El partido entre Cartaginés y Herediano no terminó con el pitazo final.
La polémica se trasladó fuera de la cancha… y dejó al descubierto un problema más profundo en el arbitraje costarricense.
Un juego que lo tuvo todo
El duelo en el estadio Rafael “Fello” Meza, con la cima del Clausura 2026 en juego, terminó con victoria florense 2-1.
Pero el foco se lo llevó el arbitraje.
Desde el entorno brumoso reclaman dos penales no sancionados y la anulación del gol del empate 2-2, en una jugada donde el asistente Carlos Fernández determinó que el balón salió antes del centro de Fernán Faerron.
Las imágenes de televisión muestran una acción ajustada.
Sin embargo, árbitros consultados por ElMundo.CR sostienen otra versión: el balón salió con claridad.
"Se juega con VAR para unos equipos y para otros no. No puede ser que esa última bola las revisen en 10 segundos ", Fernán Faerron salió molesto con el arbitraje. pic.twitter.com/XCTjGIiSYH
— Tigo Sports Costa Rica (@tigosports_cr) April 11, 2026
El límite del VAR
Ahí es donde aparece un punto clave.
Aunque el sistema VAR en Costa Rica tiene capacidad para operar con hasta 16 cámaras, en la práctica se utilizan entre ocho y diez por partido, aseguran los árbitros con los que este medio conversó.
Y ese detalle marca la diferencia.
“Apenas tenemos 9 o 10 tomas, y ninguna de ellas es proporcional a la línea de meta. Ante esta limitante, siempre va a imperar lo que decida el línea”, explicó una fuente arbitral.
Es decir, aunque la tecnología esté disponible, no siempre se utiliza al máximo de su capacidad.
En esta jugada específica, el VAR —a cargo de Jesús Montero y con Cristopher Ramírez— no llamó al central Adrián Chinchilla a revisar la acción en el monitor.
La otra cara del problema
Pero la situación no quedó solo en decisiones arbitrales.
Tras el partido, se reportó un hecho grave: al vehículo que transportaba a los árbitros le cortaron las llantas.
El incidente encendió las alarmas dentro del gremio.
“¿Qué tiene que pasar? ¿Que agredan a un árbitro?”, cuestionó una fuente, recordando además que días atrás un colegiado fue golpeado en un partido de Liasce.
Un gremio que responde
Ante este escenario, los árbitros activos han comenzado a acuerparse.
No solo por las críticas, sino por lo que consideran un ambiente cada vez más hostil.
Las declaraciones del alcalde de Cartago, Mario Redondo, y del presidente brumoso, Leonardo Vargas, avivaron el debate tras cuestionar duramente el trabajo arbitral y el uso del VAR.
Un problema estructural
El caso deja al descubierto una realidad incómoda.
El arbitraje en Costa Rica no solo enfrenta errores o interpretaciones discutibles.
También lidia con limitaciones técnicas… y un entorno de presión que, en algunos casos, ya roza la violencia.
Porque cuando la discusión pasa de la jugada al ataque directo,
el problema deja de ser una decisión.
Y se convierte en un tema de seguridad.