A 18 años del Benemeritazgo de la UNED

» Por Dr. Fernando Villalobos Chacón - Académico Universitario, Historiador.

Cada 10 de octubre, la Universidad Estatal a Distancia (UNED) celebra un aniversario más de su declaratoria como Institución Benemérita de la Educación y la Cultura Costarricense, otorgada mediante la Ley N.º 8623 del 10 de octubre de 2007, aprobada por la Asamblea Legislativa bajo el Expediente N.º 16.565.

Dicha ley fue impulsada por el diputado Bienvenido Venegas Porras, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), quien reconoció en la UNED una de las más nobles expresiones del Estado social costarricense: una universidad que lleva la educación superior a los rincones más apartados del país, rompiendo las barreras de la distancia, la exclusión y el centralismo histórico.

La UNED fue creada en 1977, mediante la Ley N.º 6044, como una respuesta visionaria del Estado costarricense ante los desafíos de la democratización del conocimiento. Su fundador y primer rector, Dr. Francisco Antonio Pacheco Fernández, concibió una institución destinada a ampliar el acceso a la educación universitaria a personas de limitados recursos o residentes en zonas rurales. Inspirada en la Open University del Reino Unido, la UNED adoptó desde sus orígenes una modalidad educativa que, en aquel momento, parecía utópica: la enseñanza a distancia apoyada en materiales impresos, tutorías personalizadas y medios audiovisuales, que posteriormente evolucionarían hacia entornos virtuales de aprendizaje y ecosistemas digitales de inclusión académica.

El benemeritazgo de 2007 fue un acto de justicia histórica. Como expresó el propio diputado Venegas Porras en el plenario legislativo, “la UNED ha sido un instrumento esencial para hacer de Costa Rica una nación de oportunidades, abriendo las puertas del conocimiento a quienes nunca las habían tenido cerca”. Ese reconocimiento no solo exaltó los méritos institucionales, sino que también legitimó una idea de universidad pública profundamente democrática, donde la equidad social es el eje de la excelencia.

Durante sus más de cuatro décadas de labor, la UNED ha tejido un entramado educativo y cultural que trasciende las aulas. Ha formado generaciones de profesionales en todo el país, ha desarrollado investigaciones aplicadas a las realidades locales y ha impulsado programas de extensión que fortalecen el tejido comunitario. Su presencia en cada cantón de Costa Rica representa una conquista social silenciosa pero determinante, pues la educación, en palabras de Paulo Freire (1997), “no cambia el mundo por sí misma, pero cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

El legado de la UNED también se manifiesta en su compromiso con la sostenibilidad, la tecnología y la innovación pedagógica. Hoy, bajo el liderazgo del MBA Rodrigo Arias Camacho, la institución continúa expandiendo su cobertura y modernizando su oferta académica, con más de 60 programas de pregrado y posgrado y una matrícula que supera los 30.000 estudiantes. Su misión de promover la igualdad de oportunidades mediante la educación a distancia se ha fortalecido con el uso de plataformas virtuales, laboratorios abiertos, educación dual y proyectos de cooperación internacional.

En la estructura del sistema universitario costarricense, la UNED ocupa un lugar esencial dentro del Consejo Nacional de Rectores (CONARE), contribuyendo activamente a la formulación de políticas científicas y educativas de alcance nacional. Su vocación de servicio público y su presencia descentralizada constituyen un modelo de gestión académica equitativa, ejemplo para América Latina y paradigma de la educación del siglo XXI.

A 18 años del benemeritazgo y casi medio siglo desde su fundación, la UNED se consolida como símbolo de movilidad social y de justicia cognitiva. Representa una forma distinta de comprender la universidad: no como un recinto, sino como un territorio humano y tecnológico que se expande hacia la comunidad. En un país donde la educación ha sido históricamente el eje de la identidad republicana, la UNED encarna la promesa de que el conocimiento no sea privilegio, sino derecho.

Como recordara el filósofo Edgar Morin (1999), “la misión de la universidad es enseñar a comprender lo humano en su complejidad”. Y esa comprensión, en el caso de la UNED, se ha traducido en una práctica pedagógica que une la ciencia, la empatía y el compromiso social. En su quehacer cotidiano, esta casa de estudios reivindica la utopía del acceso universal al saber, un ideal que como diría José Figueres Ferrer “no se alcanza, pero orienta el camino de las naciones”.

El benemeritazgo de la UNED no fue un gesto ceremonial; fue un reconocimiento al alma inclusiva de Costa Rica. Hoy, al evocarse diez años desde aquel decreto de justicia, la universidad sigue reafirmando su razón de ser: educar a todos y todas, en cualquier lugar del país, con calidad, pertinencia y sentido humano. Esa, y no otra, es la verdadera esencia de una universidad benemérita.

Referencias

Freire, P. (1997). Pedagogía de la esperanza. Siglo XXI Editores.

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.

Asamblea Legislativa de Costa Rica. (2007). Ley N.º 8623. Declaratoria de la Universidad Estatal a Distancia como Institución Benemérita de la Educación y la Cultura Costarricense. Expediente N.º 16.565.

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