En Costa Rica, miles de ciudadanos dedicaron décadas de su vida laboral con la esperanza de disfrutar de una vejez digna. Cumplieron con sus responsabilidades, contribuyeron al desarrollo del país y confiaron en que sus esfuerzos se traducirían en seguridad económica en sus años de retiro. Hoy, muchos de ellos observan con ansiedad a la Asamblea Legislativa, esperando una respuesta sobre el Régimen Obligatorio de Pensiones Complementarias (ROPC).
Este asunto trasciende lo técnico y financiero; en cada cifra hay historias de vida. Adultos mayores que dependen de esos recursos para cubrir medicamentos, gastos básicos, deudas o incluso para apoyar a sus familias en tiempos difíciles. Para muchos, el ROPC es un pilar fundamental de su bienestar económico en la vejez.
A pesar de su importancia, el país aún no cuenta con un texto de consenso que aglutine las diversas propuestas legislativas presentadas. Este compromiso fue asumido por diferentes fracciones legislativas y miembros de la Comisión de Asuntos Sociales, así como por los proponentes de proyectos relacionados con el ROPC. Costa Rica anhela que ese compromiso se traduzca en resultados concretos.
Mientras tanto, ciudadanos y ciudadanas se manifiestan pacíficamente. Muchos han recorrido largas distancias desde provincias como Puntarenas, Cartago, Heredia, Limón o Guanacaste para hacer escuchar su voz. No lo hacen por capricho ni por intereses políticos, sino porque sienten que el tiempo avanza y la respuesta que esperan sigue siendo esquiva.
Estas personas no solicitan privilegios ni beneficios extraordinarios. Defienden algo esencial: el ahorro que construyeron tras años de trabajo y esfuerzo. Son hombres y mujeres que cotizaron con disciplina, confiando en un sistema que prometía una vejez más segura.
No podemos normalizar que nuestros adultos mayores deban cruzar el país para ser escuchados. Ignorar el mensaje que envían al organizarse y alzar la voz de forma firme pero respetuosa sería un grave error.
Desde la Comisión de Asuntos Sociales se está trabajando en este tema. Ya existe un informe preliminar de subcomisión y un texto sustitutivo al proyecto de ley 24955 , que busca avanzar hacia una solución integral y responsable. El siguiente paso es retomar la discusión, fortalecer el diálogo entre las distintas posturas y avanzar hacia el dictamen del proyecto.
La responsabilidad como nación es clara. El ROPC debe discutirse con seriedad, criterios técnicos y sensibilidad social. Es imperativo encontrar un equilibrio que asegure la sostenibilidad del sistema y, al mismo tiempo, justicia para quienes anhelan acceder a los recursos que han acumulado a lo largo de los años.
En un contexto donde el costo de la vida sigue aumentando y muchas pensiones son insuficientes, estos recursos pueden hacer una diferencia significativa en la calidad de vida de miles. Para algunos, significa poder adquirir medicamentos, saldar deudas o adecuar sus hogares. Para otros, cubrir gastos básicos o apoyar a hijos y nietos que enfrentan dificultades económicas.
No se trata solo de cifras o estructuras financieras. Hablamos de abuelos y abuelas con necesidades reales, de mujeres que laboraron incansablemente y de hombres que aportaron mes a mes, con la esperanza de una vejez tranquila.
Es fundamental que Costa Rica avance hacia una solución. La discusión legislativa debe reanudarse con voluntad política y la responsabilidad que exige un tema de esta magnitud. Históricamente, este país se ha distinguido por su protección social y el respeto a la dignidad de las personas mayores. Ese principio debe continuar guiando nuestras decisiones.
Un país que respeta a sus adultos mayores es un país que honra su historia. Son ellos quienes levantaron nuestras comunidades, sostuvieron nuestras instituciones y contribuyeron al progreso del país con su trabajo diario.
Hoy, nos corresponde responder con la misma responsabilidad y compromiso.
Resolver el tema del ROPC no es solo una tarea legislativa; es un acto de justicia hacia quienes dedicaron su vida a construir el Costa Rica que conocemos.
El ahorro de toda una vida no puede seguir esperando.