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#CrónicasDeUnaSala: de cuarta

» Por Heidi Venegas - Doctorado en comunicación, nuevos medios, Tics.

Imagen generada por IA.

Exactamente al momento de encontrarme redactando la presente salió a la luz pública la noticia de que los magistrados suplentes habían rechazado el nombramiento. Es decir, conscientes de que la Sala Constitucional no tiene los atributos ni las potestades, para semejante acto. En corto: no puede. Es la primera vez que sucede algo así. La Sala Constitucional funciona y ha funcionado aunque nunca nadie, los ciudadanos, los haya elegido en elecciones libres y democráticas. Eso tiene que estar pesando en el criterio de los suplentes en cuestión. Yo pienso.

Cuando la Sala Constitucional autorizó la reelección presidencial del expresidente y premio Nobel de la paz Oscar Arias Sánchez me encontraba a miles de kilómetros de mi patria. En un momento en que la Internet era todavía muy incipiente con lo cual uno se enteraba muy parcialmente de lo que estaba sucediendo acá. Además estás localizado localizada en otra realidad —viviendo. A mi regreso por supuesto lo primero que pregunté incansablemente a todo el mundo —y a toda la munda— fue era: ¿por qué se reeligió Oscar Arias? ¿No era que eso no era posible en Costa Rica? ¿Que eso era prohibido de hecho por Constitución? ¿Que algo así sería como una herejía?

Nadie nunca supo dar razón de lo que había sucedido. Que raro. ¿Cómo es posible que una Sala Constitucional autorizara algo así? Era como un hechizo. Todos adormilados. Con los ojos vendados o con un tapabocas —eso vendría después, en el momento ni lo imaginaba.

Recordaba, como lo mas sagrado, ese principio.  Constitucional. Así se nos había educado y educó todo el tiempo, en el sistema público —escuela y colegio. Era algo así como el valor supremo de nuestra patria. Gracias a ello nunca tendríamos una dictadura —so to say, se dice en Inglés para denotar el sarcasmo o la paradoja—, se nos explicaba y tenía por tanto un valor: y bastante lógica. Era algo así como una vacuna infalible.

Aunque lo de José Figueres se nos explicaba que su primer mandato había sido muy corto y de transición luego de la “revolución del 48” (primero se hablaba en esos términos ya después lo cambiaron a “guerra civil” el primer concepto es bastante comunista ateo materialista por lo demás) por eso él sí había podido reelegirse. Ahora sí, la segunda vez, para poder gobernar como se debe, a sus anchas. Digamos. Así lo interpretaba así lo entendía.

Luego vino la universidad y ahí si que no entendí nunca nada. Se hablaba del modelo socialdemócrata, como la gran cosa. El gran logro. Cual pomada canaria. En lo personal me daba igual una cosa o la otra. Sinceramente. No me sentía identificada con esa narrativa. Claro lo que si te van metiendo es muy sutil obvio las ideas del socialismo comunismo progresismo y todo eso. Tan negativo. Es tan sutil que uno lo va digiriendo.

Ahora bien, cuando se reelige uno se puede reelegir el otro. No tiene mayor complejidad, ni trama. Cierto. Es una urdimbre de fácil descifrar. En democracia. Sin embargo, la Sala asecha de nuevo y lo impide. Dice que no. Cual si fuese el senado de Nerón. No puede decir algo así, porque ya lo permitió. Con lo cual no puede haber argumento jurídico viable, factible, o cualquier otro adjetivo calificativo relativo y mucho menos político que valga. Yo pienso.

En el 48 se urdieron a todas luces muchos nudos. Gordianos, esos que sólo con una espada se rompen. Aflorando en la actualidad en el presente siglo XXI todas sus incongruencias, que la democracia está reclamando. A gritos. Con justa razón.

Eso de los 38 votos en el parlamento por ejemplo. ¿Habrase visto mayor ardid? No es baladí. Procaz. ¿Alguien sabe de alguna otra? Es pura matemática y mucho cálculo. Oscuro cual noche sin amanecer, posible: celada.

No obstante, hubo un diputado valeroso quien lo advirtió en su momento: don Gonzalo Ortíz Martín citado por el doctor Juan Diego Castro Fernández (quien se ha abocado a investigar tal ignominia, gracias a Dios). Don Gonzalo advirtió lo siguiente con soberana claridad y visión: “Veremos a la oposición furibunda a cualquier reforma de la argolla judicial, muy difícil de poder.”  Muy difícil de poder alcanzar cualquier reforma. Ojo. Así lo profetizó el diputado Ortiz Martín, hace 77 años.

Él lo dijo: eso no se hace. Os lo reclamarán Dios y los costarricenses del mañana. Y aquí estamos. De frente.

Yo lo cocino, yo me lo como. La misma Sala Constitucional aprobó la reelección, sin dilación. Y en apariencia fue el mismo Oscar Arias Sánchez el que presentó tal solicitud ante la Sala. Yo quiero reelegirme: ¿si me lo permite la Sala Constitucional?

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