Algunas lecciones derivadas de la huelga contra el plan fiscal

Dos actores; el padre y la madre discutiendo sus puntos de vista en un conflicto familiar, ambos intolerantes y apegados a su libreto de orgullo y prepotencia, y mientras tanto los hijos sufriendo las consecuencias de su falta de acuerdo.

Traslademos ese escenario a la huelga. Un gobierno y unos sindicatos que dieron ejemplo, de cómo no tuvieron capacidad de negociar con humildad una salida pronta, respecto a una realidad fiscal que ambos estimaban que debía enfrentarse. Mientras  las partes se confrontaban, miles de niños  y adolescentes,  trabajadores, adultos mayores, sectores productivos, pacientes, turistas y demás,  sufriendo las consecuencias de la inutilidad e incapacidad para ponerse de acuerdo. Una cosa es encontrarse y sentarse, y otra es negociar. Las pérdidas económicas reales de este episodio no se han cuantificado, pero podrían  ser  muchísimos millones,  de los 490 mil millones que el país espera recaudar con el proyecto aprobado en primer debate. Unos celebran la firmeza mal entendida del gobierno, otros lamentamos la inercia en la que estamos. Ni hacemos las obras públicas en tiempo, ni resolvemos los problemas políticos con celeridad. Nos hemos especializado en dejar que el tiempo pase. En eso  somos muy buenos.

Paradoja: Todos dicen que el país debe hacer algo urgente en el tema fiscal, pero  tanto quieren las partes la reforma, que entre todos la impedían. Nadie afloja. Todos quieren patearle la cara al otro. Lo sensato era haber concertado un plan con las ideas valiosas de unos y otros. Pero de pronto todo se convirtió en un pulso insensato, que le ha generado mucho daño al país. La firmeza política improductiva se ha convertido en mal de todos. Mientras tanto París vale una misa.

Las partes de este pugilato político, incluyendo los diputados,  nos han  quedado debiendo.  Las cosas definitivamente pudieron haberse hecho de otra manera, con un poquito de inteligencia, humildad y buena voluntad.  Hoy el país  está sufriendo  esa falta de capacidad política,  porque nada está resuelto con certeza. La Sala IV dará su dictum jurídico,  a un problema esencialmente político.

En mi modesta opinión esta huelga  nos deja,  al menos, algunas lecciones.

Primera: No dejes para mañana,  lo que ya ves venir.

Del mismo modo que tardamos años en construir una carretera, o un puente. De la misma manera que nos dan una cita en la CCSS para dos o tres años plazo. Igual actuó el Gobierno con la huelga. Esa huelga fue anunciada dos meses antes de empezar. El gobierno y la Asamblea Legislativa sabían de ella.  Si sabían eso; ¿por qué no iniciaron el diálogo desde antes de reventar,  y resolver el conflicto con prontitud, sin que pasaran tantos días, afectando con esa postergación,  la economía, los servicios públicos y la ciudadanía?  ¿No era mejor,  que lo que sería mañana,  se empezara a resolver desde hoy?  ¿No es cierto que todos coinciden en que el país debía aprobar un plan fiscal?  Pero no. No se hizo, porque hay que jugar con la política del “tanteo”, de la firmeza mal entendida,  y de la rendición previa del otro. En términos populares, había que “romperle el hocico primero al otro”.   Mal hábito además, el  de tirar la bola siempre para adelante, y también “mala nota “seguir usando el miedo en Costa Rica para tratar de resolver ciertos problemas nacionales. Cuando hay conflicto social, no solo hay que ser preventivo, sino muy ejecutivo cuando estalla el conflicto. Cada parte con sus propuestas y maneras, pero también cada uno con la suficiente humildad para llegar a acuerdos.  Los líderes que necesitamos en todos lados,  son aquellos que resuelven problemas con sabiduría, no los que son parte del problema.

Segundo: No digas que estás abierto al diálogo, si pones condiciones que lo impiden. Alguien puede llamar al diálogo reiteradamente, pero si la condición es que la otra parte se rinda previamente y entregue las armas, eso ya no se llama diálogo, recibe el nombre de imposición. Las dirigencias tanto políticas como sociales tienen que ser sinceras y tener voluntad y transparencia cuando quieren recurrir a la negociación. Sentarse a negociar si ustedes cesan el movimiento, o  comenzar a dialogar si Usted retira el proyecto fiscal, incluso sin poder hacerlo, por temas de procedimiento, son inflexibilidades que aunque se superen, provocan paredes que atrasan el diálogo o lo impiden. El diálogo sincero exige  limpieza espiritual de las partes  por el bien del país.  Las condiciones que impusieron las partes  en esta huelga para el diálogo, fueron sencillamente  la negación del diálogo. La prueba es que nunca llegaron a un acuerdo, y aunque hasta ahora sin que haya fallado la Sala IV, se podría decir que triunfó la tesis del Gobierno y de la Asamblea, el costo económico, social y sobre todo emocional ha sido demasiado alto. El país ha quedado fracturado más de lo que estaba, y ahora hay que trabajar mucho por articular una sociedad política que además sabemos, no está satisfecha con el estado de cosas.

Tercero: No digas que informas con objetividad,  si perdiste la capacidad de informar con seriedad.

Ha sido muy evidente el rol tendencioso de algunos periodistas y medios de comunicación,  en favor del desprestigio de personajes y movimientos que planteaban oposición al plan fiscal, o su aprobación.  No tengo duda que muchos de esos medios  dejarán de ser leídos, escuchados y vistos por muchas personas, debido  a la sustitución que hicieron de su deber de informar,  por apalancar especialmente tesis oficiales,  de quienes han promovido y apoyado la propuesta fiscal o de quienes la han combatido. El problema no es que los medios tomen partido, lo grave es que se declaren objetivos e imparciales, faltando a la transparencia que, por ejemplo, le reclaman a los políticos. Es como aquellos que censuran la evasión fiscal en sus editoriales, mientras tienen millonarias causas de violaciones tributarias contra sus empresas. En algunos casos la propaganda ha sido rabiosa y hasta odiosa. Esa actitud de algunos medios muestra claramente el clima de “locura “que reina en el país, donde la objetividad, la serenidad, y la reflexión respetuosa acerca de los problemas que debemos resolver, ha descendido a impulsos meramente emocionales, intereses individuales y gremiales, muchas veces negativos, que no contribuyen en nada a forjar la sociedad que debemos construir. Hasta intelectuales connotados, los he visto fuera de sí, con escritos y palabras irrespetuosas y ofensivas contra quienes no piensan como ellos. Ni se diga de algunos gremios y hasta cámaras empresariales, que han provocado enfrentamientos personales y poco edificantes contra los que promueven otras lecturas fiscales. Así como oí a muchos trabajadores decir,  que no se sentían representados por los sindicatos debido a algunos excesos en las medidas de huelga, escuché también a empresarios afirmar lo mismo respecto de posiciones radicalmente de confrontación al cuerpo, proclamadas por algunas dirigencias empresariales

Cuarto: No digas que defiendes derechos constitucionales,   violentando al mismo tiempo,  otros derechos constitucionales.

Definitivamente los sindicatos también deben aprender mucho de esta huelga. Iniciar el movimiento con un planteamiento que impedía el diálogo frente a un gobierno también tozudo, no era un buen comienzo. Sin bien es cierto al  principio lograron apoyo significativo de la población, el mismo se fue debilitando,  cuando comenzaron a usar de manera reiterada,  el cierre de carreteras y  la disminución sensible de prestación de servicios esenciales, en salud, en educación,  y hasta en justicia.  La estrategia, por ejemplo,  de  impedir el libre tránsito, con tácticas diversas, y de posponer la atención de muchos servicios a costarricenses que demandaban atención hospitalaria y de salud fundamentales, no fue bien recibida por la gente y desplegó censuras de quienes consideraban que se estaban violando sus derechos también constitucionales. La Constitución vigente establece el derecho a huelga como un derecho constitucional en favor de los trabajadores. Pero también la Constitución protege el derecho a la salud y al libre tránsito como un derecho constitucional de los habitantes. La defensa del derecho constitucional a la huelga, violando otros derechos constitucionales no fue una buena estrategia de los sindicatos. Esa paradoja no es aceptable para la población.  El sindicalismo costarricense habrá de reflexionar mucho,  sobre cómo enfrentar en el futuro este tipo de luchas,  con métodos modernos y menos lesivos para los derechos de la ciudadanía, sobre todo para aquella  que no es parte organizativa de su movimiento.

Quinto: Cuidado con las redes de pescadores, porque siempre habrá  pecadores.

En medio de ese escenario desvertebrado y pegajoso se fueron acercando los poderes fácticos con sus especialistas en lobby para ir sacando “ tajadas “ en favor de sus intereses, y con ello ir sembrando en el proyecto enviado por el gobierno,  normas que a su vez generaron más conflicto respecto de la viabilidad del proyecto fiscal.  El rechazo, por ejemplo,  a las amnistías tributarias, para citar un solo punto, forma parte de esas enmiendas que se agregaron y que estuvieron y están en el ojo de quienes adversan el proyecto fiscal que se aprobó en primer debate. Ciertos personajes del mundo jurídico financiero, especialistas en sacar provecho de estas coyunturas, se fueron acercando al Congreso de la República a manosear con criterio de cofradía, el texto inicial enviado por el Gobierno a conocimiento de los diputados.

Muchos diputados recién llegados al parlamento cayeron en las redes, y empezaron el camino de las complacencias, que sin duda ha hecho tortuoso aprobar un texto más simple,  y sin errores de procedimiento parlamentario.

Sexto: En toda confrontación siempre hay algo positivo: Nos hemos dado  cuenta de la existencia de un gran malestar nacional.

A diferencia de otros momentos, donde también se han discutido reformas fiscales, el plan actual ha servido para extraer  un elemento democrático extremadamente positivo. La población ha expresado,  y sigue expresando  su malestar con el quehacer irresponsable de la clase política. Parece que los ciudadanos cada vez están menos dispuestos a aceptar despilfarros, corrupciones, y sobre todo privilegios de aquellos que  gobiernan y de los administradores públicos, así como de los grandes consorcios privados y de los abusos gremiales. Ya eso es ganancia, si hubiese capacidad en la sociedad democrática,  de aumentar los mecanismos de control y de rendición de cuentas.  Estoy convencido,  que el país será más exigente con quienes usan y administran el Poder, y con sus relaciones a menudo contaminadas con sectores privados y sociales que no les interesa la patria,  porque no ven otra cosa más que su provecho personal o empresarial,  aunque el país se vaya al carajo. Esa rebeldía sana y justificada de la ciudadanía es un gran activo, que las dirigencias políticas, sociales y empresariales deben saber leer. La exigencia de rendición  de cuentas de los servidores públicos, como lo demanda, por ejemplo,  el colectivo de territorios seguros, la lucha ciudadana contra el despilfarro de fondos públicos, la ineficiencia y la corrupción, es signo de un enorme malestar nacional que se ha visto reflejado a partir del plan fiscal presentado por el Gobierno. Hasta donde tengo memoria, los costarricenses no  negaban darle la mano a un Presidente, ni menos volver la espalda cuando se aprestaba a saludarlos, ni sacar de una Municipalidad a un Ministro de la Presidencia escoltado por decenas de policías. Esos hechos deben leerse correctamente. No son solamente actos de irrespeto, como algunos podrían simplistamente calificarlos. Son además, manifestaciones de un repudio que muchos ciudadanos han ido generando contra las dirigencias políticas, y otros colectivos,  como consecuencia de decisiones y actos que están lesionando severamente la convivencia y las condiciones de vida de los habitantes. El Poder se ha secularizado, pero sobre todo se ha desprestigiado.  En el estado de cosas en que nos encontramos,  parece que todos estamos saliendo lesionados, y la única esperanza es que como lo dije antes, emerja una sociedad más consciente,  que exija cambiar las cosas, organizar el país diferente, y controlar mejor a quienes ejercen el poder, para que construyamos entre todos,  la sociedad de equilibrios sociales que añoramos.

El gran reto pasa por republicar el Poder, y por organizarlo diferente, de modo que sea más legítimo y eficiente. El Estado debe estar en función de la gente, y no la gente en función del Estado. Ese quizás sea el enorme grito que se esconde,  detrás de los conflictos generados a partir del proyecto fiscal.

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, fotocopia de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr.

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