No necesitamos 8% del PIB para la educación pública, fueron buenas intenciones establecer hasta constitucionalmente ese porcentaje, pero lo que realmente necesitamos es eficiencia en el uso de los escuálidos recursos de nuestro país, aunque sea cualquier porcentaje mucho menor que eso. Tenemos miles de malos ejemplos que ilustran el mal uso de los miles de millones de colones que ha significado la ineficiencia en el uso de esos recursos. El problema no es la institucionalidad ni las instituciones de nuestro país. El problema es la poca o ninguna capacidad de las personas. La eficiencia es el motor del mundo. Con más eficiencia no se perderían miles de millones de las mismas bóvedas de un banco nacional. Con más eficiencia no estarían los expedientes judiciales compitiendo con las listas de espera de la CCSS. Hay que hacer lo que hay que hacer. Para eso es un cambio de gobierno. Eliminar las reelecciones y los nombramientos vitalicios: Excelente. No puede ser que Costa Rica ocupe el último lugar de la OCDE en desarrollo digital del sector público pero primer lugar en privilegios salariales para este sector público. También se prevendrían y se evitarían muchos otros problemas si el TSE por fin tuviera entre sus prioridades, estar actualizando diariamente todos lo relativo a nuestros procesos electorales: no más reelección de diputados ni de ningún funcionario público, nunca más nombramientos vitalicios de funcionarios públicos, no más candidatos con doble postulación para presidente y para diputado, disminuir la cantidad de diputados, establecer y exigir más y mejores requisitos y sanciones a los candidatos, a los partidos, en fin, etc, etc, etc.
La institucionalidad es parte de la democracia. Las reelecciones y los nombramientos vitalicios NO. Nadie es indispensable. Por fin para este año 2026 pareciera que se va a empezar a pedir informes al Poder Judicial. Pero eso no es suficiente. Nadie es indispensable. El problema son las reelecciones y los nombramientos vitalicios en el Poder Judicial y en todo el sector público. Necesitamos que por fin, todas las instituciones públicas hagan todo lo que se supone tienen que hacer. Obvio. Pero siguiendo los procedimientos y leyes establecidas. Lo contrario es anarquía. Muy importante el tema este de defender la institucionalidad de nuestro país. Pero también es muy necesario fortalecer los controles internos y externos para que todas nuestras instituciones públicas sigan cumpliendo con sus objetivos, propósitos y metas para las que fueron creadas, en beneficio de todos los costarricenses. Hace muchos años todas las instituciones públicas se preocuparon por definir y poner por escrito, la visión y la misión de cada institución. Es necesario que tanto esa visión como la misión sean objeto de actualización, seguimiento y evaluación de cumplimiento, por lo menos anualmente. Para eso es un cambio de gobierno. Hay que hacer lo que hay que hacer.
Eliminar las pensiones de lujo y los nombramientos vitalicios de funcionarios públicos: Excelente. No puede ser que todas las sanciones que hay que ejecutar para defender al Estado y por ende a sus habitantes, a todos los demás costarricenses, tarden años y años y hasta prescriben: la trocha, el cementazo, el caso cochinilla, el caso diamante, los privilegios de las convenciones colectivas del sector público, el combustible de los diputados y otros funcionarios públicos, las pensiones de lujo, los pagos de más dizque por errores en las planillas del ministerio de educación y otras instituciones públicas, las repúblicas independientes, el abandono de la educación pública primaria y secundaria por privilegiar al FEES, carreteras y hospitales en lento proceso, en fin. La gran mayoría de los problemas de Costa Rica se resolverían muy fácilmente si todas las auditorías internas, contralorías y demás instituciones de control de gasto público, por fin comprendieran que su trabajo es muy importante y necesario para nuestro país, aunque sus salarios y privilegios sean pagados por cada institución pública, su deber inicial y final es por y para Costa Rica, porque de lo contrario, nunca van a alcanzar ni todos los impuestos ni la enorme e inmanejable deuda pública para cubrir tantas y tantas fallas en el control de los gastos. Así como el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, el dinero fácil y rápido corrompe fácil y rápidamente.