Por Carlos Castillos (dpa)
Asunción, 9 jul (dpa) – El papa Francisco llegará el viernes a Paraguay en un momento histórico diferente al que encontró Juan Pablo II en 1988, cuando aún gobernaba el dictador Alfredo Stroessner, aunque algunos de los problemas de entonces siguen lejos de una solución.
El país sudamericano, de 6,5 millones de habitantes, de los que un 86 por ciento se declara católico, vive en democracia desde 1989, pero padece altos niveles de corrupción e índices de pobreza que afectan a 1,6 millones de personas, casi un millón de ellas en zonas rurales.
La relación de la Iglesia católica con el gobierno de Paraguay fue tumultuosa durante la dictadura (1954-1989), con ataques verbales y físicos contra sacerdotes y obispos, nacionales y extranjeros, que generaron reacciones críticas de algunos de ellos.
“La centralización unilateral del poder sin ser suficientemente controlada por la opinión pública siempre conlleva, en mayor o menor medida, el peligro de abuso, arbitrariedad e injusticia”, denunció en 1958 el entonces arzobispo de Asunción, Aníbal Mena Porta.
El clima se estabilizó entre 1989 y 2007, cuando el entonces obispo de San Pedro, Fernando Lugo, se lanzó a la política como líder de un amplio movimiento que lo llevó a la presidencia entre agosto de 2008 y junio de 2012, cuando destituido mediante un polémico juicio político en el Congreso.
Dos meses antes de asumir, Lugo fue dispensado por el Vaticano para ejercer la presidencia y se dispuso su retorno al estado laical, “con derecho a recibir los sacramentos como católico, pero con pérdida de su estado clerical”.
Con la llegada del presidente Horacio Cartes en 2013, las relaciones se encaminaron hacia un mejor clima, expresado en los últimos meses en efusivas declaraciones del mandatario a favor del visitante, “un mensajero de paz, amor y esperanza”.
“Su santidad es algo maravilloso. Todos los paraguayos y paraguayas abracémosle al papa y retribuyámosle con mucho amor”, repite Cartes en cada oportunidad que se le presenta.
A lo largo de la historia, ha sido evidente la incidencia eclesial en la política de Paraguay. Recientemente, el ex presidente del Senado Blas Llano, del opositor Partido Liberal Radical Auténtico, instó a los obispos a que encabecen un proceso de diálogo nacional.
La propuesta no fue aceptada, al menos por ahora, debido a que todos están ocupados en organizar la visita papal.
La expectativa en el país se enfoca hacia lo que dirá el papa frente a la desigualdad social, la falta de tierras, la expulsión de indígenas de territorios ancestrales y los abusos contra los marginados y los más desprotegidos.
Estos asuntos, junto con la corrupción generalizada, son grandes temas que afectan al Paraguay de hoy y que algunos devotos creen que Francisco ayudará a superar, aunque no se sabe de qué forma.
El arzobispo de Asunción y principal coordinador de la visita, Edmundo Valenzuela, estimó que Francisco “evidentemente dirá algunas palabras” sobre estos temas, aunque sin inmiscuirse en asuntos internos del país.
“Dirá palabras tan geniales que estaremos llamados a una solidaridad y una justicia a favor de cada ciudadano paraguayo que debe ser protegido, educado y desarrollado plenamente”, afirmó Valenzuela.
El jesuita Francisco de Paula Oliva, conocido como Pai Oliva, un español de 87 años que se radicó en Paraguay desde 1964 para ayudar a la organización de campesinos y trabajadores, advirtió: “El papa no viene a resolver en concreto como con una receta ningún problema”.
“(Francisco) viene con su visión de presente y futuro, inspirado en dios, a darnos el impulso necesario para que nosotros mismos lo hagamos”, añadió Oliva.
Por su parte, organizaciones sociales y partidos de izquierda denuncian el aprovechamiento político de la visita, anticipan que habrá protestas, y acusan a los organizadores, particularmente al gobierno de Cartes y al municipio de Asunción, de maquillar las cosas para que el papa no vea la realidad.
Desde la máxima jefatura de la Iglesia católica, que asumió en 2013, el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, que tomó el nombre de papa en honor a San Francisco de Asís, ha lanzado continuas críticas a las inequidades sociales y la corrupción.
