Número dos en presas, número uno en paciencia

Es fácil imaginar que mientras leen esta columna, tuvieron la desafortunada experiencia de estar en medio de alguna “presa” y la verdad es que ese embotellamiento no es una mera percepción de un grupo de ciudadanos. En el ranking “Traffic Index by Country 2025 Mid-Year” de la plataforma internacional Numbeo, Costa Rica aparece como el segundo país con peor tráfico del mundo, solo detrás de Nigeria.

Este dato refleja tres cosas que cualquiera que viva o atraviesa la Gran Área Metropolitana siente todos los días.

  1. El carro como refugio ante un transporte colectivo malo

En Costa Rica la mayoría no compra carro por gusto, sino por cansancio, por solucionar un problema que la institucionalidad no ha logrado con sus impuestos.

No es que tengamos una “cultura del carro” por capricho. Lo que tenemos es un transporte colectivo que no le compite en nada al vehículo privado: ni en tiempo, ni en comodidad y mucho menos en seguridad. Mientras eso no cambie, las personas seguirán huyendo del bus en cuanto puedan.

  1. Pagamos como país rico, nos movemos como país sin rumbo

Cada vez que llenamos el tanque no solo compramos combustible: también financiamos al Estado. Según datos de la ARESEP, alrededor del 40 % del precio de la gasolina súper y un 38 % de la regular son impuesto único a los combustibles.

Al mismo tiempo, distintos estudios y notas recientes señalan que la inversión en infraestructura de transporte en Costa Rica ha promediado alrededor del 0,8–0,9 % del PIB en la última década, con años donde ha caído incluso por debajo de ese nivel. Muy lejos del más del 2 % del PIB que invierten países con necesidades similares para mantener y ampliar su red vial.

Por eso tanta gente siente que, además de la gasolina, paga otros impuestos que nadie reconoce: el impuesto de las horas perdidas en presas, el de la gasolina quemada sin moverse y el del tiempo que ya no se pasa con la familia porque se quedó atrapado en la fila.

  1. Una institucionalidad que estorba más de lo que ayuda

El tercer problema es más silencioso, pero quizá el más serio: la forma en que está armado el aparato público que decide sobre transporte e infraestructura.

Tenemos ministerios, consejos, direcciones, órganos desconcentrados, municipalidades… Muchos trámites, muchos sellos, muchos oficios, pero poca claridad sobre quién se hace responsable de que el ciudadano llegue a tiempo a su trabajo.

Cuando todo depende de todos, al final no responde nadie. Y el que termina pagando la factura es el mismo de siempre: el ciudadano que sale de la casa a las cinco de la mañana para evitar la hora pico y aun así llegar justo.

Frente a este panorama, la respuesta fácil siempre suena parecida:
“Necesitamos más presupuesto”,
“hay que crear un nuevo impuesto verde”,
“ocupamos otro plan maestro”.

Es decir: cobrar más, para hacer lo mismo.

Pero si ya hoy Costa Rica está entre los países donde más se paga en impuestos ligados al combustible y a los vehículos, y aun así aparecemos de número dos en embotellamiento , la pregunta que toca hacerse es otra: ¿El problema es la falta de plata… o el uso que se le da?

El ranking de Numbeo no es una anécdota para indignarse un día en redes y olvidarlo al siguiente, es un espejo incómodo. El problema es que el sistema está diseñado de forma tal que el transporte privado termina siendo la opción más lógica, aunque cada día nos robe tiempo y calidad de vida.

Si de verdad queremos salir de las presas —no solo físicas, sino también mentales—, el debate tiene que cambiar de tono:

  • Menos discursos sobre “conciencia ciudadana” y más resultados visibles.
  • Menos promesas de megaproyectos y más mantenimiento básico bien hecho.
  • Menos creatividad para inventar impuestos y más creatividad para organizar mejor lo que ya existe.

Mientras la receta siga siendo “más plata y más impuestos para hacer lo mismo”, seguiremos número dos en presas… y número uno en paciencia.

Fuente: Numbeo, «Traffic Index by Country 2025 Mid-Year», consultado el 11 de diciembre de 2025.

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