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Emitida en SAN PEDRO, el 29 de julio del 2025.
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Fútbol Nacional

La semana “cabrona” que Alajuelense convirtió en su trampolín

Rashir Parkins, Alajuelense.
Rashir Parkins, Alajuelense.

Alajuelense sabía que venía una semana cabrona.

Así, sin necesidad de buscarle una palabra más elegante. A lo interno entendían perfectamente lo que estaba en juego y lo que podía provocar salir bien o mal de dos visitas que aparecían marcadas en rojo en el calendario.

Managua y Santa Bárbara.

Diriangén y Herediano.

Copa Centroamericana y campeonato nacional.

Dos partidos, dos canchas complejas, dos rivales incómodos y una Liga que necesitaba algo más que ganar. Necesitaba empezar a convencer.

En ElMundo.CR acompañamos al tricampeón centroamericano durante esa semana que podía convertirse en un trampolín o terminar de alimentar las dudas que rodeaban el comienzo de la era de Ismael Rescalvo.

Porque Alajuelense venía ganando, sí.

Pero no terminaba de gustar.

Ganaba, pero había preguntas

Los resultados podían defender al nuevo proceso, aunque el funcionamiento todavía dejaba espacio suficiente para los cuestionamientos.

La Liga había mostrado primeros tiempos flojos. Le había costado encontrar soluciones cuando el rival se encerraba. Contra Escorpiones necesitó llegar hasta el tiempo de reposición para que un tiro libre de Juan Pablo Añor y un cabezazo de Alexis Gamboa desenredaran un partido que parecía escaparse.

Había puntos.

Había victorias.

Pero también había dudas.

Y entonces apareció en el calendario una semana que no ofrecía demasiado espacio para equivocarse.

Primero había que tomar un avión hacia Nicaragua.

Managua era mucho más que un partido

El martes, Alajuelense llegó al Estadio Nacional de Managua para enfrentar al Diriangén.

Quien vea únicamente el resultado puede quedarse con una lectura demasiado sencilla.

La Liga ganó y punto.

Pero había bastante más alrededor.

Diriangén venía de golear en su estreno y tenía la posibilidad de hacerse fuerte en casa. Además estaba aquella cancha sintética desgastada, incómoda y difícil de interpretar.

Washington Ortega lo había advertido desde la víspera. No quiso utilizarla como excusa porque la superficie era la misma para los dos, pero reconoció que no estaba en buenas condiciones.

Y había otro factor todavía más importante.

La Copa Centroamericana castiga los errores.

Una mala noche puede poner en peligro una fase de grupos muy corta. Herediano y Saprissa conocen bien lo costoso que puede resultar dejar puntos en el camino en este torneo.

Alajuelense, en cambio, conoce la otra cara de la moneda.

Es el tricampeón de Centroamérica y ha aprendido a jugar esta competición.

Diriangén golpeó primero.

En otros momentos recientes de la Liga, aquel gol tempranero quizás habría abierto una discusión sobre la capacidad del equipo para reaccionar.

Esta vez no ocurrió.

Alajuelense empató, remontó y terminó ganando.

Salió de Managua fortalecido.

Pero solamente había completado la mitad del trabajo.

Faltaba Herediano

La segunda parada tenía características completamente diferentes.

El Carlos Alvarado.

Herediano.

Un rival necesitado y, precisamente por eso, peligroso.

Los florenses venían acumulando problemas con los resultados y necesitaban una victoria que cambiara el ambiente. José Giacone estaba bajo presión y Herediano sabía que derrotar a Alajuelense podía convertirse en el remedio perfecto.

Para la Liga también había muchísimo en juego.

Una victoria en Nicaragua podía considerarse un gran resultado internacional.

Pero ganar en Managua y después tropezar contra Herediano habría dejado la semana incompleta.

Alajuelense necesitaba confirmar.

Y confirmó.

Esta vez no hubo sufrimiento

La imagen de la Liga en Santa Bárbara fue muy diferente a la que había dejado en algunos momentos anteriores del semestre.

Alajuelense llegó entero.

No sufrió el partido.

No necesitó un gol agónico.

No tuvo que esperar hasta el minuto 90 para encontrar respuestas.

Se plantó con autoridad ante el campeón nacional y terminó goleándolo 0-3.

Incluso, el marcador pudo ser más amplio.

Herediano fue incapaz de llevar a Alajuelense hacia ese terreno de incertidumbre que tantas veces convierte sus partidos en duelos emocionales.

La Liga controló.

Golpeó.

Y cuando tuvo al rival herido, no permitió que se levantara.

El propio Giacone terminó reconociéndolo después del partido.

“Nos costó mucho el partido. Tuvimos posibilidades, fuimos superados y hay que asumir esa situación”.

Menos de 24 horas después, dejó de ser entrenador de Herediano.

De trampolín o caos

Ahí está precisamente el valor de los últimos siete días para Alajuelense.

A lo interno sabían lo que podía ocurrir.

Era una semana de inflexión.

Si el equipo regresaba golpeado de Managua y después perdía contra Herediano, las preguntas alrededor de Rescalvo iban a multiplicarse.

¿Por qué la Liga no juega bien?

¿Por qué le cuestan tanto los primeros tiempos?

¿Por qué necesita resolver partidos sobre el final?

¿Realmente está creciendo?

Todo estaba preparado para que una mala semana convirtiera las dudas en ruido.

Pero ocurrió exactamente lo contrario.

Alajuelense ganó en Managua un partido que exigía saber competir y después llegó a Santa Bárbara para firmar posiblemente su actuación más convincente desde que Rescalvo asumió el equipo.

Pasó de tener que explicar cómo estaba ganando a empezar a mostrar cómo pretende jugar.

Eso no significa que todos los problemas desaparecieron.

Tampoco que dos partidos garanticen lo que sucederá durante el resto del semestre.

Alajuelense apenas está comenzando el camino y todavía tiene mucho que demostrar.

Pero hay semanas que pesan más que otras.

Esta era una de ellas.

El tricampeón centroamericano tomó un avión hacia Managua sabiendo que siete días podían convertirse en un trampolín o en un caos.

Volvió de Nicaragua con una victoria, goleó después al campeón nacional en su propia casa y terminó la semana mucho más fuerte de como la comenzó.

La semana era cabrona.

Alajuelense la hizo suya.

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