Nicaragua ve derrumbarse lo fundamental

» Por Karine Niño - Diputada de la República

“Un Estado democrático debe siempre garantizar la vida y la protección de sus ciudadanos, así como tiene la tarea de articular las respuestas a las demandas y preocupaciones de ellos, respetando su vida, sus derechos y sus libertades.”

El párrafo anterior resume la postura de la Internacional Socialista ante la situación que vive Nicaragua. Esta organización mundial a la que pertenece el Partido Liberación Nacional, da en el punto exacto con su posición, ya que cuando el estado pierde como objetivo la defensa de los derechos de sus ciudadanos este deja de tener razón para existir.

Y eso es lo que está  sucediendo  actualmente, son los derechos del ser humano, los derechos del pueblo nicaragüense, los que están siendo ultrajados, cuando ninguna situación puede justificar su violación. Un país que se desangra, un gobierno que colapsa  y  un pueblo que deja de respirar lentamente es el escenario que tenemos a pocos kilómetros de distancia de nuestra Costa Rica.

Más allá de la cifra alarmante de centenares de muertos, que debe ser lo primero que llame la atención, lo segundo que más debe de afligir al pueblo nicaragüense y al resto del planeta es la pérdida de su democracia. Instancias como la Organización de los Estados Americanos ya solicitaron al gobierno nicaragüense adelantar sus elecciones, esto es una evidencia de la situación que se vive, ya que cuando un gobierno que fue electo en democracia éste a las puertas de no terminar su período, es una señal clara de que la institucionalidad democrática está sumiéndose en un abismo. Un sistema que ha costado sangre en muchos países y que para los nicaragüenses significó una gran lucha bajo el estandarte de Sandino, vuelve a sus momentos más oscuros.

La caída pareciera no tener fin, días que se transformaron en semanas, semanas que se transforman en meses, esa es la realidad que tenemos en este momento. Esta situación aterradora tiene más tiempo del que muchos pensábamos, hoy cientos se levantan en búsqueda de la libertad. ¡Oh, Libertad! , concepto tan complejo, pero tan codiciado, pilar de muchas ideologías, estandarte de miles de luchas, luchas como la de este pueblo que hoy vuelve las miradas del mundo hacia el norte de Centro América.

Se quedan cortas las líneas para describir lo que sucede, ante la avalancha socio-política que se inició y que conforme avanza sigue llevándose a su paso partes esenciales de un pueblo, de una cultura. Miles de empleos perdidos y de empresas cerradas que tomaran tiempo para volver, jóvenes sacrificando su educación para defender sus ideales, familias destrozadas por las pérdidas de humanas y materiales,  entre otras tantas cosas más que ni si quiera observamos o que todavía no se muestran.

La pregunta es ¿Y ahora qué?

Pues bien, ahora es el momento de entender que lejos de ser ciudadanos de un país ajeno, son seres humanos que experimentan cosas que muchos en nuestro país quizá no pueden ni si quiera imaginar. Sin embargo, toda acción que se pueda realizar en pro de disminuir tanto sufrimiento es un paso que se da para poder pasar la página, acciones tan simples como olvidar los prejuicios y la indiferencia son pasos más grandes de lo que imaginamos. Otros tenemos además la dicha de poder dar más apoyo y alzar la voz desde nuestros espacios en la función pública para que se escuche la impostergable necesidad de una solución.

Al valor de las cosas que se construyen se le debe sumar la necesidad de protegerlas. Por eso es que entiendo con mucha más fuerza  que al representar a un partido que en su carta fundamental defiende conceptos como ser humano, derechos del ser humano, libertad, sociedad, estado, democracia, familia, propiedad, trabajo y educación, puedo sentirme orgullosa de saber que se han preservado en nuestro país, pero a la vez me aterroriza saber lo que pasa cuando estos se pierden viendo lo que sucede en nuestro vecino.

Nicaragua, Costa Rica y cualquier nación que presuma de tener una democracia, debe interiorizar que la defensa de la misma no se logra destruyéndola.

La pérdida de la democracia y la destrucción de institucionalidad, es un tema de conversación que debe colocarse sobre la mesa y  es nuestra obligación hacerlo con responsabilidad.

Hoy más que nunca con el espejo al frente, no podemos caer en las garras de los discursos populistas cargados de odio, deslegitimando nuestras instituciones y nuestro sistema, como liberacionista me siento orgullosa y a la vez responsable de cuidar esos estandartes que nos colocan como la democracia más sólida de América Latina, estandartes que orgullosamente nuestro partido ha defendido y defenderá siempre.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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