados a ser transformadores sociales, arquitectos de verdaderos cambios. Como escuché una vez decir de un modo muy asertivo por parte de una amiga tica por adopción “los costarricenses tienen mucho talento y son muy creativos, lo que les falta es dejar de lado ese sentimiento individualista y coordinar las fuerzas para que colectivamente dejen atrás ese subdesarrollo que en primer lugar es mental y de ahí contagia al entorno social masivo”.
Quizás algunos seamos más idealistas al creer que sí se puede, es probable que quienes tengan un sentimiento individualista y egoísta tenga razones válidas para comportarse así. Sin embargo, entre más sean quienes tengan una noción de mejora del colectivo, de responsabilizar y restarle poder a las fuerzas que inestabilizan a la sociedad, es probable que la ruptura de este paradigma lleve por fin al país a un desarrollo y equidad que no solamente anhelamos en general, sino que tenemos las condiciones para poder impulsar verdaderas transformaciones, plantear un proyecto nacional que hace muchos años no se plantea y trabajar por una Costa Rica mejor para todos.
Uno de los primeros pasos importantes que podríamos dar; aprovechando este silencio político que se avecina, es dejar de consumir lo que busca polarizar al país en bandos cual guerra, y que, en vez de darnos herramientas para enfocarnos en el desarrollo, se dedican a enriquecer a unos cuantos, a costa de los enfrentamientos sociales absurdos, bajo el cobijo de discursos nocivos y poco sesudos que vienen a confirmar las lapidarias palabras del escritor y pensador italiano Umberto Eco:
“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.
Y sumado a esto, nos advierte de manera categórica que el consumo de cuanta tontería nos reparte algunos medios solo buscan atontarnos de lo que es realmente importante en la sociedad; el desarrollo económico y la paz social, esto último un comentario personal interpretativo de las valiosas palabras de Eco.
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