Los contrapesos son necesarios en democracia. Pero existen para mejorar las decisiones, fiscalizar y construir, no para fragmentar ni convertir la gestión municipal en una competencia por ver quién se atribuye una obra.
Los proyectos que hoy avanzan en Alajuela no nacieron de una coyuntura política ni de la voluntad de seis regidores. Son parte de un plan de trabajo de cuatro años de esta Administración Municipal, definido desde el inicio de nuestra gestión con una visión clara: llevar inversión y desarrollo a todos los distritos del cantón, sin colores políticos, sin preferencias electorales y atendiendo las necesidades reales de nuestra gente.
Conviene recordar algo elemental: el Concejo Municipal discute, aprueba y fiscaliza; la Administración planifica, presupuesta, contrata y ejecuta. Pretender convertir seis votos en la autoría de los proyectos es desconocer el enorme trabajo técnico, profesional y administrativo que existe detrás de cada uno y, sobre todo, el esfuerzo de muchos funcionarios municipales que todos los días trabajan por Alajuela.
También debemos hablar de visión integral. En los últimos presupuestos, muchas de las asignaciones impulsadas desde el Concejo han financiado intervenciones parciales que, precisamente por no contar con una planificación completa ni con los recursos necesarios para todas sus etapas, no pueden concluirse. Gobernar no es simplemente repartir recursos: es establecer prioridades y garantizar que cada colón invertido produzca soluciones reales y duraderas.
Quizá una de las herencias más lamentables de los dos años de don Francisco Sánchez al frente de la Presidencia Municipal haya sido la profunda fractura de un órgano que debería trabajar unido alrededor de Alajuela. Se instaló una dinámica en la que seis regidores terminaron definiendo buena parte de las decisiones, muchas veces sin procurar acuerdos con los demás integrantes y sin darle el peso que merece a la voz de nuestros síndicos, quienes representan directamente a los distritos y conocen de primera mano sus necesidades.
Paradójicamente, el propio artículo de don Francisco al que hoy respondo confirma una vez más esa visión: su preocupación parece seguir concentrada en conservar una mayoría de seis votos para imponer criterios, cuando el gobierno local debería aspirar exactamente a lo contrario: ampliar la discusión, escuchar todas las voces, incorporar a los síndicos y alcanzar los mayores consensos posibles alrededor de los grandes desafíos del cantón.
Una mayoría sirve para votar; el diálogo y los acuerdos sirven para gobernar.
Por eso es justo reconocer el esfuerzo que viene realizando el actual presidente municipal, don Arturo Campos, por recuperar el diálogo, acercar posiciones y reconstruir puentes. Esa debe ser la ruta: unir, no separar; construir acuerdos, no trincheras; cumplir cada órgano con sus responsabilidades, sin competir permanentemente con la Administración ni pretender arrogarse facultades propias de la gestión activa.
Mientras algunos concentran energías en atribuirse resultados, Alajuela continúa esperando decisiones sobre asuntos capaces de transformar verdaderamente su futuro: el Plan Regulador; la actualización de reglamentaciones obsoletas; la implementación de la Ley de Comercio al Aire Libre y de la legislación que permita impulsar vivienda municipal; la peatonalización de nuestra ciudad; la ampliación y apertura de nuevas vías para descongestionar nuestros centros urbanos; decisiones fundamentales sobre vialidad, agua, residuos sólidos y sostenibilidad de los servicios públicos; el cuido y la protección de nuestro medio ambiente; y políticas que fortalezcan la cultura, la recreación y el deporte como componentes esenciales de la calidad de vida y del desarrollo integral de nuestras comunidades.
Ninguno de estos grandes temas ha logrado avanzar desde el Concejo con la profundidad, decisión y sentido de urgencia que Alajuela requiere. Ahí, más que en la disputa por adjudicarse proyectos concebidos y ejecutados por la Administración, debería concentrarse el esfuerzo político. Esa sí es una deuda pendiente con los alajuelenses.
Don Francisco debería también dejar de lado su evidente animadversión hacia el Partido Liberación Nacional y recordar que buena parte de su trayectoria profesional durante las últimas tres décadas ha estado vinculada precisamente a administraciones e instituciones dirigidas por ese partido, tanto en Alajuela como en Heredia. La crítica política es legítima; convertir las diferencias partidarias en una confrontación permanente que termine perjudicando la posibilidad de alcanzar acuerdos por Alajuela es otra cosa.
Después de tantos años de servir a este cantón, uno aprende que ningún logro importante es producto de una sola persona y que Alajuela es demasiado grande para reducirla a seis votos, a un partido político o a una disputa de protagonismos.
Nuestro cantón necesita que volvamos a encontrarnos alrededor de lo que verdaderamente importa: su gente y su futuro.
Menos protagonismos. Más visión, más diálogo y más Alajuela. Porque los verdaderos contrapesos no compiten por atribuirse los resultados: ayudan a construirlos.