Bogotá, 8 jul (dpa) – Cerca de 1.200 integrantes de una comunidad aborigen tuvieron que huir de sus casas para ponerse a salvo de combates que se registran desde hace varios días entre militares y guerrilleros en el departamento de Antioquia, en el noroeste de Colombia, informó hoy una organización indígena.
Según la Organización Indígena de Antioquia (OIA), los miembros de la comunidad Embera Eyabida abandonaron sus territorios, cerca del municipio de Urrao, para buscar ayuda en otras aldeas vecinas.
La OIA señaló que los nativos “buscan refugio en centros educativos rurales, huyendo del recrudecimiento del conflicto armado que ha generado confrontaciones entre el Ejército y los frentes cinco y 34 de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)”.
“Están ubicados en dos lugares, sin comida ni dónde dormir. Están a la intemperie. No pueden movilizarse, ni a cazar ni a buscar comida, porque el terreno está minado. Llevan dos días allí”, dijo a la prensa la presidenta de la OIA, Aida Suárez.
Las autoridades de Urrao, 290 kilómetros al noroeste de Bogotá, efectuaron un consejo extraordinario de seguridad para analizar la situación, según el diario “El Tiempo” de Bogotá.
El conflicto armado que afecta a Colombia desde hace cinco décadas recrudeció en mayo pasado, cuando las FARC levantaron un cese del fuego unilateral e indefinido que habían iniciado en diciembre de 2014 en medio del proceso de paz que cumplen con el gobierno desde 2012.
Desde entonces las FARC han atacado patrullas militares y policiales, así como la infraestructura eléctrica y petrolera, lo que ha derivado en serios daños ambientales por el derrame de crudo.
El Ejército reportó hoy que un militar que desapareció este martes en un ataque guerrillero en el departamento de Putumayo (sur) fue secuestrado por el frente 32 de las FARC.
El ataque contra militares que vigilaban instalaciones petroleras en esa zona del país dejó además un soldado muerto y dos heridos.
Las FARC anunciaron hoy en Cuba, sede del proceso de paz, que realizarán un nuevo alto el fuego a partir del 20 de julio, por un mes, gesto que fue valorado por el gobierno colombiano.