Por Yurany Arciniegas Salamanca
El papa convierte a Gran Canaria y Tenerife en el escenario final de un mensaje global sobre dignidad humana, migración y responsabilidad internacional.
“La dignidad humana no tiene pasaporte y no pierde su valor al cruzar una frontera”
En un viaje cargado de simbolismo, León XIV eligió el puerto de Arguineguín, en el sur de Gran Canaria, para lanzar uno de los mensajes más contundentes de su pontificado. Ante migrantes, voluntarios, rescatistas, autoridades españolas y representantes de organizaciones humanitarias, advirtió que la historia juzgará a quienes permanezcan impasibles frente al sufrimiento humano.
“Dear migrants, before saying anything else to you, I want to bow before your dignity. You are not just numbers or files,” Pope Leo XIV said in a meeting with organizations working with migrants at the Port of Arguineguína in Las Palmas de Gran Canaria, Spain.
In his address the… pic.twitter.com/HQcw12quvl
— Vatican News (@VaticanNews) June 11, 2026
“La dignidad humana no tiene pasaporte y no pierde su valor al cruzar una frontera”, afirmó el pontífice durante un acto que giró en torno a la realidad de la ruta atlántica, considerada una de las más peligrosas del mundo.
“Antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Son personas con una historia, una familia y una esperanza”, señaló.
Arguineguín, del “muelle de la vergüenza” al “muelle de la esperanza”
La primera parada del papa en Canarias tuvo lugar en Arguineguín, enclave que durante la crisis migratoria de 2020 fue conocido internacionalmente como el “muelle de la vergüenza”, después de que miles de inmigrantes permanecieran hacinados durante semanas en instalaciones improvisadas.
“No podemos acostumbrarnos a contar muertos”
León XIV acudió al lugar acompañado por autoridades nacionales y autonómicas para participar en el encuentro “Entre las dos orillas”, concebido como un homenaje a quienes han perdido la vida en el mar y a quienes trabajan diariamente en labores de rescate y acogida.
Durante su intervención, el pontífice reclamó un “examen de conciencia” colectivo sobre la tragedia migratoria y lanzó una crítica directa a la pasividad internacional.
“No podemos acostumbrarnos a contar muertos”, afirmó. “Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”.
Al finalizar el acto, realizó una ofrenda floral en memoria de las víctimas de la migración marítima y bendijo una cruz elaborada con restos de una embarcación utilizada por migrantes en su travesía hacia las islas.
El mensaje cobra especial relevancia en un archipiélago que registró un récord de 46.843 llegadas irregulares en 2024. Tras la presión y los acuerdos entre la Unión Europea, España y los gobiernos de varios países de África Occidental, las llegadas se redujeron drásticamente, con poco más de 3.000 personas desembarcando en los primeros cinco meses de 2026.
El testimonio de quienes arriesgan la vida para llegar a Europa
Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue la escucha de testimonios de inmigrantes, trabajadores humanitarios y profesionales de Salvamento Marítimo.
El papa escuchó la historia de una mujer nigeriana víctima de trata de personas, que relató los abusos sufridos durante su recorrido hacia Europa y cómo fue obligada a prostituirse tras llegar al continente. También conoció la experiencia de una empresaria colombiana que llegó a Canarias en situación precaria y logró construir una nueva vida.
Igualmente intervino Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo, quien recordó que él y sus compañeros han rescatado a unas 20.000 personas en los últimos años. León XIV quiso responder personalmente a quienes compartieron sus historias y dirigió unas palabras especialmente significativas a los migrantes presentes.
Más allá de la dimensión humanitaria, el máximo representante de la iglesia católica planteó propuestas concretas para afrontar el fenómeno migratorio. León XIV reclamó la apertura de vías legales y seguras para la migración, una mayor cooperación internacional contra las redes de tráfico de personas y un refuerzo de los dispositivos de rescate marítimo.
Asimismo, sostuvo que la respuesta al fenómeno migratorio no puede limitarse al control fronterizo, sino que debe abordar las causas profundas que obligan a millones de personas a abandonar sus países.
Según expresó, la pobreza, los conflictos armados, la violencia, la corrupción y la falta de oportunidades continúan empujando a miles de personas hacia rutas extremadamente peligrosas.
“La dignidad humana exige rescate y asistencia, protección efectiva para las víctimas y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra”, afirmó.
Tras su visita a Arguineguín, León XIV se desplazó a Las Palmas de Gran Canaria para mantener un encuentro con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral en la Catedral de Santa Ana.
Durante la reunión insistió en que la acogida a los migrantes no puede quedar exclusivamente en manos de organizaciones humanitarias o voluntarios, sino que debe formar parte del compromiso permanente de la Iglesia.
Posteriormente, el pontífice presidió una multitudinaria misa en el Estadio de Gran Canaria, donde volvió a subrayar los conceptos de fraternidad, solidaridad y responsabilidad compartida entre pueblos y naciones.
Tenerife, última parada de la visita papal
La jornada final del viaje llevó al pontífice a Tenerife, donde desarrolló los últimos actos de una gira española marcada por los mensajes sociales y la defensa de los derechos humanos.
En la isla mantuvo encuentros con representantes de la comunidad católica, autoridades locales y grupos vinculados al trabajo social y pastoral. También reiteró la necesidad de construir sociedades más inclusivas y de combatir los discursos que deshumanizan a quienes migran.
León XIV aprovechó además para reconocer el papel que desempeñan las comunidades canarias en la acogida de personas llegadas desde África y destacó la labor de miles de voluntarios que trabajan en centros de atención, parroquias y organizaciones humanitarias.
Es en definitiva el cierre de una gira marcada por la defensa de la dignidad humana. La etapa canaria cierra una visita a España en la que León XIV combinó encuentros institucionales, celebraciones religiosas y mensajes de fuerte contenido social.
Sin embargo, fue en Canarias donde el pontífice dejó una de las imágenes más representativas de su pontificado: la de un papa escuchando a migrantes y rescatistas frente al Atlántico, en una de las principales puertas de entrada a Europa.
Desde el antiguo “muelle de la vergüenza”, convertido ahora para muchos en un símbolo de esperanza, León XIV lanzó un mensaje que resumió el sentido de toda su visita: que ninguna frontera, crisis o diferencia política puede justificar la pérdida de la dignidad humana.
“Que la historia no nos acuse de convertir el dolor de quienes sufren en una imagen habitual en nuestras costas. Tarde o temprano se sabrá si protegimos la vida o si nos rendimos a la indiferencia”.