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Costa Rica está por encima de nuestras diferencias

» Por Luis Fernando Allen Forbes - Director ejecutivo Asociación Salvemos El Río Pacuare

Costa Rica tiene una historia que nos recuerda que la paz no es simplemente la ausencia de conflicto. La paz es una decisión diaria, una forma de entender la vida en sociedad y, sobre todo, una responsabilidad que debemos asumir quienes tenemos la oportunidad de servir al país.

En momentos en que las diferencias parecen ocupar demasiado espacio en nuestra conversación nacional, debemos detenernos y preguntarnos: ¿hacia dónde estamos llevando a Costa Rica?

Podemos pensar diferente, y podemos tener distintas visiones sobre cómo resolver los problemas del país. Podemos debatir, cuestionar y señalar aquello que consideramos equivocado. Eso también es parte de una democracia. Pero no podemos permitir que nuestras diferencias se conviertan en una guerra permanente donde el objetivo termine siendo derrotar al otro, en lugar de construir soluciones para todos.

Cuando quienes dirigen los destinos del país se enfrentan constantemente, cuando las instituciones se convierten en escenarios de confrontación y cuando las cosas verdaderamente importantes quedan atrapadas en disputas políticas, el costo no lo paga una persona, un partido o un gobierno. El costo lo paga Costa Rica.

Los servidores públicos debemos recordar algo esencial: nos debemos al pueblo. No llegamos a ocupar responsabilidades públicas para alimentar enfrentamientos, defender intereses particulares o convertir cada diferencia en una batalla. Llegamos para servir. Para escuchar. Para buscar acuerdos. Para resolver problemas y para dejar un país mejor del que encontramos.

Costa Rica necesita que volvamos a poner en el centro aquello que verdaderamente importa: la seguridad de nuestras comunidades, la educación de nuestros niños y jóvenes, las oportunidades para las familias, el desarrollo de nuestros territorios, la protección de quienes más lo necesitan y la construcción de un futuro donde nuestros hijos puedan vivir con dignidad y esperanza.

Muchos creemos que el Creador guía nuestros pasos y que quienes tienen en sus manos responsabilidades de liderazgo necesitan sabiduría para tomar decisiones que influyen en la vida de toda una nación. No se trata de imponer una creencia sobre otra, sino de reconocer que el servicio público también puede estar acompañado por valores como la humildad, la justicia, la prudencia, el respeto y el amor al prójimo y en ese camino también debemos reconocer una dimensión que para millones de costarricenses es fundamental: la fe.

Costa Rica ya ha demostrado al mundo que puede escoger caminos distintos para resolver sus diferencias. Nuestra historia nos recuerda que la paz es una construcción colectiva y que las instituciones, con todas sus imperfecciones, deben estar al servicio de la ciudadanía.

Porque al final, más allá de nuestras posiciones, todos compartimos la misma tierra. Nuestros hijos heredarán las consecuencias de nuestras decisiones, y si permitimos que Costa Rica se divida cada vez más, todos perdemos.

Finalmente, si los costarricenses somos capaces de recuperar el diálogo, respetar nuestras diferencias, trabajar desde nuestras instituciones y recordar que el servicio público es, ante todo, un servicio al pueblo, podremos volver a encontrarnos en aquello que nos une.

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