EEUU iza su bandera en Cuba: Más allá del simbolismo, ¿qué cambia?

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Por Beatriz Juez (dpa)

La Habana, 13 ago (dpa) – Es otra imagen para la historia: la bandera de Estados Unidos ondeará este viernes otra vez en una embajada norteamericana en Cuba, justo frente al emblemático Malecón de La Habana. ¿Pero qué cambiará de verdad entre ambos países tras la visita de John Kerry, el primer secretario de Estado norteamericano que viaja a Cuba en más de 70 años?

Es un momento de alto contenido simbólico, opinan expertos. “El simbolismo es poderoso, tras más de medio siglo de una relación tan antagónica que incluso casi desemboca en una Tercera Guerra Mundial”, comenta a la agencia dpa Juan Carlos Hidalgo, analista de políticas públicas sobre América Latina del Instituto Cato.

“Es un momento histórico para dar fin a una política obsoleta que tiene sus raíces en la ideología”, añade Carl Meacham, director del programa para las Américas del Centro de Estudios Estratégicos (CSIS, por sus siglas en inglés).

Estados Unidos y Cuba rompieron las relaciones en 1961, dos años después del triunfo de la revolución castrista y tras la expropiación de empresas norteamericanas en la isla.

A falta de relaciones diplomáticas directas, Cuba y Estados Unidos mantenían hasta el 20 de julio sendas Secciones de Intereses en sus capitales, que les permitían cumplir con servicios consulares y continuar las escasas relaciones bilaterales que mantenían hasta el acuerdo de diciembre, por ejemplo, en materia migratoria.

El personal de ambas Secciones de Intereses afrontaba restricciones de acción y desplazamiento por el territorio. Ahora, con el cambio de estatus los diplomáticos de ambos países tendrán más libertad de movimiento. Eso son algunos cambios reales que traerán consigo las banderas que será izada frente al Malecón, en La Habana, y la enseña cubana que ya ondea en la calle 16 de Washington.

Michael Shifter, presidente del “think tank” Diálogo Interamericano en Estados Unidos, cree que tener una embajada da “más visibilidad y más peso a la relación entre Estados Unidos y Cuba”.

Pero también la presencia estadounidense concreta en la isla podría verse reforzada, por ejemplo para los contactos con la proscrita disidencia cubana, apunta Hidalgo.

“Desde el punto de vista práctico, con una embajada los diplomáticos estadounidenses tiene más libertad de recorrer toda lo isla, lo que les facilicitaría tener un contacto directo con la oposición en todo el país”, explica Hidalgo a dpa.

Meacham, por su parte, considera que “tener una presencia física en Cuba abre las puertas a poder tener relaciones mucho más amplias en Cuba, tanto en lo comercial como en lo político, económico y derechos humanos”.

Tomás Bilbao, director ejecutivo del “think tank” Cuba Study Group, explica que tener embajada facilita el intercambio entre ambos pueblos. Bilbao llevó esta semana a Miami a cuatro chefs cubanos para hacer un intercambio con chefs de esa ciudad. La cocina también ayuda a derribar barreras.

“La posibilidad de gestionar este intercambio depende mucho del apoyo que nos puedan brindar en el proceso de visas y de coordinación y todo eso la embajada”, constata Bilbao.

En Estados Unidos, la oposición republicana, que tiene mayoría en Senado, amenaza con bloquear en esta Cámara la designación del futuro embajador en La Habana. La falta de confirmación, sin embargo, no tendría repercusión práctica en el funcionamiento del día a día de la embajada, según los expertos.

Mientras Estados Unidos no tenga un embajador oficial, ejercerá sus funciones Jeffrey DeLaurentis, encargado de negocios de la embajada de los Estados Unidos en La Habana.

El nombramiento de un embajador es “un cambio simbólico, no cambiaría mucho a nivel práctico”, dice Cynthia Arnson, directora del programa de América Latina del Wilson Center. Pero su presencia “facilitaría el proceso de negociación” sobre los puntos que todavía tienen que negociar: levantamiento del embargo, compensaciones por las expropiaciones y presencia de fugitivos de la Justicia estadounidense en Cuba, entre otros.

Los expertos también coinciden con los diplomáticos de ambos gobiernos en señalar que una cosa es la reanudación de relaciones bilaterales y otra la normalización de las relaciones. Y consideran que ésta no se producirá hasta que Estados Unidos levante el embargo, lo que está en manos del Congreso, dominado por los republicanos.

Hidalgo cree que “efectivamente, no puede haber normalización hasta que Estados Unidos cuente con una ley que impida a sus ciudadanos comerciar y viajar a otro país específico, más aún cuando este tipo de restricciones solo aplican a este país en particular”.

Cuba es el único país del mundo en el que los estadounidenses no pueden hacer turismo, a pesar de que la isla se encuentra a solo 90 millas de distancia de Florida.

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