Lamento que mi escrito le haya robado horas de sueño. Con el descanso de los demás, no se juega. Esto no embargante, para ocuparse varias noches de un “texto falacioso”, el resultado es más que insatisfactorio. Es directamente penoso. Lo que anuncia, y lo que ofrece, no se condicen. Una “antología de falacias” se despacha en no más de una hora, más o menos el tiempo que utilizo para responderle. Mas no se vaya señora. Venga, que yo la atiendo.
Ensayaré acomodar mi inmerecida respuesta a su sintomático escrito. Sé cómo tratar con los arrogantes que buscan aparentar inteligencia intentando reducir la discusión a un ejercicio escolar de falacias informales. También sé bien que en su Facultad la subespecie de los ergotistas ha encontrado suelo fértil.
Los ergotistas van por la vida haciéndose pasar por listos y eruditos, aunque no son ni uno ni lo otro. Para intentar zafar del asunto de fondo, esto es, el evidente avance de una agrupación política, amparada por terminales institucionales, la jueza ergotista amaña fijar los “términos de la discusión”. Se hace la exquisita intelectualmente, echando en falta a Habermas, Rawls y Kant, en una discusión de prensa. ¡Eso sí que es no entender nada del concepto de esfera pública! En la arena de lo público -que usted desprecia tanto como desdeña lo popular– no hay jueces que emiten “por tantos” desde un estrado judicial; hay ciudadanos libres e iguales para opinar sobre los asuntos colectivos que les conciernen. Como el evidente interés de la desvelada jueza es congraciarse con las cúpulas del Poder Judicial, no le queda otra que sacar su carné de “experta”, además de deslizar en su monserga ese infaltable rasgo de quienes están profundamente afectados por la enfermedad de la hybris: ¡Creer que su posición como operadora judicial le faculta para saber qué les convendría a los costarricenses de hoy y del futuro! Tal cual no lo dice, mas lo deja ver. La “subespecie académica de los ergotistas” es, por regla general, gente de poca profundidad y capacidad de análisis dialéctico, escasos dones especulativos, y, ante todo, raquítica creatividad intelectual. Sin embargo, salgo al paso de su invitación: Cuando quiera hablamos de esos autores que echa en falta, ellos y otros más. Organice la actividad y yo me presento. Mas lo suyo es simple y llano name-dropping académico para aturdir a la audiencia, y de paso pasar por leída.
Vamos, pues, a su perorata. La jueza ergotista, traicionada por un aparatoso lapsus calami, llama al mentado ‘pronunciamiento’ en defensa del Poder Judicial, un ‘manifiesto’. Y es que hay un nuance importante, que no debió pasar inadvertido a una ergotista furibunda: El primero tiene un carácter más bien formal, mientras que el segundo está revestido de coloraciones militantes. Y esto no sería problema alguno, si no fuese por el hecho de que el tono escolar y paternalista de su reprimenda, apunta precisamente a borrar, o bien minimizar, la variable poder/política de la cuestión. No obstante, esto no me extraña, porque de su Facultad últimamente lo que vienen son “meros manifiestos”. (Por cierto, hace unos meses reaccioné a una proclama de otro de los ergotistas “abajofirmantes”, con más autorcitos como le gusta, nada más que ése “no le va a llegar sin avisar”; tiene que salir a buscarlo.)
Varias cosas llaman la atención en el texto de la jueza influencer, si bien no es posible abordar todos en un espacio acotado como éste. Mencionaré solo algunos:
- Pide ideas, sin aportar ninguna. Invierte la carga de la prueba. Usted es quien rubrica manifiestos militantes, no yo. Si realmente anhela “discusiones estimulantes”, estimúlelo pues.
- Los ergotistas, como señalé arriba, pretenden exorcizar, aseptizar, desplazar la densidad político-social a un segundo o tercer plano, repartiendo falacias como si fuesen “arquetipos junguianos”, de esos que venden diccionarios oníricos como pan caliente, porque son unisex para todo soñante (léase: situación particular). Quizá por esto la jueza ergotista, llama “falacia” a la identificación de la filiación política de alguien, cuando no es dato menor, más bien central en lo que denuncio.
- Quien reduce la discusión a una ‘confrontación binaria’ es usted. Pretende enmarcarla en términos de izquierda y extrema-híper-ultra-recontra-derecha (¡póngale todos los prefijos de los que le provee el castellano para construir su muñeco de paja, que de todos modos son gratis!). Además de tosquedad intelectual, demuestra mala fe argumentativa. Debe ser terrible vivir atrapado en esa caverna mental suya, donde la complejidad de lo político se reduce a una contraposición, cada vez más inservible en términos analíticos, entre ‘izquierda’ y ‘derecha’. La arrogancia se cura; todos solemos caer de vez en cuando en ella. Pero lo que es más difícil curar es el oportunismo y la mala fe, sobre todo cuando están traccionados por deseos de escalar políticamente.
- La jueza ergotista se creyó al frente de un grupo de impresionables estudiantes de lógica jurídica. Sin embargo, a pesar de la soberbia del rigor mortis de los ergotistas, deja ver más de lo que quisiera decir, no solo al dividir el espectro político a términos binarios, sino cuando refiere a “figuras ligadas a asesorías y movimientos populistas autocráticos” (¿?). No queda en lo absoluto claro a qué se refiere (quizá la IA le deslizó una de esas traviesas ‘confabulaciones’ no chequeadas en las que suele incurrir), pero ya el uso del sintagma “populismo autoritario”, indica que lejos de su intención de Niña Pochita de desasnar a la audiencia, su panfleto es, ante todo, una invectiva político-ideológica maquillada de “corrección argumentativa”.
- Negar que en las universidades hay un alineamiento histórico con ciertas líneas ideológicas, que se amedrenta y/o desalienta a los que piensan distinto, profesores y estudiantes, es de un cinismo mayúsculo. Ella, la jueza ergotista, sabe de qué hablo, pero prefiere mirar para otro lado. Desafortunadamente, es un hecho no privativo nuestro, sino tan extendido como estudiado en Norteamérica y otras latitudes. No sé si la luz trémula de su cueva le permite darse cuenta de ello, pero lejos estamos quienes estudiamos este fenómeno de proponer como solución una “universidad de derecha” (¿?). De eso no va el asunto, señora. El grave problema de falta de pluralismo político se subsana con el infatigable trabajo de crear un ambiente propicio al debate de ideas contrapuestas, sin miedo a represalias y ostracismos, porque si ya de por sí el fenómeno de la espiral del silencio crea estragos por el simple y muy humano temor al aislamiento social y al rechazo, en los microcosmos universitarios podemos inferir que es mucho más desastroso. Pluralidad no es una palabra escrita en un estatuto orgánico; es la búsqueda activa de un ideal, porque las tendencias a la conformidad social (le recomiendo a Tocqueville y Mill, espíritus sagaces que supieron ver esto desde el siglo XIX, pero también a Solomon-Asch así como los estudios recientes de Haidt, Lukianoff o Pinker) son perennes a la condición social de los individuos.
Para ir cerrando, llama la atención la manera en que la ergotista jueza se proyecta en mí, cuando señala que se debe escribir no para generar likes. ¡Pero sí es precisamente lo que usted hace, señora influencer, arengando a la tribu universitaria y judicial de los igualpensantes! No hay nada heroico en lo suyo, hablando a la peña desde su espacio seguro, para recoger el aplauso rápido o el comentario lisonjero. Por eso, de todos los sesgos que consultó en Wikipedia, se le olvidó el que mejor aplica a usted misma: el de la cámara de ecos.
A un texto que nada ofrece, tampoco hay mucho qué responder. Lo de la jueza ergotista es una anécdota, lamentable pero anécdota al fin y al cabo. Lo que se impone es drenar el suampo nutricio de este tipo de personajes. Definitivamente hay muchísima costra institucionalizada por horadar.