Es momento de hablar con honestidad sobre lo que realmente ha ocurrido durante estos más de 47 años. No se trata de una “guerra de Estados Unidos”. Se trata de una intervención frente a un régimen que ha atacado a su propio pueblo, ha exportado violencia y ha amenazado al mundo con destrucción nuclear.
Durante más de cuatro décadas, el régimen iraní ha negado libertades básicas, ha silenciado la disidencia y ha tratado a las mujeres con una discriminación y brutalidad sistemáticas. Paralelamente, ha impulsado un programa nuclear que pone en riesgo no solo a la región, sino al mundo entero.
Si ese régimen hubiera elegido otro camino —detener su programa nuclear, respetar a su población, reconocer los derechos de las mujeres y avanzar hacia una reforma pacífica— hoy estaríamos ante una realidad completamente distinta. Pero rechazó cada oportunidad.
Entonces, ¿qué debe hacer el mundo?
¿Mirar desde la distancia cómo se destruye a un pueblo? ¿Pretender que nada ocurre mientras crece una amenaza nuclear frente a nosotros? Después de todo lo que la humanidad ha vivido —incluida una pandemia global—, ¿podemos darnos el lujo de ignorar un peligro aún mayor?
También debemos hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿quién construyó, financió o facilitó las armas que hoy amenazan la seguridad global? La rendición de cuentas importa. La historia importa. La verdad importa.
El sufrimiento del pueblo iraní es real.
La amenaza para el mundo es real.
Y mirar hacia otro lado no hará que desaparezcan.