Ha sido el honor más grande de mi vida servirles como Primera Dama

» Por Signe Zeikate - Primera Dama de la República

Cuando mi familia y yo llegamos a Costa Rica a finales de 2019, me propuse conocer este país a profundidad. Viajé desde las vibrantes costas de Limón hasta la provincia de Guanacaste; de norte a sur. Me enamoré de la naturaleza, de sus paisajes, y conocí su cultura y tradiciones. El calor, la amabilidad y la resiliencia del pueblo costarricense realmente cautivaron mi corazón.

Desde el momento en que Dios y el pueblo costarricense depositaron su confianza en mi familia con este honor y la responsabilidad de servir, sentí un profundo llamado a aportar mi granito de arena y mis conocimientos para ayudar a cerrar la brecha de desigualdad. Mi esperanza era ayudar a cultivar un camino hacia oportunidades reales para la próxima generación, nuestros jóvenes.

Mis viajes me abrieron los ojos a las luchas diarias de muchas familias, y la realidad de la pobreza no fue solo una estadística para mí; se convirtió en una misión que definió mi propósito como Primera Dama. Sabía claramente los resultados que quería lograr; por eso, formé un equipo profesional y fomenté la colaboración con el sector público, privado y aliados internacionales para encontrar el financiamiento necesario que permitiera apoyar a nuestra juventud.

Estoy orgullosa de lo que hemos logrado juntos. Mientras el gobierno trabajaba hacia una meta común, me siento honrada de haber contribuido a los esfuerzos colectivos que lograron que la pobreza se redujera del 23% al 15.2% durante este periodo. Saber que hoy, más familias tienen una base de seguridad es la mayor recompensa que podría pedir. A través de una cooperación generosa entre el Despacho de la Primera Dama y nuestros aliados, hemos alcanzado hitos que espero sirvan como un abrazo duradero para este país y para cada niño y joven que tuvo la oportunidad de aprovecharlos:

Construimos seis bibliotecas donde más de 1,000 niños ahora tienen acceso a libros digitales y físicos, brindándoles un santuario tranquilo para leer y soñar.

A través de las becas Cattleya, casi 200 estudiantes ahora tienen la oportunidad de estudiar en las mejores universidades privadas de Costa Rica, y más de 2,000 jóvenes han adquirido habilidades en inglés que les abrirán puertas en empresas internacionales, permitiéndoles construir un futuro competitivo y representar a su país ante el mundo.

Caminamos junto a casi 200 adolescentes madres, ofreciéndoles el apoyo y la capacitación necesarias para construir una vida de dignidad y orgullo para ellas y sus hijos.

Nada de esto hubiera sido posible sin mi extraordinario equipo, asesores, colaboradores y patrocinadores. Gracias por su pasión y por su trabajo incansable para convertir nuestra visión compartida en realidad. Miro hacia atrás con gran satisfacción, porque detrás de cada cifra hay una persona y una historia de vida. La mayor validación de nuestro trabajo la recibimos en los testimonios de los niños y jóvenes, llenos de gratitud y esperanza por la oportunidad de crecer y creer en su futuro.

Siempre realicé mi labor con un alto sentido del deber y un amor genuino por mi familia, la gente y el país. En cada paso, busqué la sabiduría y la luz de Dios para guiar el camino. Me he esforzado por ser un pilar de apoyo constante y sereno para el presidente, ayudando a mantener la estabilidad en los momentos difíciles y fortaleciendo la fe, la unidad y la seguridad de nuestra nación.

Mis queridos costarricenses, gracias por sus buenos deseos y la inmensa calidez que he recibido durante toda la gestión, pero especialmente en estos últimos días. El mayor tesoro de Costa Rica son ustedes. Recibieron a una mujer letona y la hicieron sentir como una hija de esta tierra. Me quedaré aquí en Costa Rica y estoy lista para servir al pueblo de este país en cualquier capacidad que la nación necesite. La dedicación de mi corazón a esta tierra no termina con mi título.

Como dice bellamente la canción: “Soy tica de corazón”. Hoy, al cerrar este capítulo, dejo un pedazo de mi corazón con ustedes y mantengo mis mangas arremangadas para nuestro futuro.

Que la bendición de Dios esté con todos nosotros.

Pura Vida y muchísimas gracias.

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