
El poder de la mente humana, a veces; resulta al extremo perjudicial, cuando el hombre lo emplea para idiotizar a sus semejantes, como en el caso de los militares norcoreanos en los desfiles, mientras sostienen una pancarta muy larga; de seguro, con unas consignas inherentes a la defensa de la soberanía nacional; cuyos rostros enfocados en un primer plano por la cámara de la televisión, evidencian un adoctrinamiento y una enajenación, junto a la inocencia; propia de la edad, ellos lucharán, matarán al enemigo y morirán felices de haber defendido la patria; sin la conciencia de haber sido “carne de cañón” desde el inicio de su carrera bélica.
Por antonomasia; se asoma el recuerdo infausto de las huestes hitlerianas y de las fascistas, que tantas muertes y destrucciones causaron al mundo.
La conclusión más triste del caso en cuestión; estriba en el hecho de que “la carne de cañón” fue obra de un solo genocida, mal llamado “líder”; cuyo poder mental ha desencadenado la “carnicería”; valga la redundancia, en la mayoría de las veces.
—
Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo y número de identificación al correo redaccion@elmundo.cr