
Estados Unidos bajo la administración nacionalista de Trump mejoró los niveles de desempleo vividos por la economía desde el año 2000, hasta el inicio de la pandemia marzo 2020. No obstante la posición del presidente Trump, en relación a los compromisos internacionales de EEUU y los ataques del mandatario a las Naciones Unidas y otras instituciones que coadyuvaron a mantener unido al mundo tras la II Guerra Mundial, aisló su gobierno del resto del planeta.
Está claro que el objetivo principal de Trump era “recuperar la grandeza” de la economía estadounidense y, con ella, situarse en un formato político-mundial más reducido, apartándose de las estrategias de dirección global y configuración económica del mundo y regresando a la política clásica de gran potencia.
Cabe destacar el discurso nacionalista y xenofóbico utilizado por Donald Trump, durante sus cuatro años de gobierno, amparándose en la libertad de expresión, una libertad que no es absoluta y está limitada cuando colisiona con otros derechos como la igualdad, el derecho al honor o la dignidad de la persona.
Sin duda alguna, ese discurso del odio constituye una amenaza para los valores democráticos, la estabilidad social y la paz. Los argumentos utilizados por el presidente Trump se basan en prejuicios y estereotipos sobre colectivos, que por su simplicidad y repetición, calan en la población con facilidad, sobre todo en un contexto de crisis económica, pandémica y social.
Ese discurso ha encontrado en Internet el canal de propagación ideal, entre otros motivos por el anonimato e impunidad que la red permite a sus autores. Fundamentalmente, se están explotando los medios sociales y otras formas de comunicación como plataformas para promover la intolerancia.
Los movimientos neonazis a favor de la supremacía blanca están avanzando, y el discurso público se está convirtiendo en un arma para cosechar ganancias políticas con una retórica incendiaria que estigmatiza y deshumaniza a las minorías, los migrantes, los refugiados, las mujeres y todos aquellos etiquetados como “los otros”.
Las políticas que Trump ha aplicado han avivado las preocupaciones a nivel doméstico y externo, porque en vez de fortalecer los ideales democráticos, ha girado hacia el populismo económico y el nacionalismo, desprestigiando la ciencia como respuesta a encontrar la cura contra el coronavirus y culpando la globalización y el comercio de reducir los ingresos y los empleos locales.
Por último, las elecciones recientes en Estados Unidos señalan a Biden como ganador pese a que Trump no ha admitido haber perdido las elecciones. Mientras tanto Biden reiteró la idea de que los oponentes políticos no son enemigos y recordó que trabajará “para ser un presidente que busque unificar, no dividir”. En este sentido fue tajante al determinar que “esta sombría era de demonización en Estados Unidos debe terminar, aquí y ahora.
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