Costa Rica en este momento se encuentra en una trampa legislativa que tiene un tufo de cálculo electoral disfrazado de “principios”. La jornada 4×3 —una propuesta que permitiría trabajar cuatro días y descansar tres, con prima salarial y reglas claras— se ha convertido en el prisionero de diputados que juegan con el tiempo, el dinero y la paciencia del pueblo.
Y digo “juegan” porque eso es lo que están haciendo. ¿Cómo llamás al hecho de presentar más de 2.500 mociones a un proyecto que apenas se empezó a discutir el pasado 7 de julio y del que solo se logró avanzar 10 mociones en una sesión? Si hacemos cuentas: dos sesiones por día, 20 minutos promedio por moción, estamos hablando de 150 días solo para debatir papeles, no para aprobar nada, porque es bueno recordar que la vía rápida es solo para discutir el proyecto, NO para aprobarlo.
¿El costo estimado de este “juego democrático”? ₡1.710 millones de colones con el dinero tuyo, mío, de la señora que madruga para tomar el bus, del emprendedor que se asfixia entre trámites, del joven que no encuentra empleo formal, del contribuyente que sostiene este país mientras la politiquería se reparte los micrófonos.
Después de este saboteo descarado, los mismos que armaron la barricada legislativa se indignan porque el gobierno retiró el proyecto. El colmo de la hipocresía, el Ejecutivo, en una movida pragmática, decide priorizar otros temas urgentes —como el préstamo presupuestario— y salen a decir que el gobierno “no entiende el proceso legislativo”, que “está improvisando”, que “parecen drogados”.
¿Drogados? No, señores. Lo que hay es una ciudadanía cada vez más lúcida, más cansada de que le jueguen sucio con retórica bonita y mociones vacías. Porque mientras ustedes redactan mociones para bloquear el avance del país, allá afuera hay realidades que no esperan: familias endeudadas, empleos que se escapan, inversión que busca otro país con menos burocracia y más sentido común.
Pero claro, en lugar de legislar para destrabar, se aferran al procedimiento como si fuera un escudo de transparencia, cuando en realidad es una herramienta de sabotaje institucional. Lo que están haciendo no es debatir, es chantajear. Lo que están mostrando no es firmeza ideológica, es incapacidad para gobernar con madurez.Esto no es un debate técnico, esto es un chantaje político disfrazado de procedimiento y el pueblo lo está notando.
Ya no se trata de si te gusta o no el gobierno. Se trata de algo mucho más básico: ¿Querés que este país avance, o te acomodás con que siga estancado? Porque cada día que se pierde en esa Asamblea no es un día menos de política; es un día más sin empleo, sin crecimiento, sin dignidad para miles de costarricenses.
La jornada 4×3 se puede discutir, perfeccionar, ajustar. Lo que no se puede aceptar es el cinismo de quienes la sabotean y luego se hacen los ofendidos, no se puede normalizar que los mismos de siempre bloqueen todo y luego lloren porque el gobierno toma otra ruta.
El tiempo se acabó para la doble moral, si los diputados que hoy gritan quieren respeto, que empiecen por respetar al pueblo que los eligió, porque el costarricense no es tonto y cada vez que ustedes se esconden detrás de una moción vacía, lo único que hacen es confirmar lo que ya sabemos: no están ahí para construir nada.
Y en un país harto de estancamiento, eso —eso sí— no se perdona.