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29 de octubre: no olvidar a quienes cuidan y requieren cuidados

» Por Yorleny León Marchena - Ministra de Desarrollo Humano e Inclusión Social

Hoy, junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), convocamos el III Encuentro Nacional de los Cuidados, un espacio para reflexionar sobre los desafíos de nuestro Sistema Nacional de Cuidados y Apoyos (SINCA).

Como ministra rectora del sector social, celebro que en estos cuatro años hayamos logrado echar a andar el SINCA. No teníamos los recursos necesarios, pero casi ninguna buena idea ha contado con todo lo que necesita para nacer.

Los avances son concretos:

  • Hemos llegado a miles de hogares con servicios que mejoran la calidad de vida de las personas en situación de dependencia y de sus familias, especialmente de las mujeres que asumen las labores de cuidado.
  • Desarrollamos experiencias piloto de teleasistencia y asistencia domiciliaria para ampliar coberturas. Reconozco a la Municipalidad de Heredia, pionera en teleasistencia, iniciativa que hoy replican cerca de 17 municipalidades.
  • Instauramos el baremo de valoración de la dependencia, que estandariza su medición y permite orientar mejor los servicios.
  • Creamos cr, plataforma que facilita el acceso a cuidadores certificados, y la credencial Cuidamos+, que ofrece beneficios a quienes cuidan.

Además, hemos emitido cinco decretos ejecutivos para darle sustento jurídico y operatividad al SINCA.

Pero hay desafíos que me preocupan profundamente.

El primero es que estamos encontrando situaciones de dependencia mucho más severas de lo previsto. No solo envejecemos aceleradamente: también aumentan las necesidades de cuidados especializados, cuya atención resulta más compleja y costosa.

El segundo es la presencia de síndromes demenciales, incluso en personas relativamente jóvenes. Ni el Estado ni el sector privado cuentan todavía con capacidades suficientes para atender esta realidad.

Apenas ayer conocimos el caso de una mujer de 49 años —¡49 años!— con Alzheimer, que debió ingresar a atención residencial porque su familia ya no podía continuar cuidándola.

Estamos hablando demasiado poco de un problema extraordinariamente serio.

A ello se suma otra discusión prácticamente ausente del debate público: el desplome de la natalidad.

Nuestro Estado social de derecho y sus mecanismos de financiamiento se construyeron sobre una promesa demográfica que hoy está dejando de cumplirse.

Quizás una de sus mayores amenazas de largo plazo sea precisamente el invierno demográfico, incómodamente ausente de la conversación pública.

Hoy renuevo mi compromiso de seguir construyendo un SINCA capaz de responder a las necesidades de quienes requieren cuidados y de quienes dedican su vida a cuidar.

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