Alajuelense ha cometido un error grave en los últimos cuatro años: confiar la dirección del equipo a profesionales del fútbol con poco recorrido previo en equipos grandes. Han contado con buenas plantillas, pero con técnicos que no tenían el bagaje necesario para tomar las mejores decisiones en momentos críticos, cuando el equipo enfrenta situaciones donde verdaderamente importa, donde se puede ganar o perder un juego.
Con la llegada de Alexandre Guimaraes, el cuadro alajuelense ha mostrado un rendimiento admirable. De marzo hasta este sábado 21 de septiembre, el equipo del brasileño-costarricense solo ha perdido un partido. Sin embargo, ese único juego perdido tiene todas las características de una pesadilla para los manudos, algo a lo que le tienen fobia.
La Liga, con Guima, perdió únicamente en el estadio Ricardo Saprissa, en el juego de ida de la final del Clausura 2024. Fueron goleados 3-0, no lograron llegar al marco y el rival levantó la copa. Lamentable.
Este segundo semestre, Alajuelense lidera todas las competiciones y sigue invicto. Pero el mismo equipo rojinegro ya sabe que ser invicto no garantiza tener el título asegurado. En la casa eriza, todos son conscientes de que el camino se recorre paso a paso, partido a partido. Las cosas van bien por ahora, pero los pasos más importantes y los que no pueden fallar son los de diciembre, en las series de ida y vuelta.
Es allí donde se gana o se pierde todo.
Alajuelense debe esperar a que el técnico y sus jugadores consigan lo que todo el liguismo anhela: el campeonato 31.
Es demasiado pronto para entrar en el juego de las renovaciones cuando el campeonato apenas está comenzando su segunda vuelta. Nadie ha ganado nada aún como para pensar en una renovación.
Este es un artículo de opinión.