
Por Matthias Bossaller (dpa)
Berlín, 20 mar (dpa) – Más de 100 periodistas de todo el mundo se amontonan a un costado de la piscina, pero la nadadora siria Yusra Mardini no baja la intensidad durante su entrenamiento en un club de Berlín. Su sueño es formar parte del equipo de refugiados en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y aún debe trabajar para lograrlo.
“Esto es muy loco, pero también interesante”, reconoce con gesto incrédulo la deportista de 18 años mientras recibe una lluvia de flashes.
Como miles de compatriotas, Mardini llegó el año pasado a la capital alemana tras huir del drama sirio. Y encontró un refugio en el club berlinés Wasserfreunde Spandau 04.
La nadadora siria forma parte del grupo de 43 deportistas preseleccionados por el Comité Olímpico Internacional (COI) para integrar el Equipo Olímpico de Atletas Refugiados (Team Refugee Olympic Athletes) en Río. De ellos, sólo entre cinco y diez podrán viajar finalmente a Brasil, de acuerdo a una selección que se basará en una mezcla de rendimientos deportivos y situaciones personales de vida.
“Río es mi objetivo y para eso entreno muy duro”, asegura a los periodistas Mardini, con la mira en el gran evento del deporte, que se disputará entre el 5 y el 21 de agosto.
Si bien aún no tiene el cupo garantizado, la nadadora siria ya se imagina representando a los refugiados de todo el mundo durante la ceremonia de inauguración en el mítico estadio Maracaná. “Quiero que todos los refugiados se sientan orgullosos. Quiero motivarlos a que puedan cumplir sus sueños al igual que yo”, dice la atleta exhibiendo una gran confianza en sí misma.
Para hacer realidad su sueño, Mardini mantiene cada día una intensa rutina junto a su entrenador Sven Spannekrebs. “Desayuno todos los días a las siete de la mañana y luego voy a la escuela. En las horas de pausa entreno y después vuelvo a clase. Y después de la escuela vuelvo a entrenar”, describe la deportista su actividad diaria.
Mardini confía en lograr el cupo en los 200 metros libres. El tiempo de clasificación es de 2:03 minutos y su mejor marca en la distancia de 2:11.
Su entrenador no se preocupa por los ocho segundos que faltan. “Yusra ha mejorado fuertemente en los últimos cinco meses. Cada día sorprende con algo nuevo”, comenta Spannekrebs.
Debido a la guerra en Siria, Mardini no pudo entrenar durante dos años. Sin embargo, la natación forma parte de sus genes. Su padre dejó Siria antes que ella y su hermana para buscar trabajo como entrenador de natación en Jordania y enviar dinero a su familia.
Por estas cuestiones, el COI no toma sólo en cuenta los resultados deportivos a la hora de seleccionar al equipo de refugiados, que podrá participar en los Juegos de Río 2016 bajo las normas de cualquier otra delegación.
El equipo tendrá su propia recepción en la villa olímpica y se hospedará junto a las delegaciones de los 206 comités olímpicos nacionales. Además, los atletas recibirán uniformes del COI y marcharán en la ceremonia de inauguración antes del anfitrión Brasil y bajo la bandera olímpica.
“La idea es que puedan acercarse lo más posible a los tiempos clasificatorios”, comenta en Berlín el español Pere Miró, director del COI. Para el ente rector del olimpismo, los criterios de clasificación en estos casos son un poco más flexibles. Tan importante como los tiempos es contar con el estatus de refugiado certificado por Naciones Unidas.
Yusra Mardini arribó junto a su hermana Sarah el 4 de septiembre del año pasado a Berlín. Fue el fin de un largo y duro viaje que comenzó en Damasco y siguió por el Líbano, Turquía, Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría y Austria, con varios tramos recorridos a través de interminables caminatas.
Durante el cruce desde Turquía hasta la isla griega de Lesbos casi ocurre una de las tantas tragedias que afectan a los refugiados, pero la atleta lo evitó con un gesto heroico junto a su hermana.
Mientras navegaba amontonada junto a 20 personas en un pequeño bote, el motor se apagó y las olas comenzaron a sacudir la embarcación. El agua ingresó en el interior y las personas debieron tirar sus bolsos, pero aún así el barco empezó a hundirse. Yusra, su hermana y otra mujer se lanzaron entonces al agua y consiguieron remolcar la embarcación hasta la orilla.
“De las 20 personas, sólo tres sabíamos nadar. Hubiera sido una vergüenza que no hubiéramos ayudado”, describe la atleta la dramática situación. Tras unas horas, alcanzaron finalmente agotadas la orilla.
Tiempo después, Yusra cuenta con cierta distancia la historia, sin demasiados ánimos de volver a sumergirse en el drama que vivió. Mientras tanto, su familia está unida nuevamente: su padre, su madre y su hermana menor se encuentran ya juntos en Berlín.
Pero Yusra no puede evitar seguir extrañando a sus amigos en Siria. “Sería muy feliz si pudiera volver algún día”, cuenta la atleta. Aunque de momento, su concentración sólo apunta en una dirección: cumplir el sueño de participar en unos Juegos Olímpicos.