Contingencia fiscal vs reforma estructural

Estamos de acuerdo en que la emergencia fiscal requiere medidas de urgencia ante un panorama incierto y de alto riesgo.

Sin embargo, de no aprobarse medidas legislativas que ataquen el problema en su raíz, y que no sean simples parches temporales para paliar una crisis solo con aumento de la recaudación, en menos de dos años estaremos envueltos en otra discusión cuyo enfoque será buscar a qué otras actividades, bienes o servicios le ponemos impuestos otra vez.

En el año 95 se dijo que con la reforma tributaria aprobada por la administración Figueres Olsen, se resolverían de una vez por todas las eventuales crisis ulteriores a ese cuatrienio. No habían pasado 8 años cuando la administración Pacheco de la Espriella y luego la de Chinchilla Miranda, intentaron, de manera infructuosa, la aprobación de sendos paquetes tributarios que pretendieron expoliar el bolsillo de los ciudadanos.

Llega la administración Solís Rivera y consume sus 4 años gestionando sin éxito nuevos tributos, política que ha continuado el presidente Alvarado y su equipo económico de manera persistente y con gran tenacidad.

Pequeños y bien intencionados esfuerzos de la Ministra de Hacienda para contener el gasto, son medidas insuficientes ante la magnitud del problema existente. Pero, mientras no aceptemos que se deben buscar otras fuentes de ingresos no tributarios, como la venta de activos improductivos del estado, la fusión de algunas instituciones y el cierre de otras, la explotación del gas natural y del petróleo para paliar y reducir las deudas, tanto interna como la externa, con los fondos obtenidos con esa riqueza de nuestro subsuelo; y además, la aprobación de una reforma de empleo público que nos lleve a una homologación salarial, que regule la política salarial para nuevos ingresos y que frene abusos en algunas anualidades u otros pluses salariales, continuaremos cada cierto tiempo, de manera cíclica, buscando cuáles nuevos bienes, servicios o actividades deberán gravarse nuevamente para sostener la frondosa plantilla del estado costarricense.

Tampoco nos gusta innovar y copiar experiencias exitosas de otros países, como Hungría, Estonia, Canadá y Estados Unidos, que se arriesgaron a reducir tributos a las empresas, y hoy en día, comienzan a ver aumentos sustantivos en la recaudación de ingresos y reducción evidente del desempleo, como consecuencia de tales reducciones en la renta de las empresas y los consorcios productivos de sus respectivos países.

Debemos tomar decisiones innovadoras y no continuar por el círculo vicioso de la política tradicional de impuestos crecientes y gasto creciente, típica de las economías clientelistas y conformistas frecuentes de nuestra América Latina.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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