Putian, 06 nov (elmundo.cr) – El humo de cientos de varillas de incienso asciende lentamente frente a los templos. Los visitantes se acercan a los altares, inclinan la cabeza, presentan sus ofrendas y encienden pequeñas velas rojas. A su alrededor, los tejados de arquitectura tradicional china, los faroles y las figuras de dragones forman parte de un escenario donde la espiritualidad continúa ocupando un lugar central en la vida cotidiana.
Estamos en la isla de Meizhou, perteneciente a la ciudad de Putian, en la provincia de Fujian, al sureste de China. Este lugar es considerado la cuna del culto a Mazu, la diosa del mar, una figura venerada por millones de personas, especialmente entre las comunidades vinculadas históricamente con la navegación y la pesca.
El templo ancestral de Mazu es mucho más que un atractivo turístico. Para sus devotos representa un lugar de peregrinación, un punto de encuentro con sus raíces y un espacio para pedir protección, agradecer favores y mantener vivas las tradiciones familiares.

De una joven de Fujian a una divinidad venerada en Asia
La historia de Mazu comienza, según la tradición, en el año 960, durante la dinastía Song.
Su nombre original era Lin Mo y habría nacido en la isla de Meizhou, en una familia vinculada con la vida marítima.
Las leyendas cuentan que desde pequeña manifestó cualidades extraordinarias y una profunda preocupación por la seguridad de los pescadores y navegantes.
Uno de los relatos más conocidos sostiene que tenía la capacidad de percibir cuándo los barcos se encontraban en peligro y que, mediante poderes espirituales, ayudaba a rescatar a quienes enfrentaban tormentas en el mar.
Tras su muerte, tradicionalmente situada en el año 987, comenzó a ser venerada por las comunidades costeras.
Con el paso de los siglos, su culto se extendió por diferentes regiones de China y llegó a Taiwán, Vietnam, Malasia, Singapur y otros territorios del sudeste asiático.
Hoy, Mazu es una de las figuras religiosas más representativas de la cultura marítima china.

Un templo donde las tradiciones siguen vivas
En el complejo religioso de Meizhou, las imágenes de Mazu ocupan espacios especialmente decorados.
Algunas representaciones muestran a la diosa con elaboradas coronas imperiales y vestimentas amarillas bordadas con dragones y otros símbolos tradicionales. Otras destacan por sus dimensiones monumentales y sus detalles escultóricos.
Frente a las imágenes se colocan frutas, flores, alimentos y distintos objetos ceremoniales.
Las ofrendas tienen significados asociados con la gratitud, la prosperidad, la salud y la protección familiar.
Los visitantes participan en prácticas que se han transmitido durante generaciones, mientras otros recorren el complejo para conocer su arquitectura y su historia.
Entre los elementos más llamativos destacan las grandes estructuras destinadas a quemar incienso, donde numerosas varillas permanecen encendidas y forman una nube aromática que envuelve los alrededores del templo.
El incienso constituye una de las expresiones más visibles de la religiosidad tradicional china. Su utilización simboliza respeto y devoción, y acompaña las plegarias dirigidas a las divinidades.

El rojo y el dorado: los colores de la devoción
En el templo predominan dos colores profundamente relacionados con la cultura china: el rojo y el dorado.
El rojo está asociado con la felicidad, la buena fortuna y la prosperidad, mientras que el dorado evoca riqueza, dignidad y solemnidad.
Ambos aparecen en las decoraciones, los faroles, las vestimentas ceremoniales y los recipientes utilizados para las ofrendas.
También llaman la atención las pequeñas velas colocadas en recipientes dorados, cuyas llamas permanecen encendidas como parte de las prácticas de devoción.
El ambiente combina el movimiento constante de los visitantes con momentos de silencio y recogimiento frente a los altares.
Para muchos creyentes, visitar Meizhou representa una experiencia espiritual especialmente significativa por tratarse del lugar asociado con el nacimiento de Mazu.

Una tradición reconocida por la UNESCO
La importancia cultural del culto a Mazu trasciende las fronteras de China.
En 2009, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribió las creencias y costumbres relacionadas con Mazu en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Este reconocimiento destaca el valor de las ceremonias, las tradiciones orales, los rituales y las celebraciones que han permitido conservar esta manifestación cultural durante siglos.
Las festividades dedicadas a Mazu reúnen a numerosos peregrinos y forman parte de los vínculos históricos entre las comunidades chinas de distintas regiones del mundo.
La tradición también refleja la importancia que ha tenido el mar en el desarrollo económico, social y cultural de Fujian, una provincia históricamente conectada con las rutas comerciales marítimas.

Una pequeña isla con una historia universal
Desde los alrededores del templo ancestral se observa el mar que durante siglos determinó la vida de las comunidades de esta región.
Los tejados curvos, las esculturas de piedra, los patios y los caminos que recorren el complejo conservan elementos característicos de la arquitectura religiosa del sur de China.
En sus espacios coinciden creyentes que llegan a presentar sus respetos, familias que mantienen costumbres heredadas y visitantes interesados en conocer una de las tradiciones espirituales más antiguas de la región.

La historia de Mazu es también la historia de las comunidades que encontraron en el mar una fuente de sustento, pero también un territorio de incertidumbre y peligro.
Para ellas, la figura de una protectora espiritual representó esperanza frente a las tormentas y los riesgos de la navegación.
Más de mil años después de su supuesto nacimiento, aquella joven de una pequeña isla de Fujian continúa siendo venerada mucho más allá de las costas donde comenzó su historia.
En Meizhou, entre el aroma del incienso y la luz de las velas, la tradición de Mazu sigue tan presente como el mar que dio origen a su leyenda.