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Un salto que el argentino Chiaraviglio esperó por nueve años

ChiaraviglioPor Tomás Rudich (dpa)

Toronto, 21 jul (dpa) – Lo primero que hizo Germán Chiaraviglio después de caer sobre la colchoneta fue mirar, petrificado, la varilla. La barra se tambaleó unos instantes, pero finalmente se quedó en su lugar y permitió al saltador argentino poner fin a una larga espera.

“La toqué un poco y quedó moviéndose, pero por suerte quedó puesta. Hay que chequear antes de festejar, es así en el salto con garrocha”, resumió sonriente el argentino, con la medalla de plata que conquistó hoy en los Juegos Panamericanos de Toronto todavía colgada en el pecho.

Eterna promesa del atletismo argentino, Chiaraviglio vivió a sus 28 años tal vez la jornada más importante de su carrera. Su salto de 5,75 metros no sólo le dio su primera plata panamericana -había sido bronce en Río 2007-, sino que también le permitió romper su récord personal y argentino.

Casi nueve años debió esperar el zurdo garrochista nacido en la ciudad de Santa Fe para superar los 5,71 metros que había saltado el 19 de agosto de 2006 en el Mundial juvenil de Pekín. Entonces, el espigado atleta de 1,95 metros y ojos claros asomaba como una de las figuras nacientes del atletismo albiceleste.

Una serie de lesiones, sin embargo, frenaron su desarrollo y el argentino nunca pudo quebrar esa marca compitiendo entre los mayores. Dos operaciones en el tobillo izquierdo, en el que debió hacerse nueve perforaciones por una necrosis en el hueso, minaron su confianza y lo hicieron pensar en el retiro.

“Muchos años de no saltar alto te bajonean bastante. Saltaba 20 o 30 centímetros menos de lo que salté cuando era pendejo (un adolescente) y pensaba que tal vez no me daba para volver a ese nivel”, recordó el argentino, que no duda al enumerar los motivos por los que no bajó los brazos.

“Uno, soy un apasionado de lo que hago. Dos, soy bastante cabeza dura. Me cuesta no realizar algo que me planteo. Y tres, yo creo que hubiese sido mucho más duro decirle a mis nietos ‘yo lo podría haber intentado’. Me parece que en el futuro voy a tener la tranquilidad de decir que por lo menos lo intenté. Retirarme por ahí era la más fácil”, comentó Chiaraviglio.

El argentino, quien ya tiene el cupo asegurado a los Juegos Olímpicos de Río 2016, estuvo hoy a un paso del oro, pero el canadiense Shawnacy Barber, siete años más joven que él, se terminó llevando el triunfo con un salto decisivo de 5,80 que igualó el récord panamericano del cubano Lázaro Borges.

La reconstrucción de la confianza, no obstante, fue un trabajo largo para el argentino y su equipo, que incluye a un psicológo.

“Yo siempre pensé que físicamente las condiciones las tenía para saltar sobre 5,70, lo había hecho cuando tenía 19 años. El tema es que no sabía cómo, no sabía cuando, no le encontraba la forma. Entrenaba de un modo, del otro, pero tenía dolores, lesiones…”, explicó.

“Yo estaba saltando bien, pero faltaba a lo mejor un poco de velocidad al final. No porque me faltara velocidad físicamente, es porque yo estaba sin confianza. Y me parece que enfocar por ese lado fue un poco la clave”, analizó Chiaraviglio.

A base de un mayor trabajo de fuerza en las piernas, pero sobre todo, de una mayor confianza, el año pasado comenzaron a aflorar las buenas sensaciones. Pero los resultados no llegaron hasta el 2015, con buenos saltos en la Diamond League (5,60) de Doha y en el Sudamericano de Lima (5,65) antes de hacer el salto de su vida en Toronto.

Tras su plata panamericana, el argentino apuntará ahora al Mundial de Pekín, apenas el segundo que disputa a nivel de mayores después del de 2007 en Osaka. Y luego los Juegos de Río, donde vivirá también su segunda experiencia olímpica. A ambas citas llegará sin un gran peso sobre la espalda y con un deseo claro: “Que este envión dure un par de años más”.

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