Ahora que el partido Pueblo Soberano está en el poder, por segunda vez apoyado por la mayoría de costarricenses, la oposición comienza a reagruparse alrededor del Frente Amplio para diseñar la estrategia de cómo frenar el avance del país. Esa realidad refleja la creciente polarización política que vive Costa Rica y el choque entre dos visiones completamente distintas de nación.
Por un lado, existe una visión enfocada en generar empleo, atraer inversión, fortalecer la economía y modernizar el Estado. Por otro, sectores que insisten en modelos ideológicos que, en muchos países, han terminado debilitando la producción, aumentando la dependencia estatal y empobreciendo a la población.
Lamentablemente, también enfrentamos un problema cultural que afecta especialmente a las nuevas generaciones. Muchos jóvenes quieren recibir el pescado, pero pocos desean aprender a pescar.
Está claro que, sin esfuerzo, disciplina, educación y trabajo será imposible sacar al país del bache económico y social en el que se encuentra. El asistencialismo permanente no construye progreso; lo construye la generación de oportunidades y la cultura del mérito.
También preocupa el papel de ciertos grupos dentro de la academia universitaria pública, donde se impulsa una visión ideológica única, dejando de lado el pensamiento crítico y la pluralidad. La educación debe formar ciudadanos capaces de analizar, cuestionar y construir, no repetir discursos políticos.
Costa Rica no puede darse el lujo de copiar modelos que han fracasado en otras partes del mundo. Nuestra democracia se ha construido sobre la libertad, el trabajo y el respeto institucional, no sobre la confrontación ideológica ni sobre políticas que castigan al que produce para sostener indefinidamente a quien no.
El verdadero camino para fortalecer el país es crear más fuentes de trabajo, facilitar el emprendimiento y abrir oportunidades para jóvenes y adultos que desean salir adelante con esfuerzo propio. Costa Rica necesita un Estado eficiente, no uno que ahogue al sector productivo ni que premie la dependencia.
Los costarricenses debemos defender nuestra democracia con responsabilidad y visión de futuro. El debate político siempre será necesario, pero nunca debemos permitir que el resentimiento ideológico debilite las bases de libertad y progreso que han distinguido históricamente a nuestro país.
Defender la democracia costarricense también implica defender la libertad económica, la institucionalidad y el mérito. El país necesita reformas, sí, pero reformas orientadas a modernizar, simplificar y abrir oportunidades, no a consolidar estructuras ideológicas que terminan beneficiando a pequeños grupos mientras la mayoría enfrenta menos oportunidades y mayor dependencia.
Por último, la historia demuestra que las economías que castigan el esfuerzo, la inversión y la iniciativa privada terminan frenando el desarrollo y limitando las oportunidades para las nuevas generaciones.