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Día Internacional de la Madre Tierra: Liderazgo base de la sostenibilidad…

» Por Msc. Milton Madriz Cedeño - Coordinador Comisión Institucional de Sostenibilidad de la Asamblea Legislativa

Ya son 27 años los transcurridos desde la “Cumbre de la Tierra Río-92”, que dejó enormes reflexiones y marcó un hito y camino a seguir, reforzado además con el posterior nacimiento (año 2000), de lo que sería la Carta de la Tierra, vista como una Carta Magna o constitución del planeta.

Efectivamente muchos años han pasado ya y la primera incógnita que viene a la mente, es qué han hecho las naciones en el gran concierto internacional.  Qué han hecho los gobiernos conscientes de la grave situación planetaria y qué hacen las sociedades, tanto en sus ámbitos privados como públicos, por mejorar la situación ambiental?

Quizás el mayor aporte que se ha hecho precisamente con la Carta de la Tierra -no me referiré a los actuales ODS 2030-, es el hecho de poder contar con un instrumento de principios éticos y morales concebidos ordenadamente en cuatro pilares, que como lo señala, lo fundamentan el respeto y cuidado de la comunidad de la vida, la integridad ecológica, la justicia social y económica y finalmente lo que concierne a la democracia, la no violencia y paz.  De todos estos elementos señalados, es vital comprender que están plenamente entrelazados y ligados y que de ser logrados, son el sustento y base del desarrollo sostenible que potencialmente cada nación y sociedad deben tratar de lograr, para así permitir que las futuras generaciones ostenten y posean al menos lo mismo que las generaciones actuales disponemos.

La visión del desarrollo, donde lo ético y moral se convierta en el norte a seguir, implica la construcción de nuevos paradigmas, de todo un proceso mediante el cual la ciudadanía global adquiera conciencia de su papel y del rol que todos y todas ejercemos en sociedad, y esto lleva implícito un liderazgo ambiental enmarcado en un enfoque de lo que hoy denominamos además responsabilidad social.

El desarrollo disparatado, donde el consumismo a ultranza devenido de la segunda mitad del siglo pasado, es el que ha arrojado los indicadores sociales, económicos y ambientales, que han permitido lesivamente la destrucción no sólo de complejos e importantes ecosistemas, sino además el socavamiento de importantes recursos naturales que sustentan el funcionamiento actual de nuestros países, y podemos referirnos en este punto no sólo a combustibles fósiles, sino además a la misma agua potable cuyo acceso y disponibilidad cada día será más difícil.

El cambio climático es un ejemplo clave de todo lo que concierne a esta problemática y sobre la cual la existencia misma de la Carta de la Tierra, se vuelve un instrumento que viene a disuadir y buscar alternativas a nivel de la conciencia colectiva.  Ahora está de moda hablar de cambio climático, de la importancia de la descarbonización y más aún de lo que significa el ahorro energético y el reciclaje, empero surge nuevamente otra pregunta: ¿Son los esfuerzos globales significativos como para revertir el daño que hemos hecho al propio clima? Y me atrevo a hacer una segunda pregunta más compleja: ¿Existen verdaderos liderazgos por parte de personas o naciones para llevar adelante el cambio que se requiere? ¿Dónde están esos líderes o lideresas comprometidos con la causa?

Quizás las respuestas las obtengamos en los próximos años, a como los indicadores sean la mejor muestra de que no existe sustentabilidad y de que la irreversibilidad del daño ambiental nos pase una cara y alta factura en los límites de nuestra propia sobrevivencia, empero, ¿quién debe actuar y cómo?

Nacen y crecen muchas respuestas y definitivamente no podríamos creer que un simple enunciado de varios acápites, como lo es la Carta de la Tierra venga a modificar conductas de consumo o políticas públicas globales, pero lo que sí es cierto es que dicta y da los lineamientos del tipo de vida que deberíamos ostentar y buscar para nuestras Naciones, donde todos los gobernantes de común acuerdo busquen la construcción de acciones para alinear a los países hacia modelos de consumo, convivencia y de desarrollo armónicos con el ambiente.-

Es en este punto donde sale a relucir la enorme importancia que cobija la creación y formación de nuevos liderazgos, de que los distintos sistemas educativos de las naciones potencien el surgimiento de líderes y lideresas formados para hacer frente a estos nuevos arquetipos, pero más aún capacitados para afrontar y resolver los yerros de las generaciones pasadas que nos han heredado estilos y formas de desarrollo que imposibilitan la sostenibilidad.  A este aspecto es lo que llamo el surgimiento de agentes de cambio en una era de crisis como la actual, donde la nueva ética del desarrollo debe ir de la mano con acciones contundentes y donde cada uno de los actores que conformamos nuestras sociedades, una vez conscientes debemos actuar.

Este aspecto lo podemos ver claramente reflejado no sólo en nuestro propio entorno de vida, sino en específico en nuestra esfera laboral donde el ejercicio de un liderazgo proactivo, guiado por valores éticos y morales, permitiría una incidencia efectiva que permearía en principio la conciencia de otras personas.

Es menester resaltar que lo importante no es sólo que a las personas, a las instituciones y a las sociedades mismas se les den parámetros de comportamiento sobre uso y consumo de recursos, sobre su actuar responsable o bien sobre heredar un mejor mundo a las generaciones que no han nacido, sino, el punto es adquirir y transmitir conciencia y más aún empoderar mediante liderazgos ambientales a toda la ciudadanía sin distingo de edad ni sexo, de forma que el cambio por un mundo mejor sea concebido como una responsabilidad propia e indelegable, y no porque lo dicte un instrumento ético que a la larga no dejará de ser un simple conjunto de papeles, hasta que nosotros mismos no lo hagamos realidad mediante nuestros actos concretos, individuales y colectivos, todo por un desarrollo sostenible de cara al desafío de la supervivencia global.

¡Celebremos hoy 22 de abril, Día de la Tierra, educando con el ejemplo!

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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