El mensaje de la reciente misión del Fondo Monetario Internacional pareciera ser el correcto y viene siendo algo como “miren ticos, si quieren seguir la fiesta fiscal, entonces, páguenla ustedes con sus impuestos”.
Y porque lo interpreto así. Bueno, empecemos por señalar que los impactos positivos en la recaudación de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas de 2018 se sintieron hasta después de la Pandemia, ya que el cierre de la economía y las medidas de aislamiento llevaron a una drástica caída en los ingresos tributarios, como era de esperar. Pero, además, dejamos que ese impacto en cerrar la brecha fiscal se desvaneciera.
Habiendo exigido semejante esfuerzo al país en la parte de los ingresos, fallamos en la parte de contención y uso eficiente del gasto público, que le tocaba al Gobierno y a la Asamblea Legislativa. A duras penas se cumplió con la regla fiscal que nos sorprendió en el escenario más crítico con el endeudamiento al cuello, de acuerdo con nuestro propio historial.
Dejamos en pausa, como siempre, la lista de tareas en reforma del Estado. No se cerraron programas ni instituciones obsoletas que repiten funciones. Ni siquiera se le entró a FANAL porque era el momento cumbre del alcohol en gel.
Tampoco se movió un dedo para eliminar gollerías en instituciones autónomas. Por el contrario, de manera irresponsable se permitió que el sector municipal, universidades públicas y Poder Judicial, entre otros, se autoproclamaran excepcionales para salirse de la Ley de Empleo Público, que se aprobó para frenar los disparadores del gasto en remuneraciones.
Posteriormente, vino el ataque en bloque contra la Regla Fiscal que se prolongó por los últimos cuatro años, que era lo único que podía salvaros. Ataque que salió principalmente del Frente Amplio y el mismo PLN. Sacaron a las municipalidades primero y vinieron todas las demás instituciones y programas que tuvieran alguna relación, por mínima que fuera, con la atención del COVID y con la posterior reapertura y recuperación de la economía y la situación social.
Se debe reconocer el esfuerzo realizado para sustituir deuda pública cara, la que dicta la ley del mercado, por la aprobada como apoyo presupuestario por los organismos multilaterales como el FMI, BCIE, BID, BANCO MUNDIAL, CAF, entre otras agencias de cooperación.
Pero nos dormimos en los laureles. No se lograron reformas en el tamaño y eficiencia del Estado, aun cuando se disfrutaba del alivio de saber que las transferencias importantes para educación, infraestructura, inversión social, así como para el resto del presupuesto de la República, tenían ya asegurado un financiamiento a menor costo gracias a la cartera de préstamos de dichos organismos multilaterales.
Por tanto, posterior a la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas de 2018, seguimos demostrando que somos un país irresponsablemente “estatista”; que nos encanta la fiesta del gasto público; lentos para hacer reformas; que cuando nos socamos la faja inmediatamente después buscamos la forma de escaparnos, no hay disciplina fiscal; que si nos ayudan con créditos baratos no aprovechamos para poner orden a nivel interno.
Entonces, me queda claro que el mensaje de la reciente misión del Fondo Monetario Internacional si es el correcto y viene siendo algo como “miren ticos, si quieren seguir la fiesta fiscal, entonces, páguenla ustedes con sus impuestos”.