Estamos en el 2025 y la gente ya no vota por partidos. Vota por personas

Todavía hay personajes que creen que las campañas políticas siguen siendo políticas…
se les olvidó que el mundo cambió.

Se les olvidó que los votantes ya no se emocionan con banderas, himnos o colores partidarios.
Se les olvidó que nadie quiere que le hablen con promesas, vendiendo “renovaciones” con los mismos de siempre, creyendo que por desmarcarse de una o dos figuras con el nombre sucio, ya son un partido nuevo y limpio.

Se les olvidó que las masas ya no siguen estructuras; siguen causas. Y que las causas tienen rostro, tienen nombre, tienen historia… y hasta simbología.

Usted no es solo saprissista. Usted es morado. Y su mascota no es un perrito. Es el Monstruo.
Usted no es solo liguista. Usted es rojinegro. Y su mascota es el León.

¿Entienden el concepto… o les tengo que dibujar el jaguar?

Porque lo que mueve a la gente no es el nombre del equipo. Es lo que representa, y cómo hace sentir a la persona que es parte de esa comunidad. Y en la coyuntura política actual, pasa exactamente lo mismo.

Los que hacemos comunicación política lo entendimos hace rato: el “love mark” ya no está solamente en las vitrinas de las tiendas; está también en las marcas personales de quienes saben conectar con su comunidad. Porque hoy, más que nunca, el voto es una extensión de la identidad.

El 2022 dejó clarísimo que el Uber político es solo eso: transporte. Y el personaje más importante ni siquiera es el dueño del carro, sino el pasajero que tiene muy claro adónde quiere llegar y quién quiere que lo acompañe.

Ya no se trata de vender un plan de gobierno de 120 páginas que nadie va a leer. Se trata de conectar. De generar confianza. De ser alguien coherente, humano, creíble. Hable bonito o no. Caiga bien o no.

Se le llama Administración Pública porque se supone que alguien debería llegar a administrar. Y si la comunidad ve resultados, si ve goles, no le importa si el entrenador es simpático, si habla bonito o si es cien por ciento conciliador. Le importa que gane. Le importa que funcione.

Mientras unos siguen llenando a medias salones comunales con discursos, a nombre de un partido, otros llenan las redes sociales con ideas propias y otros miles las amplifican. Unos responden las preguntas de 100 personas en nombre de un partido (si ese día hubo “casa llena”), otros reciben miles de comentarios y likes en TikTok por hablarle directo a la gente a nivel personal.

Mientras unos reparten promesas en volantes, otros generan conversaciones reales.
Mientras unos siguen calculando votos a favor y en contra, otros construyen comunidad.

No es un tema de tecnología. Es de relevancia. Es de conexión.

Porque aunque una cosa es la opinión pública y otra muy distinta es la opinión publicada,
el eje diferenciador pertenece a quien logra moldearla. Hoy, el verdadero poder lo tiene quien sabe contar una historia. El que comunica mejor y no necesariamente el que trata de conectar primero de manera forzada.

Aunque su Uber político se llame: “Frente Patriótico de la Esperanza Celestial por la Soberanía del Maíz”, si conecta con su comunidad, gana. Y ante el menor indicio de parsimonia la gente se desconecta.

Así que sí, estamos en el 2025.

Y en esta nueva era, el político tradicional es una especie extinta. Aunque muchos todavía no se hayan dado cuenta.

Logro percibir, como quien observa los toros desde la barrera, dos tipos de candidatos apostando a ideas antiguas de hacer campaña y, lo paradójico, es que es gente “fresca”.

Es penoso ver cómo candidatos nuevos, que pudieron haber hecho una propuesta legítima (en cualquier Uber), construyendo una marca personal sólida, se embarcaron en naves políticas añejas, llenas de agujeros, naufragando antes de zarpar. Desperdiciando así su primer intento como capitanes de un cambio real, por hacerle caso a los piratas políticos que necesitaban una cara fresca y limpia para lavar la suya propia. Lo convencieron de dirigir un barco que ya venía condenado, aunque ellos crean que no, porque viven en una caja de resonancia diminuta, llena de gente que piensa igual en sus grupos de WhatsApp.

Ignorando que no existen segundas oportunidades para generar buenas primeras impresiones.
“Se juntaron con la chusma que se aprovechó de su nobleza.” Y en política, el que nació muerto, casi nunca resucita.

En segundo lugar, veo también el caso de candidatos con una nave nueva, limpia, llena de buenas intenciones y discursos románticos, abogando por devolver el diálogo, la cordialidad y el consenso. Partidos recién inscritos, pero que todo lo que venden, lo venden a través de la nave,
sin invertir en que la gente se aprenda el nombre del candidato ni sus ideas, ya que las enmarcan como la visión del partido. Lo que comunican en redes, lo comunican como partido, no como personas, lo cual va en detrimento de la idea central de este análisis: que hoy la gente no vota por partidos. Vota por personas.

Un nuevo campo de batalla

Estamos ante la primera elección en la que la comunicación política se rige por la producción de contenidos que conectan emocionalmente y son amplificados por comunidades enteras de creadores de contenido en redes sociales, cuyo alcance supera, por decenas de miles, al de los medios hegemónicos. Pero además, estamos entrando en un terreno donde la inteligencia artificial, por primera vez en la historia política de nuestro país,  permite la creación de contenidos hiperrealistas, que podrían ser de mano izquierda, que simulan con una precisión inquietante lo que antes solo podía producirse con grandes presupuestos.

Desde videos falsos con apariencia documental, hasta voces clonadas, réplicas de entrevistas o discursos generados por algoritmos que entienden perfectamente los sesgos, emociones y códigos del electorado.

No solo cambió el canal. Cambió la forma, el tiempo, la velocidad y el tipo de verdad que se impone.

Bien lo puso en palabras el escritor norteamericano Mark Twain “Lo que nos mete en problemas no es lo que no sabemos, sino lo que creemos con certeza… y no es cierto.”

Este análisis es solamente una lectura técnica desde la comunicación política y el branding. Y un llamado urgente:

Queda poco tiempo.
Y los partidos que no entiendan esta nueva dinámica están condenados a desaparecer…o a ser apenas un vagón más, detrás del liderazgo de alguien que sí la entendió. Y no les quedará más que canalizar su frustración ejerciendo un control político amargado y contraproducente, que terminará por socavarlos cada vez más.

______________

El autor es experto en Branding y Storytelling Político. Escritor, Director Creativo y Fundador – Lupa Creativa

www.lupacreativa.com

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@nuevo.elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

Últimas noticias

Te puede interesar...

[tipocambiocompra]
[tipocambioventa]

Últimas noticias

Edicto