Pasar el país por huevo

» Por Fabián Coto - Escritor, productor radial

No es casual que le hayan otorgado el Premio Magón a Isabel Campabadal: nadie antes se propuso deconstruir nuestra gastronomía con tantísima vehemencia iconoclasta. No es casual, quiero decir, que haya sucedido cuando sucedió. Isabel Campadabal constituye el paradigma hegemónico del último PLN y de este PAC; sobre todo de este PAC, el del gazpacho de chayote y el atún sellado, el de la crema de pejibaye y el salmón chileno con precio de salmón noruego y apariencia de trucha de Cachí. Dicho de otro modo: el PAC de tratado de libre comercio reducido a góndola de Auto Mercado y Zona Franca de Garnier.  

Hubo otro momento donde nuestras cocineras y cocineros no tenían el menor reparo en echarle un cubito Maggi al caldo de pollo o a la sustancia. Era, pues, el mundo de los sobros pasados por huevo, el mundo de frugalidad asumida. 

La exquisitez acababa en la mano piedra en salsa de hongos con puré, arroz jardinero y ensalada verde. Y, aunque nada de esto tenga que ver con las dinámicas del mercado laboral, por entonces, el desempleo no superaba el 10%. 

Onetti aseguró que la sabiduría consiste en saber resignarse a tiempo. Nos falta esa sabiduría. Al menos desde un punto de vista electoral. 

No estamos para grandes cosas. No estamos para la cocina fusión ni para las agencias espaciales. No estamos para aventuras de tren eléctrico ni para Capitanes Planeta de capa imposible.  

Hoy más que nunca deberíamos recordar a Ricardo Fernández Guardia cuando nos advertía que una india de Pacaca solo puede ser representada mediante otra india de Pacaca. Porque, vamos, mal que les pese a muchos, ¡somos una india de Pacaca! 

Estamos entre los diez países más desiguales del mundo. Estamos entre los países más endeudados de la región. Casi la mitad de nuestros jóvenes están desempleados. Y, por si fuera poco, los pronósticos de crecimiento de producción del Banco Mundial nos ubican muy por debajo del promedio de la región: honrosamente encima de Belice y Santa Lucía. Y se trata de una tendencia que venía desde antes de la pandemia. Una tendencia que no hizo más que acelerarse

Nada de esto es gracioso, por supuesto. 

Ya estuvo bien. Ya basta de cocina experimental. Ya basta de cocina fusión. Ya basta de sociócratas y vicemocosos jugando a policy makers

Una pésima gestión política, aunada a los efectos de la pandemia, han agravado la contradicción fundamental que existe entre la dimensión global, digital, próspera, cosmopolita, isabel-campabadalesca, y esa otra dimensión local, física, empobrecida, de cubito Maggi y barbudo. 

El próximo proceso electoral, entre otras cosas, será un enfrentamiento entre las diversas interpretaciones de la catástrofe. Las narrativas, probablemente, buscarán señalar causalidades y responsabilidades. No faltarán quienes nos ofrezcan, de nuevo, gazpachos de chayote y tostadas de pan de masa madre. Sin embargo, creo importante recordar que, en momentos de carestías, cuando solo nos quedan sobros y raspaduras de olla, nada funciona mejor que echar mano de las recetas infalibles y pasar por huevo lo que haya.  

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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