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Alemania, recuerdos de una noche mágica en Roma

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Rudi Völler, Andreas Brehme, Lothar Matthäus y Pierre Littbarski celebran la victoria de Alemania. Crédito: Herbert Rudel / dpa

Por Arne Richter (dpa)

BERLÍN (dpa) – En el punto culminante de la noche mágica de Roma, Franz Beckenbauer cruzó el césped del Estadio Olímpico. Solo, con las manos en los bolsillos. Sus pensamientos parecían muy lejanos. Esa imagen del “Kaiser”, meditando bajo la luz de la luna, quedó instalada en la memoria del fútbol alemán. El legendario jugador había llevado a Alemania ese 8 de julio de 1990 a convertirse en campeona del mundo por tercera vez.

El entrenador parecía ignorar en el ya oscuro estadio la felicidad de sus jugadores, desde el capitán, Lothar Matthäus, hasta el autor del definitivo 1-0 sobre Argentina, Andreas Brehme, y de sus hinchas, que celebraban que Alemania -poco antes de la reunificación- había ganado su tercer Mundial después del milagro de Berna en 1954 y el triunfo en casa en 1974.

Esos momentos únicos y otros tantos recuerdos se revivirán en el lago de Caldaro, donde se festejará el 25 aniversario del logro. “Los esperamos a todos en el Tirol del Sur, donde se llevó a cabo el campamento de entrenamiento antes del Mundial y donde nos reuniremos de nuevo con los jugadores, los entrenadores y la delegación”, afirmó el presidente de la federación alemana, Wolfgang Niersbach.

Habrá, al menos, 17 de los 22 futbolistas que formaron parte de la plantilla. “Una clara muestra de la verdaderamente fantástica cohesión de ese equipo”, dijo Beckenbauer.

En los campos de golf, en las canchas de tenis y en las bodegas, los ex futbolistas recordarán aquel “Verano italiano”, tal como cantaban Edoardo Bennato y Gianna Nannini en el himno de la Copa del Mundo. Un verano que brilló por completo con el negro, rojo y oro y que llevó a Beckenbauer a emitir un juicio equivocado. “Ahora nosotros somos los número uno del mundo. No vamos a ser vencidos durante años. Lo siento por el resto del mundo”, se jactó el entonces entrenador.

Pero debieron pasar 24 años para que el fútbol alemán viviera otra jornada de gloria. Fue en Río de Janeiro, en 2014. El título de 1990 fue seguido por la peor década alemana en las Copas del Mundo. Dos veces consecutivas, en 1994 y 1998, Alemania quedó eliminada en los cuartos de final, algo que no había pasado ni pasó después en sus 18 participaciones mundialistas.

Pero no había ninguna razón para el pesimismo en aquella noche romana. El canciller Helmut Kohl dio una muestra de ello con una foto en el vestuario, aunque todavía no había selfies al estilo de Angela Merkel. Alemania había ganado la Copa del Mundo de manera convincente, a pesar de que la victoria por 1-0 sobre Argentina en la final con un agónico penal de Brehme había sido uno de sus peores encuentros.

Aun hoy, Matthäus debe justificarse por no haber pateado aquel penal. Según argumenta el jugador que más veces vistió la camiseta alemana, no lo ejecutó por problemas con su calzado y asegura que su renuncia a rematar fue una “decisión inteligente y sabia”.

Tiempo después, Brehme describió la jugada más importante de su carrera: “Rudi Völler se me acercó y me dijo: ‘Vas, lo metes y somos campeones del mundo’. ‘Bueno, muchas gracias’, le contesté. ‘Me lo tomaré muy a pecho'”. Brehme tomó la responsabilidad y colocó la pelota pegada al palo derecho del arquero argentino Sergio Goycochea, un experto en esas situaciones.

El arranque del torneo había sido furioso, con un contundente 4-1 sobre la inesperada favorita Yugoslavia, con un gol soñado de Matthäus tras una jugada personal. Le siguió un 5-1 sobre los Emiratos Árabes Unidos y, con el primer lugar garantizado, se cerró la fase de grupos con un práctico 1-1 con Colombia.

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Roma. año 1990. De izquierda a derecha: Holger Osieck, Franz Beckenbauer, Klaus Augenthaler, Stefan Reuter, Jürgen Klinsmann, Frank Mill y Karl-Heinz Riedl. Crédito: Frank Kleefeldt / dpa

Como ganador de grupo pudo permanecer en Milán, donde se llevaron a cabo los legendarios octavos de final ante Holanda, con el escupitajo de Frank Rijkaard a Rudi Völler y la eliminación de los naranjas.

Alemania no entró en las provocaciones de los holandeses e, impulsada por un enérgico Jürgen Klinsmann, se impuso por 2-1. Luego llegó un difícil triunfo por 1-0 sobre Checoslovaquia en los cuartos de final, con un penal convertido por Matthäus. En ese momento, el furioso golpe de Beckenbauer a un cajón con botellas de agua se convirtió en una de las anécdotas más populares de la Copa del Mundo.

En las semifinales, el mito de la falta de capacidad de los ingleses para la tanda de penales quedó comprobado, después de que cuatro ejecutantes alemanes convirtieran sus remates. Inolvidables resultaron las lágrimas de Paul Gascoigne. Después, en la final, el llanto fue del gran Diego Maradona. Su marcador esa noche, Guido Buchwald, nunca más fue subestimado.

No es fácil de olvidar lo cerca que había estado Alemania de no clasificarse para el soñado “verano italiano”. En una tarde fría y sombría de noviembre, Thomas Hässler anotó el necesario segundo gol del triunfo 2-1 sobre Gales. De lo contrario, toda la gloria para el “Kaiser” poco antes de la caída del muro hubiese sido echada por la borda.

Beckenbauer tuvo una enorme participación en el triunfo, aseguran los protagonistas en el 25 aniversario. “Nosotros, los jugadores, creíamos todo lo que decía Franz. Hay que alabarlo por eso”, aseguró Matthäus a la revista “Kicker”.

En contraste con el estado de ánimo del Mundial de México 1986, Beckenbauer creó un ambiente perfecto en las habitaciones del equipo en el hotel Castello di Casiglio en Erba, así como anteriormente lo había hecho en el campo de entrenamiento de Caldaro.

Recordar los títulos de héroes de antaño hace bien. A diferencia de Völler o Klinsmann, muchas carreras futbolísticas de aquella generación de oro terminaron en tierra de nadie: el autor del gol del triunfo, Brehme, como su compañero Klaus Augenthaler finalizaron sus trayectorias como entrenadores en el pequeño Unterhaching.

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