
Hay disyuntivas en la toma de decisiones de la vida cotidiana, donde infringir el menor daño a las partes involucradas debe ser la alternativa a escoger.
Se dice que en el mundo actual no todo es blanco ni negro, hay tonos intermedios para todo. Tampoco los extremismos, tanto religiosos como políticos, han sido beneficiosos para ningún país.
Todas las actividades del ser humano deben orientarse a beneficiar a las mayorías sin perjudicar a las minorías; tampoco puede sacrificarse el bienestar del mayor número cuando el objetivo debe orientarse a elevar a los que están mal, pero sin bajar a los que ya están bien. Ese es el arte de administrar bien una nación.
La coyuntura sanitaria que estamos viviendo, es otro caso donde debemos buscar alternativas eclécticas; esto es, sin perjudicar las medidas tomadas contra la pandemia desde el punto de vista del contagio viral, debemos también no lesionar, o lesionar lo menos posible, el aparato productivo del país.
Sin cacao no hay chocolate, dice sabiamente el refrán popular. De modo que sin recursos económicos para el gobierno y para la seguridad social, cualquier intento por preservar un cerco epidemiológico fuerte se vuelve insostenible en el tiempo.
Es evidente que muy pronto la CCSS comience a sentir una fuerte disminución de sus ingresos efectivos diarios, el llamado flujo de caja, tan imprescindible también para todas las empresas, grandes y pequeñas.
Esta reducción de ingresos incide de inmediato no solo en el seguro de salud, con los riesgos que esto conlleva, sino que también golpea al seguro de pensiones. Ya un medio escrito reveló que el faltante a mediano plazo en las reservas del IVM podría llegar hasta 416 mil millones de colones.
Y no solo nuestra máxima Institución de Salud resentirá la merma de sus ingresos. También los recursos del FODESAF, financiado por el 5% que aportan los patronos en las planillas, a muy corto plazo se verá afectado. De este enorme fondo solidario se sostienen los comedores infantiles y las pensiones de los ancianos del régimen no contributivo, entre otras ayudas sociales imprescindibles.
Hago estas reflexiones porque, insisto busquemos el camino balanceado para salir de esta crisis sanitaria. No hay buena salud sin una economía robusta, como tampoco hay un crecimiento económico sostenido sin un buen entorno saludable para todos los habitantes del país. Recordemos que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) nos dice, que la salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino un completo bienestar integral del individuo.
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