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Costa Rica: la última ventana

» Por Lic. Leonardo Campos Castillo - Economista

Durante décadas, Costa Rica tuvo una extraordinaria ventaja silenciosa: su estructura demográfica. Mientras disminuía el peso relativo del segmento de población compuesto por niños y jóvenes dependientes, una proporción creciente de personas alcanzaba la edad más productiva. Era el escenario ideal para elevar el ahorro, la inversión y la productividad, sobre bases que permitieran décadas de creciente bienestar.

Pero el dividendo demográfico no es automático. Y, sobre todo, no es eterno.

Hacia finales de la próxima década, Costa Rica empezará a envejecer más rápidamente, y aumentará el peso relativo de la población que demandará más pensiones, salud y servicios de cuido.

Hay una forma todavía más clara de entenderlo: cuántas personas dependientes debe sostener potencialmente cada 100 personas en edad productiva. Costa Rica todavía disfruta de una relación favorable, pero eso está por cambiar. La OCDE estima que hoy tenemos alrededor de 20 adultos mayores por cada 100 personas en edad de trabajar y que hacia mediados de este siglo tendremos cerca de 50. En el horizonte más largo, la relación podría acercarse a 90. La tendencia es global, pero Costa Rica está entre los países donde el envejecimiento será particularmente rápido.

Esto no es una curiosidad demográfica. Es una advertencia económica y fiscal.

Una proporción relativamente menor de trabajadores deberá producir los ingresos y pagar los impuestos y cotizaciones que sostendrán a una creciente población adulta mayor. Aumentará la presión sobre pensiones, salud y cuidados de larga duración. Al mismo tiempo, habrá menos niños y jóvenes, lo que debería permitirnos pasar de una política educativa preocupada por montos mínimos de presupuestos y coberturas, a otra enfocada en la calidad. En una sociedad que envejece, cada joven que ingresa al mercado laboral importa más.

Dicho de otra manera: a futuro, se necesitará que cada trabajador sea mucho más productivo que hoy.

Y allí aparece nuestro verdadero problema. Costa Rica aprovechó solo parcialmente su bono demográfico. Atrajo inversión extranjera, diversificó exportaciones y desarrolló sectores de elevada productividad. Pero al mismo tiempo mantuvo otra economía atrapada en informalidad, desempleo, baja productividad, infraestructura insuficiente, trámites excesivos y una educación que entró en modo “apagón”.

En demasiados campos hemos practicado el “nadadito de perro”: suficiente movimiento para mantener la cabeza fuera del agua, pero insuficiente para llegar a alguna parte.

Durante décadas diagnosticamos los mismos problemas y se discutieron reformas del Estado, de la educación, del mercado laboral, de la infraestructura, la competitividad, el sistema de salud y las pensiones. Han cambiado los gobiernos, los discursos y los problemas permanecen. Solo que ahora la demografía le pone un reloj a la procrastinación de los gobiernos. Y cuando las reformas se posponen durante décadas, finalmente desaparecen las soluciones cómodas.

Hoy necesitamos la disciplina fiscal como un eje transversal de todas las reformas pendientes. Porque financiar un Estado cada vez más costoso y endeudado sobre una población activa proporcionalmente menor, es una batalla que ninguna ideología puede ganar. Cada costarricense nace con una deuda de ₡7,075,166 (considerando la deuda pública del Gobierno Central y la del Estado con la CCSS). Además, el aparato público está cada vez más estrangulado, ya que cada año destina 40% de su presupuesto a pagar deuda y  25% a remuneraciones, sin margen para realizar inversiones de capital que mejoren los servicios.

Afortunadamente, el gobierno actual tiene a su favor un activo muy valioso, pero perecedero: un capital político para impulsar esa agenda de reformas difíciles. Ese capital no puede desperdiciarse en distractores, provocaciones de opositores políticos, controversias secundarias o enfrentamientos que producen titulares, pero ninguna mejora permanente en productividad o bienestar.

La pregunta para el actual gobierno es qué reformas dejará planteadas o aprobadas para que Costa Rica funcione durante los próximos treinta años. ¿Cuáles son esas reformas, cuándo se presentarán?

Durante décadas pudimos avanzar de manera pausada porque el viento demográfico soplaba a favor. Pero no lo hicimos y pronto soplará en contra.

Costa Rica ya no tiene tiempo para el “nadadito de perro”. Es hora de escoger una dirección y empezar a remar.

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