
“En una creciente contraposición entre naturaleza y cultura, las propuestas de género convergen en el queer, es decir, en una dimensión fluida, flexible, nómada al punto de defender la emancipación completa del individuo de cada definición sexual dada a priori, con la consiguiente desaparición de las clasificaciones consideradas rígidas. Se deja así el espacio a diversos matices, variables por grado e intensidad en el contexto tanto de la orientación sexual como de la identificación del propio género”.
De esta forma la Congregación para la Educación Católica del Vaticano definió el dilema en que se encuentra nuestra sociedad, al publicar el documento “Varón y mujer los creó. Para una vía del diálogo sobre la cuestión del gender (género) en la educación”. El texto citado es el numeral 12, desnudando una realidad, de la cual, al hablar, muchas veces se nos tacha de conservadores o excluyentes, a quienes pensamos diferente, o peor aún, se nos relega de la discusión a quienes hemos sido formados en las bases judeo-cristianas.
La imposición ideológica camina a pasos acelerados en el mundo, y en nuestro país no es la excepción, provocando división en nuestra sociedad, confusión y adoctrinamiento en nuestros niños y jóvenes de una manera de pensar que va en perjuicio de la familia y de las bases en que se ha formado y ha crecido Costa Rica.
Sobre la ideología de género, el Papa Francisco se ha manifestado de manera muy amplia. “Existen colonizaciones ideológicas que buscan destruir la familia. No nacen del sueño, de la oración, de la misión que Dios nos da. Vienen de afuera, porque eso digo que son colonizaciones. No perdamos la libertad de la misión de la familia”, esta es una de las tantas manifestaciones que ha realizado el Santo Padre en sus viajes apostólicos, en homilías o en conferencias de prensa, por citar algunos casos.
Quiero centrarme en lo último que manifestó el Papa: no perdamos la libertad de la misión de la familia. Ante la imposición ideológica, exaltemos a la familia; ante los ataques a niños y jóvenes con ideas erradas, mostremos el camino correcto; ante el mal ejemplo de una sociedad que quiere deshacerse de Dios, demos testimonio cristiano.
Respetemos a quien quiere pensar o sentirse diferente. El Evangelio lo proponemos porque es nuestra misión encomendada por Cristo, porque nuestra antropología cristiana nos dice que hemos sido creados, varón y mujer, a imagen y semejanza de Dios, como lo vemos en el Génesis.
En esa línea, no debemos desanimarnos: tomemos acciones; y, las mejores acciones serán cuando en la familia sepamos acoger el mensaje cristiano y ponerlo en práctica. Además, bíblicamente se nos llama a ser mansos y a la vez astutos: los padres de familia tienen el derecho fundamental de que sus hijos sean educados según su moral, según las bases que reciben en la casa. Por tanto, no permitamos que sea secuestrado ese derecho de educación que tienen los padres de familia sobre sus hijos.
Salgamos al paso de esta ideología, de esta colonización y adoctrinamiento que nos quieren imponer. Salgamos al paso con el verdadero y único amor que triunfó en la cruz por nuestra salvación. Seamos cristianos auténticos, alegres, firmes en la fe, seguros de que lo que se nos ha infundido por obra y gracia del Espíritu Santo es para manifestarlo en nuestras familias, en nuestras comunidades y en la sociedad en general.
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