Por Rodolfo Chisleanschi
Antofagasta (Chile), 10 jun (dpa) – “Mire esos cerros de ahí detrás, sin un árbol, marrones de arriba a abajo, ¡en nuestra isla los cerros son verdes!”, exclama Earl Bailey, portavoz de la delegación de Jamaica, señalando los montes que se elevan detrás de la ciudad. Bailey lleva ya varios días en Antofagasta, pero aún no sale de su asombro.
Si ya de por sí la presencia de la selección caribeña aporta la nota exótica en la Copa América de Chile, el destino la llevó además a la capital del norte del país, puerta del desierto de Atacama, el más árido del planeta, por lo que el paisaje del entorno no puede contrastar más con el de la profusa vegetación de la isla.
“Aunque le aseguro que el clima no representa un problema, porque es seco pero nada caluroso, y nos resulta agradable. Estamos muy bien aquí”, subraya Garfield Fuller, jefe de la expedición de los “Reggae Boyz”.
Con varios prejuicios sobre sus espaldas, Jamaica fue el primer equipo en llegar a Chile y basta con acercarse a su hotel de concentración, en el centro de la ciudad y a orillas del mar, para darse cuenta que se respira tranquilidad y buenas sensaciones. “Es cierto que nos sentimos bien, pero no podemos negar que todo nos resulta un poco raro. Es la primera vez que venimos a América del Sur”, se sincera André Waugh, preparador físico en el cuerpo técnico que comanda el alemán Winfried Schäfer.
Como responsable de la puesta a punto del equipo, Waugh no se queja del clima seco del norte chileno: “Eso no nos genera ningún problema en la preparación”, asegura Waugh. Sus inconvenientes, en realidad, son otros bien distintos: “Hay muchas diferencias dentro del plantel. El grupo de los futbolistas que juegan en Inglaterra vienen de 8-10 meses de una larga temporada, los que están en Estados Unidos todavía están en competición, y los tres de la Liga jamaicana terminaron hace ya un tiempo. No es fácil equiparar los ritmos, pero lo estamos intentando para acercarnos al ideal”.
La imagen de los jugadores jamaicanos se aleja de cualquier tópico que pueda existir sobre ellos. No hay rastas en la cabellera, no se mueven a ritmo de reggae ni nada que los diferencie de otro equipo de fútbol profesional. Incluso la alimentación, con abundancia de frutas y con bacalao como único pedido fuera de la carta que se consume habitualmente en la zona, no difiere en nada a la de sus rivales en la Copa.
Pero a pesar de esta “normalidad”, la presencia de los jugadores jamaicanos no pasa inadvertida en la ciudad, más allá de que en la región están acostumbrados a los extranjeros: unos 20.000 colombianos, 15.000 peruanos y hasta 10.000 bolivianos viven en Antofagasta. Los futbolistas caribeños ya visitaron un par de veces el gigantesco mall ubicado frente a su hotel, y fue suficiente para motivar el pedido de fotos y autógrafos: “La gente es realmente muy amable, nos recibieron con mucho cariño”, resume Bailey.
Y si bien nadie cuenta con Jamaica en las apuestas previas, Fuller se ocupa de dar una alerta: “No vinimos de vacaciones. Pensamos en que es posible pasar la primera fase y queremos clasificar. Para nuestro jugadores, la Copa América es un mini-Mundial y la motivación es altísima”. Como muestra, los jamaicanos derrotaron 2-0 al Cobreloa, equipo que acaba de descender a la Segunda división de Chile, en su último partido de preparación antes del debut.
“Somos veloces y fuertes, lo llevamos en la genética”, afirma Waugh, en tanto el español Carlos Aitor García, responsable del análisis de videos agrega: “Técnicamente somos mejores de lo que la gente cree; llevo un par de años trabajando en la isla y me sorprendió el nivel general. Nos falta táctica, pero eso lo aporta Schäfer, es lo bueno de tener un entrenador alemán”.
El sábado a las 16:00 (hora chilena) en el Estadio Regional Calvo y Bascuñán de Antofagasta, Jamaica jugará su primer encuentro frente a Uruguay. Será su presentación en público y la ocasión para acabar de desterrar los prejuicios que todavía sobrevuelan el día a día de los “Reggae Boyz”.
