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Las lágrimas de Karla

Hace algunos años conocí a Karla. Era una joven risueña, algo alocada, llena de sueños y esperanzas, que trabajaba duro, no solo por ella, sino por su pequeña hija Nicole. Esta historia sería como cualquier otra, si no agregara a la descripción de esta chica, que fue madre antes de alcanzar sus 18 años de edad.

No sé si mucha gente se dio cuenta de la historia de Karla en el centro de trabajo, pero aunque nunca renegó de su condición de joven madre, llegué a conocerle un poco más que otros, al punto de ver sus lágrimas: “la vida te cambia. Yo amo a mi hija, pero no estaba preparada para esto” –decía.

Karla tenía claro que era aceptada y amada en su núcleo familiar, sin embargo le hicieron saber que debería tomar responsabilidad de las decisiones previas que la llevaron a la maternidad: trabajar, estudiar, no tener a los abuelos como niñeras, las limitaciones para irse de fiesta, viajes a la playa; en fin, todo, todo cambiaba.

Hoy recordando las lágrimas de Karla, quiero escribirles a las personas jóvenes que pueden leer este homenaje a esta valiente humana.

No deseo que se mire a la hija de Karla como un error; por el contrario se volvió una gran fuente de alegría, sin embargo las lágrimas de esta joven reflejaban no estar preparada para la maternidad y tuvo que afrontar esa realidad sin las destrezas necesarias así como las herramientas para crecer.

Jóvenes ustedes tienen el mundo en sus manos. Es como una hoja donde pueden escribir lo que quieran. Trazar metas, experiencias, aventuras. Todo cabe ahí. El punto trata de no obligarse a vivir más de lo que les toca en cada momento. Disfruten y vayan preparándose sin presiones, para recibir lo que cada estado de vida les dará y sobre lo que les tomará responsabilidad.

No empeñen el futuro por nada. Vivan plenamente pero tomen precauciones y reconozcan el derecho de decir “no”. Ninguna persona lo sabe todo, aún al llegar a vivir muchos años, ¿Por qué ustedes deben aceptar la presión de tener la respuesta para todo?

Cuando tengan la posibilidad de una experiencia deténganse a pensar un momento que hay detrás. Si, que hay detrás. Pueda que esa experiencia refleje algún beneficio instantáneo, pero ¿Qué pedirá a futuro? Recuerden que toda acción trae una reacción, sea positiva o negativa, todas las traen.

Luego, no teman pedir consejo o ayuda. Bien lo dice un proverbio “si se camina solo se va más rápido, pero si se hace acompañado, se llega más largo”. Solo valoren a quien han de recurrir. No menosprecien a nadie, pero no cualquiera da un buen consejo o presta una ayuda oportuna. Sepan discernir y elijan aquella persona que muestre sabiduría, inteligencia y haber vivido una vida con justo desarrollo.

Por último, no tiene nada de malo pedir disculpas o perdón ante el desacierto. Les hará admirables ante quienes se presenten reconociendo esto.

Al fin de cuentas solo se tiene una vida y en resumen mis queridas y queridos jóvenes ustedes tienen derecho a vivir  desarrollando todos sus dones, porque el creador ha dejado en cada una, en cada uno muchos dones, que les darán la satisfacción de estar en el mundo y de fijo beneficiaran a sus familias.

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