
En la última semana los jerarcas de la política exterior costarricense parecen haber perdido aún más el sentido de la ubicación. El reciente establecimiento de relaciones diplomáticas con la emergente nación de Vanuatu, las reuniones del presidente Alvarado con el primer ministro de Nepal para luchar contra la pobreza y los nombramientos en embajadas y consulados muestran que hemos perdido el norte.
Vanuatu, se encuentra en Oceanía, es un país insular que se compone de doce islas grandes y varias decenas pequeñas. El viernes 28 de septiembre Costa Rica estableció relaciones diplomáticas con la República de Vanuatu. Lo anterior, en el marco de la 73° Asamblea de las Naciones Unidas (ONU), donde la vicepresidente y canciller, Epsy Campbell firmara el acuerdo juntó con Ralph Regenvanu ministro de relaciones exteriores del país oceánico.
Para la señora Campbell “Costa Rica tiene una política de universalización de relaciones diplomáticas y principalmente con aquellos socios con los que tenemos importantes coincidencias. Vanuatu tiene un sistema democrático reciente, por lo que Costa Rica se presenta como un socio estratégico para el intercambio de experiencias en materia de paridad de género, inclusión social y también en temas relacionados con la institucionalidad democrática”.
Incluso afirmó que ambos países se asemejan mucho, y que Vanuatu se autodefine como la Costa Rica del Asia Pacífico, por su promoción a los derechos humanos, conservación ambiental y desarrollo sostenible.
Ahora bien, todo esto podría parecer bastante atinado a la política exterior costarricense. A no ser porque Costa Rica y Vanuatu no son tan similares, particularmente por el hecho que la República oceánica es el nuevo paraíso fiscal. En este país no se graban los impuestos sobre sociedades, tanto empresas internacionales como nacionales. Las empresas están exentas de controles de capital, incluso los datos del director y accionistas no son de carácter público y; como si esto fuera poco, se autoriza a las empresas a mantener sus cuentas, minutas y/o registros en cualquier lugar del mundo.
Pareciera ser entonces, a Cancillería se le olvido que en territorio nacional se está aprobando un proyecto de ley que afectará los bolsillos de los costarricenses. Un plan fiscal que no aportará más de un 2% a un déficit que ronda el 8%. Pero aún peor, pareciera ser que los jerarcas desconocen los estudios del Ministerio de Hacienda que sitúan la evasión fiscal en un 8% del Producto Interno Bruto (PIB).
Es decir, el Gobierno por un lado le exige a los costarricenses pagar más impuestos, sin presentar propuestas claras de lucha contra la evasión. Y por otro firma acuerdos diplomáticos con paraísos fiscales.
Otro ejemplo claro de cómo Costa Rica ha perdido el norte en el mar de las relaciones internacionales, es la agenda en conjunto que planteo el presidente Alvarado con el primer ministro de Nepal, Khadga Prasad Oli.
Carlos Alvarado destaco que la reunión se daba en el marco de generar espacios de lucha contra la pobreza, paradójicamente Nepal es de los países más pobres de Asia con un 25% de la población en esa condición, según apunta el Banco Mundial y la ONU. Y Costa Rica tiene varias décadas de no poder disminuir significativamente la pobreza, la cual parece estar estancada en un 20%.
Pareciera ser entonces la Cooperación Sur-Sur que se planteó en la reunión no tiene mayor beneficio, entendiendo esta modalidad de cooperación como el intercambio de recursos, tecnología y conocimiento entre países en desarrollo. Esto siendo evidente que sería muy poco lo que podríamos recibir de Nepal y nuestra cartera de oferta en cuanto a lucha contra la pobreza no parecer ser una efectiva.
No obstante, la cooperación triangular podría ser una oportunidad. Está no es más que la asociación entre tres países que llevan a cabo proyectos financiados y ejecutados por un socio donante (que normalmente será un país desarrollado), un país emergente como socio (eventualmente podría ser Costa Rica) y un tercer país receptor o beneficiario de la intervención (que no sería Nepal).
Sin embargo, lo anterior dependerá del hecho que algún país desarrollado esté interesado en invertir sus fondos destinados a la cooperación internacional en ambos países, situación que no es segura.
Finalmente, no se puede olvidar la ferviente lucha que dio el partido de gobierno en la campaña presidencial por profesionalizar el servicio exterior. Postura que olvidaron al entrar en gobierno, iniciando con una serie de cuestionados nombramientos de personas que no contaban con carrera en el servicio exterior y que en ocasiones apenas alcanzaban los requisitos mínimos para ser designados en embajadas y consulados.
Se puede comprender que los nombramientos del servicio exterior están inmersos de un carácter político y que son en parte puestos de confianza del Ejecutivo, pero esto no puede generar situaciones como las anteriormente descritas.
Costa Rica históricamente ha sido reconocida por su política exterior de respeto al derecho internacional, los derechos humanos, el desarrollo sostenible, el desarme, la paz y la democracia. Es a esto a lo que debemos apuntar y no a firmar convenios con paraísos fiscales, a nombramientos injustos y mostrarnos desconocedores de aspectos básicos de las relaciones internacionales.
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